HISTORIA DE LA MEDICINA UNERG
Blog dedicado a temas sobre historia de la medicina, el arte y la cultura relacionados con la profesión hipocrática. Colaboraciones a través de:edgardomalaspina@gmail.com
ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.
UNERG.2010
PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.
I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001
PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010
AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010
lunes, 17 de agosto de 2026
domingo, 16 de agosto de 2026
11. EL ÚLTIMO MORDISCO
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
EL ÚLTIMO MORDISCO.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Muchos pacientes llegaron ese día al ambulatorio. Todos
hacían la cola en silencio. Pero un hombre joven, musculoso, con
cara de pocos amigos y en guardacamisa trató de entrar a la consulta sin
corresponderle el turno. Las protestas enardecidas de los otros enfermos le
pararon el trote en dos oportunidades. La viveza criolla había sido frenada a
tiempo.
2
La consulta avanzaba con fluidez, pero con lentitud,
hasta que le tocó a Mister Músculo sentarse frente a mí.
Sin dar explicaciones descubrió su brazo derecho. En
el bíceps se observaban varios arañazos y una herida profunda. Alrededor de las
marcas comenzaban a formarse pequeños puntos blanquecinos llenos de pus. La
piel estaba enrojecida, hinchada y caliente. Era evidente que la infección
avanzaba.
Mientras preparaba el material para limpiar la herida,
le pregunté qué había ocurrido.
—Me mordió un gato.
Me sorprendí porque he tratado mordeduras de gente,
perros, babas, monos y hasta de conejos en niños imprudentes cuando les dan
zanahoria; pero es la primera vez que veo algo así.
Le dije que reportaría el caso para que las
autoridades sanitarias localizaran al animal y le hicieran seguimiento. Hay que
descartar rabia, rematé. ¿Dónde podemos ubicarlo?
—En el basurero, detrás del puesto de la Guardia
Nacional —contestó y agregó—. Claro, si todavía no se lo han comido los
zamuros.
—¿Cómo así? —le
pregunté.
3
Me contó que tenía un gato desde hacía varios años.
Era un animal sereno, y por serenidad entendí que era uno de esos gatos que
parecen caminar con la dignidad de un viejo filósofo.
Siguió: Dormía en la casa, recorría el patio con la
elegancia silenciosa de todos los felinos y esperaba, cada día, la hora de la
comida.
Con el tiempo comenzó a aparecer otro gato. Era un
visitante del barrio, flaco al principio, desconfiado, siempre atento a
cualquier movimiento. Poco a poco fue perdiendo el miedo. Se acercaba al plato,
y el gato de la casa, lejos de defender su territorio, retrocedía unos pasos
para compartir el alimento.
Después de comer, ambos permanecían juntos durante
horas, como si fueran amigos de toda la vida. Descansaban, se levantaban y
jugaban, para luego nuevamente descansar.
El hombre continuó: Al principio me pareció todo
normal, pero luego la presencia del gato ajeno empezó a irritarme. Venía a
robarle el bocado a mi gato en estos tiempos cuando todo escasea y todo está
muy caro.
Empecé por espantarlo. Le gritaba. Lo insultaba y
hasta lo empujaba con una escoba. El paracaidista se marchaba, pero volvía con
puntualidad a la hora de la comida.
4
Lo interrumpí y le dije que su gato había encontrado a
un amigo. Pero el hombre respondió:
—Lo que puedo afirmar es que venía por la comida, y la
comida está muy cara. Por eso decidí cortar por lo sano. Cuando el intruso
apareció nuevamente, lo agarré y me lo llevé al brazo derecho para
estrangularlo. Pataleó. Buscó apoyo en mi cuerpo y en el aire. Me rasguñó por
todas partes; y, por último, clavó sus dientes aquí.
Matagato señaló la mordedura en su bíceps derecho.
—Lo apreté más. Dejó de luchar.
5
Continué desinfectando la herida sin decir palabra. Pensaba
en aquella pequeña criatura que solo había cometido el delito de tener hambre y
aceptar la amistad de otro gato.
La pobreza y el hambre son iguales en todo el reino
animal, humano y no humano. Son circunstancias críticas extremas, dramáticas,
desesperadas y riesgosas.
