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CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
La joven, de veinte años, entró, miró para todos los lados como
examinando cada rincón del consultorio, y dijo:
—Doctor, lo veo a usted muy pequeño—hizo una pausa, y agregó: —y ahora
lo veo muy grande. Ese es mi problema, si puedo llamarlo así, porque no me
perturba, solo quiero saber si esto es una enfermedad. Esto me sucede desde
hace tiempo. Todo a mi alrededor cambia de tamaño.
Conversamos. Hice preguntas.
Me contó que,
algunas veces, las personas le parecían diminutas, casi del tamaño de muñecas.
En otras ocasiones, los objetos crecían de manera desmesurada: una taza podía
convertirse en una especie de enorme recipiente, una puerta parecía más alta
que una casa y las manos de quienes la rodeaban podían adquirir proporciones
absurdas.
2
La examiné cuidadosamente. Su relato, su estado general y la descripción
de aquellas alteraciones perceptivas me hicieron pensar en un fenómeno conocido
como síndrome de Alicia en el país de las maravillas, una condición
generalmente benigna en la que pueden alterarse temporalmente la percepción del
tamaño, la distancia o la forma de los objetos y del propio cuerpo.
3
El neurólogo británico John Todd, acuñó el término "Síndrome de
Alicia en el País de las Maravillas" en 1955, y se inspiró en algunos párrafos
del libro de Lewis Carroll, publicado en 1865. Todd lo detectó en pacientes que
padecían migraña y veían personas y objetos en dimensiones minúsculas (micropsia)
o por el contrario en tamaño gigante (macropsia).
4
Algunas frases de “Alicia en el país de las maravillas” que llamaron la
atención de Tood:
—¡Qué sensación más extraña! —dijo Alicia—. Me debo estar encogiendo
como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco
centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla
adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.
—¡Ahora me estoy estirando como el telescopio más largo que haya
existido jamás! ¡Adiós, pies! —gritó, porque cuando miró hacia abajo vio que
sus pies quedaban ya tan lejos que parecía fuera a perderlos de vista—. ¡Oh,
mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y
vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado
lejos para ocuparme personalmente de vosotros: tendréis que arreglároslas como
podáis...
5
El síndrome puede presentarse en los delirios de niños y adultos con
fiebre muy alta, en los pacientes que sufren de migraña, y también por el consumo
de algunos hongos venenosos, que, por cierto, se nombran en la novela. Pero
también aparecen en personas sin ninguna otra manifestación clínica.
6
Lewis Carroll sufría de migrañas con alteración de las dimensiones del
mundo que lo rodeaba; es decir, en su novela describió lo que percibía a través
de Alicia.
7
Le expliqué con serenidad todo a la paciente.
—No es nada grave. Pero sería conveniente que la evaluara un neurólogo.
Ella permaneció en silencio.
Luego preguntó:
—¿Y si no quiero dejar de ver el mundo así? Eso no me molesta para nada. Prefiero
seguir siendo un personaje de la literatura.


