CRÓNICAS DE UN
MÉDICO RURAL
ORINOTERAPIA
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Pasaba de tiempo en tiempo por el consultorio para hablar de remedios.
Tenía sesenta y cinco años. Era delgado y de mediana estatura. Vendía productos
botánicos de puerta en puerta. Su mercancía la cargaba en un maletín marrón de
cuero desvaído. Era fanático de la medicina naturista o alternativa.
Vendía también velas multicolores para “iluminar santos y difuntos”. Así
las publicitaba.
2
Tenía un huerto de plantas medicinales en el patio de su casa.
Organizaba veladas con personas previamente invitadas para degustar tés y
hablar de filosofía, según él mismo decía. En realidad, esas tertulias versaban
sobre religión, supersticiones y espiritismo.
3
Un día le pregunté:
—¿Por qué tus velas son policromícas?
—Porque recojo la materia prima de las velas derretidas en el
cementerio. Allí las velas son de todos los colores, y cuando mezclo esa masa
para hacer las mías, obtengo un producto variopinto.
4
Una vez me preguntó:
—¿Sabe usted por qué a mi edad conservo una buena salud?
—Dígame, por favor.
—Todos los días al levantarme me bebo un vaso de mi propia orina.
5
Pasaron algunas semanas sin que me visitara el yerbatero. Les pregunté a
sus vecinos. Me dijeron que nuestro amigo naturista enfermó de repente. Sus
familiares se lo llevaron del pueblo. A los pocos días murió.
¿De qué murió? No sabemos. Rechazaba la medicina alopática y jamás se
hizo exámenes de laboratorio con el alegato de que “yo no abro ventanas”.
6
El uso de la orina como remedio es una pseudoterapia. La orina es un
desecho de nuestro organismo con sustancias tóxicas y hasta puede contener
bacterias

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