ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.
UNERG.2010

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

lunes, 24 de agosto de 2026

14. DON NERIO, EL BOTICARIO DEL PUEBLO

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

DON NERIO, EL BOTICARIO DEL PUEBLO.

 

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

Don Nerio regentaba la farmacia del pueblo, que como establecimiento para vender remedios era más parecida a una botica de la época colonial: allí convivían el arte médico moderno con el antiguo.

2

El establecimiento tenía vitrinas de madera oscura, pulidas por años de manos y de miradas, con pequeños cristales que habían perdido su transparencia original. Detrás de ellos descansaban cajas de medicamentos, frascos de vidrio, pomadas, jarabes y polvos de nombres impronunciables. Todo parecía pertenecer a una época en la que los médicos todavía recetaban con una pluma y los farmacéuticos preparaban las medicinas detrás de un mostrador.

 

Sobre una de las paredes, en letras cuidadosamente pintadas, podía leerse una inscripción que don Nerio consideraba una de las grandes verdades de la existencia:

 

“Las cosas buenas de la vida o son pecados o engordan”.

 

En el borde superior de las paredes estaba una colección de hierros de herrar animales en finos recuadros de madera barnizada, pertenecientes a los ganaderos de la población. Los había de todos los tipos y diseños. El más sencillo era uno con   el número “17” en el centro.

 

3

En una vitrina especial conservaba una colección que despertaba la curiosidad de cuantos entraban en la farmacia. Había una balanza antigua, tubos de ensayo, retortas de cuello largo, un tarrito de la “Pomada Marchena” y pequeños frascos con etiquetas amarillentas. En esa vitrina, el tiempo se había transformado en espacio.

 

En un rincón reposaba, como una reliquia sagrada, un frasco tan antiguo con una sustancia que parecía haber sido fabricada por el propio Hoffmann, el primero en sintetizar el ácido acetilsalicílico.

 

—Es aspirina en polvo—decía don Nerio.

 

En otro recipiente se veían unas virutas grises.

—Son limaduras de hierro que usaba Marchena para curar la anemia.

 

Marchena era un personaje casi legendario que abrió una farmacia en el pueblo y se ocupaba también de los asuntos políticos, la lucha social, la historia y la literatura.

4

Don Nerio examinaba a los clientes con mucha autoridad mientras se ajustaba los lentes.  Miraba la lengua, preguntaba dónde dolía, desde cuándo, si había fiebre, si el paciente había comido y hasta si había tenido problemas con la suegra, peleado con un hermano, ofendido a sus padres, etc.

Aquello parecía un interrogatorio de los tiempos de la medicina mágico-religiosa, cuando se pensaba que las enfermedades provenían de un castigo divino por algún delito o pecado.

En realidad, todo era parte de su sentido del humor

5

Don Nerio conocía una gran cantidad de medicamentos que parecía superar incluso los conocimientos del propio Dioscórides, aquel ilustre médico y botánico de la Antigüedad, padre de la farmacología.

Había aprendido los nombres de los medicamentos de memoria, pero no solamente los nombres. Sabía para qué servían, contra qué enfermedades se utilizaban, qué efectos producían y cuáles eran las combinaciones que, según él, podían convertir una simple indigestión en una tragedia griega.

6

Era un hombre amable, atento y conversador. Pero detrás de aquella cortesía había una lengua aguda y una picardía que convertían cada visita a la farmacia en una pequeña representación teatral cómica.

Una vez le dijo a un hombre que le dolía la garganta, luego de apuntarle con una enorme linterna  y haberle introducido la espátula:

—Tienes allí un pelo sospechoso.

7

Apenas me instalé en el pueblo, me visitó y me preguntó:

—Malaspina, ¿vas a atender consultas en la noche?

—Sí —le contesté.

—Entonces necesitas tener un botiquín de medicamentos inyectables.

 

Me entregó un listado de remedios solicitados en sus guardias nocturnas.

 

Luego me dijo:

—Seguramente vas a practicar medicina social. Entonces debes saber que un mismo medicamento tiene varios nombres con el mismo efecto farmacológico, pero con diferentes precios. Por ejemplo, el diclofenaco sódico es el mismo campal, difenac, udox, voltaren, flogaren, flotac, viavox, votaxil, disoden, etc. Todos son buenos, pero unos son más caros que otros. Todos son la misma vaina, pero unos los hace para los ricos y otros para los pobres…

 

 

8

Todas las semanas visitaba a don Nerio para renovar el botiquín e informarme de las novedades farmacéuticas. En una ocasión, don Nerio atendía a un hombre que le había entregado una receta con muchos medicamentos.

Me dijo: Debes esperar, esto va pa largo.

 

Colocaba sobre el mostrador el remedio, tachaba en la receta e iba por otro remedio. En una ocasión le dijo al cliente:

—Aquí no vendemos cocuy de penca. Eso lo consigue en una licorería.

 

Cuando el hombre salió con tres bolsas de medicamentos, me dijo:

 

—Era la receta de un brujo. Le mandó un montón de remedios para ver si pega uno.

 

Se quedó un rato pensando y luego agrego:

 

—¡Si se toma todo ese verguero, se muere pal coño!

 

 

 

No hay comentarios: