ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

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X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

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PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

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PLACA DE RECONOCIMIENTO

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lunes, 28 de septiembre de 2026

23. TÉTANOS

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

TÉTANOS





1

Entraron varias personas al consultorio. Venían de Cabruta. Sostenían a un hombre de unos cuarenta años que renqueaba. Era un pescador del Orinoco. Una baba lo mordió en una pierna, dijeron. Tenía una herida grande en la pantorrilla izquierda. Se veían destrozos musculares con mucha dificultad, porque los primeros auxilios, por parte de familiares y amigos, consistieron en cubrir la herida con café, en toda su extensión. Esta práctica no es recomendable porque el remedio puede ser peor que la enfermedad:  es foco de infección, además de que obstaculiza el proceso de cicatrización. En ese sentido, el café molido, vertido directamente del paquete o la borra (cipo), es lo mismo en sus consecuencias negativas.

2

A los familiares les preocupaba solo una cosa: “que le picara un tétano”.  Esto me hizo recordar el siguiente caso: Murió un muchacho de veinte años de tétanos provocado por una inyección, en tiempos de las jeringas reusables de vidrio. Las inyectadoras de vidrio podían provocar esta enfermedad con resultado mortal hasta en el 5 % de la población mundial. Para ellos, los aforismos de Hipócrates, escritos hace dos mil quinientos años, mantenían su vigencia: “La aparición de espasmos luego de cualquier herida o traumatismo es mortal”.

 

3

A la media noche llegaron unos hombres al velorio con implementos de soldadura y colocaron cabillas alrededor del féretro para asegurar de manera firme la tapa.

 

4

Los cuerpos de los muertos por tétanos pueden continuar moviéndose por algún tiempo (espasmos, contracciones). Tétanos significa estiramiento en griego. En algunos pacientes puede notarse el opistótonos (arqueamiento severo de la columna vertebral). Todo esto creó un mito: el muerto en sus contorsiones puede abrir la tapa de la urna con uno de sus movimientos.

5

Una pintura de un enfermo con opistótonos, realizada por el doctor Charles Bell (1809), contribuyó a difundir el mito (en la ilustración).

Digresión: Charles Bell describió la parálisis facial que lleva su nombre (parálisis de Bell). También fue el padre de Joseph Bell, que diagnosticaba con solo observar, con sumo cuidado, al paciente. Fue profesor del médico y escritor Conan Doyle, quien lo tomó de modelo para su personaje Sherlock Holmes.

 

6

Con respecto a mi paciente, mordido de baba y con la herida repleta de café, lo limpié hasta donde pude y como pude. Le apliqué un toxoide tetánico, le indiqué unos antibióticos y lo referí a un centro hospitalario. Era una labor de cirujanos.

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

22. HERENCIA.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

HERENCIA

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 


1

Entró al consultorio una mujer de unos cincuenta años. Caminaba despacio; parecía cansada. Se sentó y dijo:

 

—Doctor, en los últimos tiempos tengo mucha sed. Bebo agua constantemente y, sin embargo, siento que la boca se me queda seca.

Hizo una pausa.

—También voy al baño a cada rato. Y tengo un hambre que no se me quita con nada. Como y vuelvo a sentir hambre.

 

 

2

 

 

Esos síntomas se corresponden con la famosa tríada: Polidipsia (sed excesiva), poliuria (orinar frecuentemente) y polifagia (ganas de comer a cada rato).

Revisé sus exámenes. No había dudas en el diagnóstico: Diabetes mellitus. La primera palabra significa sifón (el agua entra y sale rápidamente). La segunda quiere decir miel, porque los médicos antiguos probaron la orina de los enfermos y se percataron de que era dulce.

Estas cosas sencillas se las expliqué a mi paciente.

 

 

3

Al llenar la historia clínica, la mujer me dijo que su madre murió de esa enfermedad. Yo le expliqué que, en su caso específico, parecía una patología hereditaria. La enfermedad la había heredado de su madre.

 

La mujer golpeó el escritorio, enojada.

4

 

No recurriré a eufemismos, ni parafrasearé las palabras de la paciente. Ella dijo de manera tajante:

—¡Esa vieja “ercoño” me dejó de herencia azúcar en la sangre, en vez de dejarme dinero en el bolsillo!

¡No tengo suerte!

5

"Una vez te fuiste, querida mamá, empecé a echarte muchísimo de menos, y cuando ahora pienso en ti, me invade tal tristeza que resulta imposible ahuyentarla”. (Fyodor Dostoevsky).

 

 

 

 

 

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

21. ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.

 

21

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

La joven, de veinte años, entró, miró para todos los lados como examinando cada rincón del consultorio, y   dijo:

—Doctor, lo veo a usted muy pequeño—hizo una pausa, y agregó: —y ahora lo veo muy grande. Ese es mi problema, si puedo llamarlo así, porque no me perturba, solo quiero saber si esto es una enfermedad. Esto me sucede desde hace tiempo. Todo a mi alrededor cambia de tamaño.

 

Conversamos. Hice preguntas.

 

Me contó que, algunas veces, las personas le parecían diminutas, casi del tamaño de muñecas. En otras ocasiones, los objetos crecían de manera desmesurada: una taza podía convertirse en una especie de enorme recipiente, una puerta parecía más alta que una casa y las manos de quienes la rodeaban podían adquirir proporciones absurdas.

2

La examiné cuidadosamente. Su relato, su estado general y la descripción de aquellas alteraciones perceptivas me hicieron pensar en un fenómeno conocido como síndrome de Alicia en el país de las maravillas, una condición generalmente benigna en la que pueden alterarse temporalmente la percepción del tamaño, la distancia o la forma de los objetos y del propio cuerpo.

3

 

El neurólogo británico John Todd, acuñó el término "Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas" en 1955, y se inspiró en algunos párrafos del libro de Lewis Carroll, publicado en 1865. Todd lo detectó en pacientes que padecían migraña y veían personas y objetos en dimensiones minúsculas (micropsia) o por el contrario en tamaño gigante (macropsia).

 

4

Algunas frases de “Alicia en el país de las maravillas” que llamaron la atención de Tood:

 

—¡Qué sensación más extraña! —dijo Alicia—. Me debo estar encogiendo como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.

—¡Ahora me estoy estirando como el telescopio más largo que haya existido jamás! ¡Adiós, pies! —gritó, porque cuando miró hacia abajo vio que sus pies quedaban ya tan lejos que parecía fuera a perderlos de vista—. ¡Oh, mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado lejos para ocuparme personalmente de vosotros: tendréis que arreglároslas como podáis...

5

El síndrome puede presentarse en los delirios de niños y adultos con fiebre muy alta, en los pacientes que sufren de migraña, y también por el consumo de algunos hongos venenosos, que, por cierto, se nombran en la novela. Pero también aparecen en personas sin ninguna otra manifestación clínica.

 

6

Lewis Carroll sufría de migrañas con alteración de las dimensiones del mundo que lo rodeaba; es decir, en su novela describió lo que percibía a través de Alicia.

 

7

 

Le expliqué con serenidad todo a la paciente.

—No es nada grave. Pero sería conveniente que la evaluara un neurólogo.

Ella permaneció en silencio.

Luego preguntó:

—¿Y si no quiero dejar de ver el mundo así?  Eso no me molesta para nada.   Prefiero seguir siendo un personaje de la literatura.

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

20. COUVADE.

 20

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

COUVADE: SÍNDROME DEL HOMBRE EMBARAZADO.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

Después de este primer caso, se presentaron otros. Cada médico ha tenido en su consulta a un hombre embarazado.

 

Mi paciente tenía veintisiete años y presentaba todos los síntomas de su esposa con tres meses de embarazo: náuseas, vómitos, cansancio, irritabilidad y antojos.

El término médico para esa condición peculiar es “couvade” (embarazo simpático). La palabra es francesa y significa incubar.

Se puede encontrar hasta en el setenta por ciento de los hombres.

2

El síndrome de Couvade no es una enfermedad. Es una reacción psicosomática que tiene bases hormonales. El hombre se pone en los zapatos de su mujer.

Se observa desde que el mundo es mundo, como decía mi abuela Matilde Guerra.

En todos los pueblos, culturas y épocas ha sido registrado. La mitología y las religiones dan cuenta del síndrome.

Zeus, el más poderoso de los dioses griegos, “parió” a Atenea. La gestación de la diosa de la sabiduría se hizo en la cabeza de su padre. Mientras que otro hijo de Zeus, Dionisio (dios del vino), fue gestado en un muslo.

3

El couvade es un arquetipo (inconsciente colectivo), como lo entendía Carl Jung: ideas instintivas y modelos universales compartidos por los seres humanos de cualquier pueblo y época.

El deseo de dar vida se encuentra en la mujer y en el hombre.

4

Para la mayoría de los indígenas venezolanos, la procreación es producto del intercambio de extrañas. El varón toma prestado el órgano reproductor de la mujer. Hace al hijo y se lo devuelve para que la madre lo nutra con su sangre. Es por eso que el varón tiene todos los síntomas del embarazo. Por eso, también, durante ese periodo, el hombre se retira a reposar en un chinchorro.

5

En el cuento de Hemingway “Campamento indio” (1924), un médico rural atiende un parto de una india en un campamento de aborígenes. El doctor realiza una cesárea porque el parto es difícil. Utiliza un cuchillo sin anestesia. La mujer se quejaba de dolores muy fuertes y gritaba. Su esposo se suicida porque no soporta ese dolor.

6

 

En la película estadounidense “El bebé de Rosemary” (1968) de Roman Polanski, Guy Woodhouse le dice a Rosemary, su esposa:

—Tú estás embarazada y eso me produce antojos. Voy por helados.

 

 

COUVADE

 


Couvade.



 

lunes, 7 de septiembre de 2026

19. EL FÚNEBRE

  

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

EL FÚNEBRE: GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA.

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

El personaje de esta crónica era mi paciente de pasillo, y parece salido de la literatura. Tipos así los encontramos en “Ladrón de cadáveres” (1884), el relato de Robert Stevenson; o en “Morgue y otros poemas” (1912) de Gottfried Benn; y finalmente, en “El maquillador de cadáveres” (1996) de Jaime Casas.

Yo lo llamaré Gray, uno de los protagonistas de la primera de las obras mencionadas. Los estudiantes le decían “El Fúnebre”.

2

Tenía tres empleos. Uno público, otro privado y un negocio sui géneris. Este último era un emprendimiento (según la semántica gubernamental del momento), un eufemismo de rebusque o matar tigritos.

En el anfiteatro de la Facultad de Medicina sacaba el cadáver del tanque de formol y lo colocaba sobre la mesa de disección en la clase de anatomía. Al finalizar la práctica, devolvía el cadáver a su lugar de conservación.

En la agencia fúnebre de la ciudad vestía y maquillaba a los difuntos. Además, era el vigilante nocturno.

El trabajo independiente consistía en recoger huesos del cementerio para venderlos a los estudiantes. De allí el epíteto de “El Fúnebre”.

3

La historia de los “resucitadores” o ladrones de tumbas en Inglaterra en el siglo XIX es un marco referencial para esta narración: La ley solo permitía usar los cadáveres de los criminales en las escuelas de medicina. Como muestra un botón: la Lección de anatomía del Dr. Tulp (1632), cuadro de Rembrandt. El ladrón, apodado el Niño, asaltó e hirió a un comerciante con un cuchillo en Ámsterdam. Lo ahorcaron, luego de juzgarlo.  Lo bajaron del cadalso y de inmediato lo trasladaron al teatro anatómico para que el doctor Nicolaes Tulp iniciara su demostración pública.

 

Los criminales eran menos que los estudiantes. La falta de cuerpos para las disecciones en las lecciones dio inicio a un comercio macabro, pero muy rentable: la profanación de sepulturas para extraer todo o partes del difunto y ofrecerlos a las instituciones médicas o a los particulares interesados.

 

4

Una vez le pregunté:

—Gray, ¿abres los sepulcros para robar muertos?

Indagué eso, y me lo imaginé como un resucitador inglés con su sombrero colonial, vestido con bermudas, caminando, con mucho sigilo entre los tumultos mortuorios con una pala de madera para no hacer ruido al cavar y con un farol a mano alzada.

—De ninguna manera, doctor, recorro de día el cementerio donde los huesos están tirados en el suelo, detrás de un montículo cualquiera. No hay más parcelas para un nuevo entierro, pero los sepultureros se las arreglan para sacar los restos de esas tumbas que nadie visita para ofrecer esa fosa reciclada a los deudos. He encontrado cráneos, huesos largos y cortos. A veces encuentro cabezas con cuero y pelo. Entonces, las hiervo en un caldero con bastante leña. Quedan limpiecitas.

—¿En cuánto vendes tu mercancía?

—A precios solidarios. Los estudiantes no tienen mucho dinero. Lo suficiente para completar las cervezas.

5

Veía a Gray casi todos los días. Cada tarde bebía cervezas frente a la reja de una licorería. Me abordaba y preguntaba cualquier cosa sobre su salud. Una vez me pidió un remedio para una tos que tenía. Le hice una receta. Al tiempo lo volví a ver. Todavía tosía.

—¿Estás tomando el jarabe?

—No lo compré, doctor, me sale como en cinco cervezas —y se empinó la botella.

Pensé: Tiene mentalidad de trueque a la hora de comprar algo, y su patrón monetario no es el oro ni el dólar, sino la cerveza fría.

 

6

Una tarde me dijo:

—Doctor, tengo las patas “jinchas” y un zapateo aquí (apuntó hacia el corazón con su índice derecho).

 

Se levantó un poco los pantalones. Le pedí que se los arremangara hasta las rodillas. Tenía un edema severo. Le tomé el pulso, le medí la tensión y le puse el estetoscopio. No había dudas: era hipertenso con un síndrome de corazón festivo o arritmia de los alcohólicos, cuya tarjeta de presentación son las palpitaciones caóticas y vigorosas, como si se tratara de un baile de joropo recio. Por eso quienes la padecen la describen de manera unánime con una palabra: zapateo.

Los indicios de insuficiencia cardíaca sobraban.

 

 Le sugerí tres cosas: dejar de beber, tomar algunos medicamentos y hacerse unos exámenes.

Me respondió:

—Haré todo, doctor, menos lo primero. Vivimos para gozar.

7

A los pocos días, Gray murió. Tenía cuarenta y dos años, y no sesenta como llegué a suponer por su aspecto magullado. Lo encontraron muerto en una urna de la funeraria. No sabía que vivía allí de manera permanente, menos que no dormía en una cama, sino en un ataúd.

¿Cómo no recordar a Bram Stoker y su novela “Drácula”?

8

Tenía razón lord Byron: La realidad supera la ficción

El Fúnebre.


 

martes, 1 de septiembre de 2026

18.FOTOGRAFÍAS PERTURBADORAS O LOS MONDADIENTES SIRVEN TAMBIÉN PARA LOS OJOS.

 

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

FOTOGRAFÍAS PERTURBADORAS O LOS MONDADIENTES SIRVEN TAMBIÉN PARA LOS OJOS.

 

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Eran casi las ocho de la noche cuando tocaron la puerta. Una señora de unos treinta años, prematuramente envejecida, solicitaba que fuera a ver a su hija, de unos siete años, porque tenía “mala respiración”. La señora, mi esposa y yo salimos a pie por las calles El Cementerio, Bolívar y Páez. En esta última cruzamos hacia un callejón a oscuras que limitaba con unos potreros y unos conucos. Caminábamos con mucho cuidado porque la callejuela era un mosaico de montículos de piedras y huecos.

Llegamos a un rancho de barro y bahareque.  No había entrado al cuarto sin ventanas de la niña cuando por los silbidos supe que se trataba de un ataque asmático. Mi esposa le puso una inyección que le indiqué y se retiró a la sala.

Yo observaba cómo la respiración de la niña mejoraba.

 

2

Cuando iba en retirada, mi esposa me dijo:

—Me salí porque no soporto los aposentos sin ventanas. El peor anatema que puede proferir un ruso contra un enemigo es: te deseo que vivas en una casa sin ventanas.

Luego hizo una sugerencia:

—Échale un ojo a estas fotografías.

 

En las paredes de la sala, pintadas con cal, colgaban muchas fotografías en blanco y negro, montadas en vidrios, cuyos bordes eran unas cintas oscuras. Recorrí la sala que parecía un columbario sin los nichos. En todas las fotografías había una escena fúnebre: un muerto en su cama rodeado de familiares, un cadáver en su urna, un velorio, unos hombres llevando un ataúd en sus hombros, un grupo de personas rodeando una sepultura, un niño en un féretro blanco con alas a los lados, y así por el estilo.

Pero lo que más me impresionó fue la fotografía de una niña, de unos cuatro años, probablemente. Reposaba en su cajoncito con los ojos abiertos: los párpados no se cerraban porque sendos mondadientes los sostenían.

 

3

Esa noche no podía conciliar el sueño. Cuando casi lo lograba, veía las impresionantes fotografías que me parecían macabras. Más tarde concluí que eso también era historia, luctuosa, pero historia al fin.

 

¿Arte? No sé, pero sí una costumbre funeraria, sepulcral… Esas manifestaciones artísticas no son una peculiaridad litúrgica exclusiva de los griegos y los romanos. Bueno, es una licencia lírica. Umberto Eco dice que tendemos a elevar cualquier circunstancia banal o cotidiana a una categoría grande. Un fragmento de la realidad, por insignificante que sea, es un nodo conectado con todo el saber del universo.

 

4

Luego supe que ese tipo de fotografías se hicieron en los primeros años del siglo XX. En la mayoría de los casos se trataba de gente que jamás se había retratado: era imperativo dejar un recuerdo.

 

Con respecto a la niña con los ojos abiertos, supuse que le pusieron esos palillos así porque había visto muy poco mundo, y debía dársele una segunda oportunidad; además, era su primera y última fotografía.

 

 

 

domingo, 30 de agosto de 2026

17. EL ALZHEIMER ES UNA ENFERMEDAD BILATERAL

 

 

CRÓNICAS DE UN  MÉDICO  RURAL.

EL ALZHEIMER  ES UNA ENFERMEDAD BILATERAL.

Las tres cosas que nos infunden mucho miedo: la muerte, la guerra y  la pérdida de la memoria.

 

 


 

Edgardo Rafael Malaspia Guerra

1

Entran a la consulta madre e hija. La primera tiene unos sesenta años y es paciente psiquiátrica: le diagnosticaron alzhéimer. Su hija la trae de tiempo en tiempo, con algunos exámenes, para chequeo rutinario.

La joven me dice que a su madre la visitaban sus amigas cuando la enfermedad se inició, pero que ahora nadie viene a verla.

2

Al principio, la madre  empezó por hacer llamadas telefónicas que duraban más de una hora y a preguntar siempre las mismas cosas. Una vez, cuando regresaba del trabajo, llamó a su hija para preguntarle dónde se encontraba y cuál era el bus que debía tomar. Estaba confundida. El pueblo ha cambiado, está irreconocible, decía cuando llegaba a la casa.

Cuando aparecieron los espasmos, se peleaba por las noches con fantasmas. Un día destrozó los muebles de la casa en uno de esos combates con seres imaginarios. El psiquiatra supuso que, además del alzhéimer, tenía cuerpos de Lewy, una proteína que también afecta el cerebro y produce demencia con alucinaciones. “Un mal llama a otro”, dijo Cervantes por boca de don Quijote.

El incomparable actor Robin Williams padecía demencia por cuerpos de Lewy.

3

Los familiares decidieron consultar con un brujo; y decían que le iba mejor porque el tratamiento era espiritual, y agregaban: ante las dificultades económicas para implementar el tratamiento del psiquiatra, los chamanes  son más baratos; además, explican los delirios de la  paciente por la presencia de espíritus malignos, y eso es más creíble y reconfortante.

4

Investigadores afirman que leer y escribir mucho es un atenuante contra el alzhéimer. Pero parece que no siempre es así: el escritor y poeta belga Hugo Claus escribió mucho y leyó más. Cuando le diagnosticaron alzhéimer, recurrió a la eutanasia. Su esposa dijo que un día antes de morir hizo muchos chistes y se despidió alegremente.

Un amigo de Claus  escribió: “Confundir el día y la noche, no poder distinguir la mañana, la tarde y la noche, no saber andar… Todo ello no es muy grave para un escritor. En cambio, casi no ser capaz de combinar las palabras en frases claras, o de encontrar las metáforas y expresiones adecuadas, algo que ha hecho sin esfuerzo durante más de sesenta años, esto constituye un tormento insoportable y sin salida”.

5

Gabriel García Márquez sufrió de alzhéimer. El genial escritor en Cien años de soledad escribe sobre la memoria y la locura. Habla sobre la peste del insomnio, temible, “no tanto por  la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino por su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido”.

Aureliano sugirió hacer la memoria de papel para luchar contra los olvidos. “José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola”.

A José Arcadio Buendía lo amarran de un árbol porque está loco, pero, contradictoriamente, él sabe que está loco. Oscar Wilde dijo: “La verdadera locura es la que se ignora a sí misma”.

 

6

Volvamos a nuestra paciente y a la bilateralidad de la enfermedad. Las amigas la  visitaron  en los inicios de la enfermedad. Ella las reconocía  en los primeros encuentros, pero luego no pudo hacerlo; entonces las amigas no la visitaron más. La olvidaron. Por eso digo que el alzhéimer es una enfermedad bilateral.

 

 

 

 

viernes, 28 de agosto de 2026

16. CUANDO LA CULEBRA SE MUERDA LA COLA.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

CUANDO LA CULEBRA SE MUERDA LA COLA.

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina guerra

 

1

El hombre, de unos cincuenta años, apenas entró al consultorio, se levantó la camisa y dijo:

—Me preocupa que la culebra se muerda la cola.

 

El paciente sabía lo que tenía: culebrilla.

 

Le pregunté, por no dejar:

 

—¿Y qué pasará si la culebra se muerde la cola?

—¡Que me muero pal carajo!

 

2

Le puse el tratamiento. Igual, el hombre dijo que iría a un brujo para que lo ensalmara:

 

—¡Por si acaso!

3

La culebrilla (herpes zóster) es una infección de los nervios producida por el mismo virus de la varicela zóster (lechina). Cuando sufrimos la lechina, el virus se queda en los lechos de algunos nervios, esperando la oportunidad para reaparecer.

 

4

La porción de piel afectada está inervada por una metámera o nervio de la médula espinal. Cada metámera inerva una mitad de la columna vertebral. Esas mitades no están unidas; por lo tanto, la culebra jamás se morderá la cola.

5

¿Por qué los ensalmes ayudan en la culebrilla?

 

Los ensalmes se practican con oraciones y rezos; y en el caso particular de la culebrilla, se hacen con ramas de yerba mora (Solanum nigrum), planta que contiene una sustancia (solanina), la cual es antiviral, analgésica, antiinflamatoria y antiséptica.

6

La medicina nació como un acto mágico-religioso. La ciencia se ha encargado de desentrañar los mecanismos de la magia.