Le expliqué que las mordeduras de gato pueden ser
peligrosas. La infección requería tratamiento inmediato y vigilancia cuidadosa.
Él apenas escuchaba. Entonces le pregunté:
—¿Y su gato?
La respuesta tardó unos segundos.
—Desde ese día anda raro... Sale al patio todas las
tardes. Se queda sentado mirando la puerta. Maúlla. Lo busca.
miércoles, 12 de agosto de 2026
DE CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.
DE
CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
1
A
las ocho de la mañana tocaron la puerta de mi casa, que era la misma del
consultorio. Yo, a esa hora, estaba haciendo mi caminata, que terminaba en el
puesto de periódicos. Era algo rutinario buscar El Nacional, El Nacionalista,
La Antena y La Prensa del Llano.
Mi
esposa fue quien abrió y luego me contó todo.
Frente
a ella estaba un hombre pequeño, de piel morena, vestido con camisa blanca,
pantalón negro y zapatos, tambien negros, bien pulidos. Tenía un rostro solemne,
apropiado para la ocasión que él parecía conocer perfectamente.
Entre
sus manos sostenía una corona fúnebre, con un nombre nítidamente estampado que
mi esposa identificó como el mío. Abajo decía: “Descansa en paz, querido
doctor. Siempre agradecido.” Luego estaba escrito el nombre del paciente.
2
El
visitante extendió la corona a mi esposa y dijo:
—Mi
más sentido pésame, señora.
Mi
esposa lo miró con sorpresa. Después miró la corona. Volvió a mirar al hombre. No
sabía qué hacer . Finalmente, sonrió.
No
era una sonrisa de alegría. Era esa sonrisa involuntaria que uno utiliza cuando
no comprende lo que está sucediendo y teme que el otro se dé cuenta.
—Gracias…
—respondió débilmente.
El
hombre, sin embargo, no pareció notar su desconcierto.
3
—¿Dónde
será el velorio?
Mi
esposa permaneció en silencio.
—¿Y
cuándo será el entierro?
La
sonrisa desapareció.
—No
sé —contestó—. Le preguntaré a mi esposo cuando regrese.
El
hombre levantó las cejas.
—¿El
doctor regresará?
—Sí.
El
hombre miró hacia el interior de la casa.
Luego
volvió a mirarla a ella.
—¿Regresará
del más allá?
Mi
esposa se sintió turbada. No entendía completamente de qué hablaba el
visitante.
—¿Cómo
dice?
—Pregunto
si el doctor regresará del más allá.ZZ<
—¿Del
más allá?
—Sí,
señora.
—Sí,
aunque no sé si se llama así el quiosco de los periódicos.
—El
hombre apretó la corona contra su pecho.
—Bueno,
usted no sabe todavía dónde será el velorio ni mucho menos cuándo el entierro…
Entonces, ¿quién sabe?
Luego
siguió un diálogo en el más puro estilo
del teatro de lo absurdo y en el espíritu ilógico y el sinsentido de las
obras de Eugène Ionesco.
La
testaruda seguridad del visitante y el poco conocimiento del español por
parte de mi esposa, recién llegada de Moscú,
favorecieron el guion disparatado e incoherente de la conversación.
4
Durante
la madrugada habían traído al consultorio a un paciente en estado agonizante.
Dos hombres lo bajaron de un camión. Lo sostenían por los brazos y pies. El cuerpo flácido
colgaba como un chinchorro, y las manos oscilaban pasivamente desde las muñecas.
Lo
colocaron sobre la camilla.
Lo examiné y les dije a los acompañantes:
—Está
muerto, lamentablemente.
5
Llegaron
unos agentes fúnebres con un ataúd marrón para retirar el cadáver del
consultorio. Trasladaron la urna con el difunto
hasta un carromato negro que lo llevaría a la agencia de servicios funerarios.
Hasta
allí, todo estaba claro.
Lo
que no se entendía era por qué alguien empezó a reportar mi propia muerte. Creí
que algún vecino había fisgoneado con gran sigilo desde una ventana. Sin
embargo, solo vio la segunda parte de la película.
6
Aclarado
todo el asunto, me senté a revisar los periódicos. Abrí la página de los
obituarios de manera instintiva. Pero la cerré inmediatamente. Nuestros
archivos cerebrales guardan todo. Recordé que mi colega, el doctor Guanare,
compraba la prensa única y exclusivamente para revisar las notas necrológicas.
Cuando le pregunté por esa tétrica costumbre, me contestó:
—Para
estar seguro de que sigo vivo.
jueves, 6 de agosto de 2026
9. CANDELA CONTRA LA SARNA,
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
CANDELA CONTRA LA SARNA.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
En una ocasión, una anciana vino a la consulta por
unas manchas oscuras que le aparecieron en las manos y en los brazos. Se
trataba de léntigos seniles, unas máculas que se acentúan con el sol, y que la
gente llama “manchas de viejos”. No son una enfermedad. Son una reacción de
nuestra piel a los rayos solares.
Mientras la examinaba, observé unos puntos negros
parecidos a pequeñas quemaduras. Me explicó que se curaba la sarna con la punta de un trozo de leña (brasa).
—¿Y se cura?
—Cien por ciento.
2
Cuando la paciente se marchó, me dirigí al estante de
mi biblioteca donde estaban los libros de farmacología y extraje la obra
“Medicamentos indígenas” de Gerónimo
Pompa, cuyos trabajos botánicos admiraba el propio José María Vargas.
En “Medicamenos indígenas” encontré tratamientos
contra la escabiosis, pero ninguno hacía referencia a los tizones encendidos
3
Un día recordé el siguiente episodio de mi infancia:
Llegué a la casa de la abuela Matilde Guerra y la encontré
aplicando a una señora brasas ardientes. Le curaba las
entradas de la sarna con esos palos encendidos. Me dijo que había probado ese
método curativo sobre su propio cuerpo.
4
Por
casualidad me enteré, más tarde, de que ese tratamiento tiene su origen en una
tradición indígena que llegó hasta la abuela de alguna manera. Alexander von
Humboldt en su libro “Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”
escribe que una vez enfermó de sarna y fue curado por una mulata “conocedora a
fondo de todos los pequeños animales que minan la piel del hombre: la nigua, el
nuche, la coya y el arador”.
La curandera calentó la punta de un pequeño
pedazo de madera en una lámpara con la cual pinchó los surcos hechos en la
piel.
El
tratamiento fue efectivo, según el mismo Humboldt.
martes, 4 de agosto de 2026
8.ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
Advertencia: Esta es una nota repulsiva; por lo tanto,
deben abstenerse de leerla quienes se consideren delicados de estómago.
1
Compré El Nacional y empecé a leer “La Ciencia Amena”
de Arístides Bastidas, costumbre que heredé de mi padre, quien me decía que
debía iniciar la lectura del periódico por la página científica.
Inesperadamente abrieron la puerta del consultorio.
Ante mí estaba una mujer joven, descalza, despeinada y jadeando por la carrera,
con un niño, de no más de cinco años, que sostenía con sus manos un montón de
espaguetis. Supuse que los vomitaba.
Nada sorprendente porque el vómito es un síntoma de
varias enfermedades infantiles.
Lo asombroso fue
cuando el niño se acercó: constaté que
los espaguetis se movían.
2
Se trataba de un caso extremo de parasitosis por Ascaris lumbricoides
(gusanos parecidos a la lombriz de tierra), los cuales, luego de realizar su
ciclo vital por varios órganos y
sistemas del organismo, se alojan en el intestino delgado; y desde allí pasan
al estómago. Si la invasión de estas lombrices es masiva, pueden ser expulsados
por la boca.
Ese fue nuestro caso.
Algunos gusanos eran pequeños como los fideos,
mientras que otros eran tan grandes como una regla escolar.
3
Al niño se le aplicaron los primeros auxilios con el
tratamiento respectivo. A los tres meses estaba completamente curado, de
acuerdo a los exámenes correspondientes.
4
Yo, por mi parte, cada vez que como espaguetis
recuerdo este caso sin inmutarme un ápice.
domingo, 2 de agosto de 2026
LA PARTENOGÉNESIS, EL FENÓMENO BIOLÓGICO QUE EXPLICA EL NACIMIENTO DE CRISTO.
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
LA PARTENOGÉNESIS, EL FENÓMENO BIOLÓGICO QUE EXPLICA
EL NACIMIENTO DE CRISTO.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Al consultorio se presentó una señora con su hija de
catorce años con claros síntomas de embarazo. Sin embargo, la niña aseguraba
que no había conocido hombre jamás. Los exámenes demostraron un avanzado estado
de gravidez, aunque su abdomen no lo aparentaba.
La madre, al conocer el diagnóstico, me preguntó:
—¿Es posible que se haya embarazado sin hombre?
2
Los embarazos virginales son conocidos en todos los
pueblos a través de sus mitologías y religiones.
En la mitología griega, Hera, diosa del matrimonio,
concibió a Hefesto (dios de los herreros) sin contacto sexual. Esa creencia
ancestral es un arquetipo, parte del inconsciente colectivo, según Jung:
una capa de la mente inconsciente compartida por todos los seres humanos.
3
En la notícula anterior hablamos de los ciegos que
ven. Esas alucinaciones fueron descritas por Charles Bonnet
(1720–1793), un naturalista y filósofo suizo que también
fue el primero en descubrir la partenogénesis, una forma de reproducción
sin fecundación. A partir de un óvulo nace un nuevo organismo; es decir, es un
mecanismo de reproducción unisexual. Ese fenómeno biológico ha sido ampliamente
documentado. Los zánganos de una colmena nacen por partenogénesis.
4
En un parque de reptiles en Costa Rica (2002) se
registró un caso de una hembra de cocodrilo que se reprodujo sin ayuda de un
macho. La hembra puso un huevo que contenía un feto 99,9% genéticamente
idéntico a ella. Tenía dieciséis años viviendo sin un macho.
5
La partenogénesis o nacimiento virginal ha sido usado
como argumento, por teólogos y filósofos, para explicar el embarazo de la
Virgen María.
6
En un episodio de la famosa serie del doctor House se
presenta una pareja que contraerá matrimonio. La muchacha está embarazada y
dice que es virgen.
House, sabe que ella ha tenido relaciones sexuales con
otro hombre, calma al prometido y le
dice que su futura esposa está embarazada por partenogénesis
Así salva el matrimonio.
House recurre a una mentira piadosa por compasión y también por cinismo.
jueves, 30 de julio de 2026
CIEGOS QUE VEN
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
CIEGOS QUE VEN.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Una vez me llevaron al consultorio de Las Mercedes del
Llano a una señora de casi ochenta años.
Me planteó su problema: veía a ocho
gatos negros, que de vez en cuando giraban alrededor de su cabeza. Eso era lo
único que le molestaba, con la curiosa peculiaridad de que había quedado ciega
desde hace varios años. Entonces, ¿cómo veía a esos gatos?
La anciana tenía un discurso coherente, no estaba
caduca. La acompañaba su hija, de casi sesenta
años, quien la trataba con sumo cuidado y con un amor, rayano en la
adoración, como jamás lo he visto en el trato de una hija con su madre. El raro
caso y este inmenso apego filial impactaron mi espíritu.
2
Al tiempo se
presentó un abogado de setenta y ocho años. Era todo un intelectual.
Hablaba de leyes, de libros, autores y noticias. Andaba con un bastón blanco,
indicativo de que era ciego o casi. Su única queja era que, a veces en la
noche, debía buscar a un gato negro que se introducía en el cuarto y siempre se le escapaba.
3
Ese fenómeno se llama síndrome de Charles Bonnet:
personas ciegas o casi pueden tener alucinaciones visuales. Hay muchas
explicaciones de esa patología; de cualquier manera, esos pacientes no están
mal de la cabeza.
El doctor Rafael Muci-Mendoza, eminencia de la
neuroftalmología clínica venezolana y descubridor de la neuropatía óptica cubana, es uno de los
médicos que más ha investigado la enfermedad en nuestro país.
4
Charles Bonnet, biólogo y filósofo suizo, en 1760, describió esa afección en su abuelo de
ochenta y siete años, “quien estaba casi ciego por cataratas en ambos ojos,
pero percibía hombres, mujeres, pájaros, carruajes, edificios, tapices y
patrones de andamios'”.
5
Ahora bien, ¿por qué en ambos casos figuran gatos negros?
