CRÓNICAS
DE UN MÉDICO RURAL.
SINESTESIA.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
La
sinestesia no es una enfermedad; no obstante, los pacientes suelen abordar el
asunto como si fuera un problema. La
sinestesia ha sido diagnosticada hasta en el 1 % de las personas en todo el
mundo. Yo mismo “padezco” de esta condición.
1
Desde
mi más tierna infancia percibo que los días tienen diferentes colores y
tamaños. Por mucho tiempo pensé que era algo no muy normal; sin embargo, luego
supe que se trataba de una condición denominada sinestesia, especie de
variación inocua de la percepción, la cual se encuentra en una de cada cien
personas. Aunque otros afirman que es una de entre dos mil individuos.
Para
mí los días son unas franjas: el lunes, delgado y amarillo; el martes es rojo;
el miércoles es blanco; el jueves es rojo, pero más oscuro que el martes; el
viernes es también rojo, pero más claro que los días anteriores de ese mismo
color; el sábado es blanco, pero más claro y largo que el miércoles; y el
domingo es rojo, pero pequeño y con forma de batería gruesa de linterna.
2
La
sinestesia, como concepto de la biología, es la captación de una misma
sensación a través de distintos sentidos. Etimológicamente, la palabra proviene
del griego y se compone de los vocablos (sin-), que significa “junto”, y
(aísthesis), que quiere decir “sensación”. Pero desde el punto de vista de la
literatura, es una figura retórica en la cual se le atribuye a un objeto,
carente de los cinco sentidos, una sensación: “días amargos”, “minutos
dolorosos”.
3
Una
persona sinestésica puede oír colores, ver sonidos y percibir sensaciones
gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es una asociación
del objeto con uno de los sentidos, es que la persona lo percibe así; su
cerebro actúa de esa manera.
4
En
la novela “Como agua para chocolate” (1989), de la escritora mexicana Laura
Esquivel, se habla de los exquisitos
sabores de la gastronomía azteca y de las irresistibles emanaciones provenientes de
las pasiones amorosas. Las sensaciones olfativas o gustativas reaparecen en el
recuerdo y trasladan a los personajes a otros tiempos y lugares placenteros.
5
La
sinestesia se establece desde el desarrollo del embrión, cuando pueden cruzarse
nervios y centros cerebrales que procesan la información de las sensaciones.
6
He detectado familias donde casi todos sus miembros
son sinestésicos, empezando por la madre, lo que corrobora la tesis de que se
trata de un rasgo dominante ligado al cromosoma X.
7
Para
la paciente N el año tiene forma elíptica, en cuya orbita se ubican los años.
Los días tienen colores y tamaños. Para una hija los días tienen sus respectivos
colores. Para
otra hija cada día tiene un color, algunos números y meses también, y asocia
sensaciones gustativas al tocar alguna textura. Para
una tercera hija los
días, los meses y las personas tienen colores. Ahora esa sensación la
experimenta sólo con las personas y los números, especialmente los múltiplos de
tres que son de colores cálidos.
8
Una
paciente contó que asocia los colores a
las personas, los días, las canciones, los sabores, los lugares, las palabras y
las emociones.
9
Un
joven relató que cuando trató de beber
en un tazón metálico tuvo una evocación de la infancia, y se encontró en la
casa de su abuela tomando refresco en un vaso de aluminio. Eso
se llama “fenómeno de la magdalena de Proust”, llamado así por el famoso
novelista francés (1871-1922), autor de “En busca del tiempo perdido”.
Uno
de los personajes de la primera de las siete novelas de Proust, “Por el camino
de Swan”, está triste y moja una magdalena o galleta en té, e inmediatamente se
traslada mentalmente a Combray, un pueblito de Francia donde pasaba sus
vacaciones en su infancia.
Después
de Proust, muchos escritores, científicos y alguna gente común tuvo en cuenta
el fenómeno de la asociación de ciertas manifestaciones de los sentidos con el
pasado. Los primeros para usarlo en sus descripciones y jugar con los flujos de
la conciencia; los segundos para investigar cómo y por qué de la aparición de
esas asociaciones en el cerebro; y los últimos porque entendieron que esas
cosas también pasaban con ellos y supieron que de alguna manera eran
sinestésicos.
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