FALTA DE
AIRE.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
1
La paciente
fue pasada a consulta sin hacer la cola. La enfermera dijo que se trataba de
una emergencia.
Tenía
cincuenta años. Con mucha tos y entre ahogos dijo algo que era evidente:
—Me falta el
aire.
Presentaba
problemas con la respiración desde hace algún tiempo sin asistir al médico. En
esta ocasión, su cuadro clínico empeoró. Por eso acudía a la consulta.
2
La ausculté.
Le aplicamos una inyección intravenosa. Sintió mejoría.
Los datos obtenidos
del examen físico, más su radiografía “sucia”, apuntaban a un diagnóstico:
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una patología que se desarrolla
en uno de cada cuatro fumadores de veinte cigarrillos durante veinte años.
3
Le hacía
preguntas a la mujer para llenar la historia clínica, escribirle el récipe y
referirla al neumólogo, cuando surgió una inconsistencia: la paciente jamás había
fumado, tampoco su esposo.
4
Conversando
se entiende la gente. La mujer confesó que preparaba comida hasta tres veces al
día con leña en una cocina sin ventilación.
El humo de la
leña provoca la misma enfermedad (EPOC) en una proporción parecida a la del
tabaquismo.
5
Le recomendé
no seguir cocinando con leña. Me dijo que no acataría mi consejo con un
argumento contundente:
—La comida es
más sabrosa cuando se prepara con leña.
Tenía razón y
aún la tiene; pero, como dice un refrán: “Lo bueno en exceso es malo”.

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