CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
Advertencia: Esta es una nota repulsiva; por lo tanto,
deben abstenerse de leerla quienes se consideren delicados de estómago.
1
Compré El Nacional y empecé a leer “La Ciencia Amena”
de Arístides Bastidas, costumbre que heredé de mi padre, quien me decía que
debía iniciar la lectura del periódico por la página científica.
Inesperadamente abrieron la puerta del consultorio.
Ante mí estaba una mujer joven, descalza, despeinada y jadeando por la carrera,
con un niño, de no más de cinco años, que sostenía con sus manos un montón de
espaguetis. Supuse que los vomitaba.
Nada sorprendente porque el vómito es un síntoma de
varias enfermedades infantiles.
Lo asombroso fue
cuando el niño se acercó: constaté que
los espaguetis se movían.
2
Se trataba de un caso extremo de parasitosis por Ascaris lumbricoides
(gusanos parecidos a la lombriz de tierra), los cuales, luego de realizar su
ciclo vital por varios órganos y
sistemas del organismo, se alojan en el intestino delgado; y desde allí pasan
al estómago. Si la invasión de estas lombrices es masiva, pueden ser expulsados
por la boca.
Ese fue nuestro caso.
Algunos gusanos eran pequeños como los fideos,
mientras que otros eran tan grandes como una regla escolar.
3
Al niño se le aplicaron los primeros auxilios con el
tratamiento respectivo. A los tres meses estaba completamente curado, de
acuerdo a los exámenes correspondientes.
4
Yo, por mi parte, cada vez que como espaguetis
recuerdo este caso sin inmutarme un ápice.
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