CRÓNICAS
DE UN MÉDICO RURAL.
ACTAS
DE DEFUNCIÓN MUY ORIGINALES.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
Al
revisar las actas de defunción, encontré algunas con diagnósticos muy
singulares por lo disparatado, los cuales, sin embargo y paradójicamente,
proporcionaban una gran información. Por
ejemplo: “Le cayó el rancho encima”,
“comió yuca amarga”, “se mató por amor”, “etc.
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Al
iniciar las consultas médicas en Las Mercedes del Llano, decidí llevar un
registro estadístico sobre morbimortalidad, el cual recogí en el libro “Las
Mercedes del Llano, perfil clínico de un pueblo en desarrollo”.
Conté
con la colaboración de mucha gente buena.
El prefecto, señor Adelis Ramirez, persona muy
amable y culta, lector y escritor, me ayudó en la revisión de las actas de
defunción, las cuales se anotaban desde 1939.
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Desde
1939 hasta mediados de la década de los cuarenta, la edad media de
fallecimiento no pasaba de los cuarenta años. Las infecciones y parasitosis
eran la primera causa de muerte hasta
finales de los años cincuenta. A partir de 1960, la primera causa de muerte
está en las enfermedades cardiovasculares. Los antibióticos cumplieron su
importante papel, y las llamadas enfermedades de la civilización irrumpieron en
los pueblos de Venezuela.
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Desde
1939 hasta 1944, debido a que las causas de la muerte no eran constatadas por
un médico, en las actas de defunción se escribían las frases "mal
definida", “corazón”, “hígado y bazo”.
A
partir de 1946, las causas de muerte parecen ser verificadas por un
facultativo: tétano, tuberculosis, paludismo, neumonía, infarto, cáncer, etc.
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En
unas actas estaba la palabra “colerín”. Pensé que era un síndrome diarreico,
parecido al cólera; no obstante, unos ancianos me explicaron que se trataba de
“una tripa torcida” (obstrucción intestinal), diagnosticada cuando había vómitos con heces, y solían
tratarla con bolitas de plomo "para corregir el obstáculo
intestinal". El peso del metal “desataba el nudo”, supuestamente. El plomo
actuaba como la espada de Alejandro Magno sobre el nudo gordiano.
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Muy
curiosas resultan las actas de defunción
con diagnósticos muy singulares por lo disparatado, los cuales, sin
embargo y paradójicamente, proporcionaban una gran información. Por ejemplo: “Le cayó el rancho encima”, “comió yuca amarga”,
“se comió varias semillas de tártago
porque era estítico y le dio un diarreón”,
“lo picó una culebra”, “se colgó de un árbol”, “se dio un plomazo el día
de su boda”, “se mató por amor”, “etc.
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García Márquez escribió: “Siempre había entendido que morirse de amor no era más
que una licencia poética”. “Lo único que me duele de morir es que no sea de
amor”.
Argenis
Rodríguez decía: “El amor es la muerte”. “Me gusta el suicidio que emana de una decisión”.
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