NO PUEDO DAR DEL CUERPO O LOS
EXTREMOS SE UNEN.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Vivía en las afueras del pueblo.
Tenía un conuco donde solo sembraba cilantro. Traía a la ciudad cada semana, en
una bicicleta de reparto, el producto de su monocultivo. Lo vendía en las
esquinas y de eso vivía. Guardaba un ramillete de cilantro en un lugar aparte
religiosamente.
2
Entraba al consultorio luego de
terminar sus labores. Era extremadamente delgado. Un faquir. Tenía el rostro enjuto. Usaba sombrero de
cogollo, camisa manga larga arremangada y pantalones zurcidos y con parches,
pero todo muy limpio.
Tenía una sola queja: No puedo dar
del cuerpo.
Decía:
—Dios le concede a todo el mundo dar
del cuerpo, pero a mí me niega esa posibilidad.
Con esa expresión significaba que
sufría de estreñimiento.
Terminada la consulta, me obsequiaba
un ramillete de cilantro y me decía:
—Esto es pa que haga una sopa.
3
Le indiqué todos los medicamentos
recomendados en la Guía Spilva de Especialidades Farmacéuticas.
Ninguna mejoría.
Recurrí al Herbolario Tropical del
botánico hindú Keshava Bhat.
Ninguna mejoría.
Precisé la causa: sufría de un estreñimiento
secundario porque comía como un asceta. Ese consumo exiguo de alimentos le
provocaba un déficit crítico de fibra.
4
Una vez me trajo unos versos, de su
propia autoría, para que se los publicara en un periódico multigrafiado que
teníamos. Era un poema dedicado a su conuco, las flores, los pájaros, la música
llanera y, en general, a su vida en el monte. He aquí —pensé— un Virgilio
mercedense pergeñando sus propias Geórgicas.
Hablamos de su dieta, pero no me hizo
caso. Le era muy difícil abandonar un hábito fuertemente implantado.
No lo vi más en mi consulta.
5
Virgilio murió deshidratado. Me dijo
el portero del hospital: lo trajeron con “un diarreón”. Le pusieron muchas taparas de suero, pero no
se salvó, y agregó:
—Un brujo le recomendó un montón de
semillas de tártago (aceite de ricino).
6
Los extremos se unen: del
estreñimiento pasó a una diarrea imparable.