Tal vez se deba a un constructo cultural universal que
asocia a los gatos negros al infortunio y las energías negativas, desde los
tiempos de la Edad Media. Tesis que ha sido ampliamente estudiada y rebatida
por científicos y filósofos, especializados en felinología.
miércoles, 29 de julio de 2026
ACTAS DE DEFUNCIÓN MUY ORIGINALES
CRÓNICAS
DE UN MÉDICO RURAL.
ACTAS
DE DEFUNCIÓN MUY ORIGINALES.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
Al
revisar las actas de defunción, encontré algunas con diagnósticos muy
singulares por lo disparatado, los cuales, sin embargo y paradójicamente,
proporcionaban una gran información. Por
ejemplo: “Le cayó el rancho encima”,
“comió yuca amarga”, “se mató por amor”, “etc.
1
Al
iniciar las consultas médicas en Las Mercedes del Llano, decidí llevar un
registro estadístico sobre morbimortalidad, el cual recogí en el libro “Las
Mercedes del Llano, perfil clínico de un pueblo en desarrollo”.
Conté
con la colaboración de mucha gente buena.
El prefecto, señor Adelis Ramirez, persona muy
amable y culta, lector y escritor, me ayudó en la revisión de las actas de
defunción, las cuales se anotaban desde 1939.
2
Desde
1939 hasta mediados de la década de los cuarenta, la edad media de
fallecimiento no pasaba de los cuarenta años. Las infecciones y parasitosis
eran la primera causa de muerte hasta
finales de los años cincuenta. A partir de 1960, la primera causa de muerte
está en las enfermedades cardiovasculares. Los antibióticos cumplieron su
importante papel, y las llamadas enfermedades de la civilización irrumpieron en
los pueblos de Venezuela.
3
Desde
1939 hasta 1944, debido a que las causas de la muerte no eran constatadas por
un médico, en las actas de defunción se escribían las frases "mal
definida", “corazón”, “hígado y bazo”.
A
partir de 1946, las causas de muerte parecen ser verificadas por un
facultativo: tétano, tuberculosis, paludismo, neumonía, infarto, cáncer, etc.
4
En
unas actas estaba la palabra “colerín”. Pensé que era un síndrome diarreico,
parecido al cólera; no obstante, unos ancianos me explicaron que se trataba de
“una tripa torcida” (obstrucción intestinal), diagnosticada cuando había vómitos con heces, y solían
tratarla con bolitas de plomo "para corregir el obstáculo
intestinal". El peso del metal “desataba el nudo”, supuestamente. El plomo
actuaba como la espada de Alejandro Magno sobre el nudo gordiano.
5
Muy
curiosas resultan las actas de defunción
con diagnósticos muy singulares por lo disparatado, los cuales, sin
embargo y paradójicamente, proporcionaban una gran información. Por ejemplo: “Le cayó el rancho encima”, “comió yuca amarga”,
“se comió varias semillas de tártago
porque era estítico y le dio un diarreón”,
“lo picó una culebra”, “se colgó de un árbol”, “se dio un plomazo el día
de su boda”, “se mató por amor”, “etc.
6
García Márquez escribió: “Siempre había entendido que morirse de amor no era más
que una licencia poética”. “Lo único que me duele de morir es que no sea de
amor”.
Argenis
Rodríguez decía: “El amor es la muerte”. “Me gusta el suicidio que emana de una decisión”.
domingo, 26 de julio de 2026
viernes, 24 de julio de 2026
SINESTESIA
CRÓNICAS
DE UN MÉDICO RURAL.
SINESTESIA.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
La
sinestesia no es una enfermedad; no obstante, los pacientes suelen abordar el
asunto como si fuera un problema. La
sinestesia ha sido diagnosticada hasta en el 1 % de las personas en todo el
mundo. Yo mismo “padezco” de esta condición.
1
Desde
mi más tierna infancia percibo que los días tienen diferentes colores y
tamaños. Por mucho tiempo pensé que era algo no muy normal; sin embargo, luego
supe que se trataba de una condición denominada sinestesia, especie de
variación inocua de la percepción, la cual se encuentra en una de cada cien
personas. Aunque otros afirman que es una de entre dos mil individuos.
Para
mí los días son unas franjas: el lunes, delgado y amarillo; el martes es rojo;
el miércoles es blanco; el jueves es rojo, pero más oscuro que el martes; el
viernes es también rojo, pero más claro que los días anteriores de ese mismo
color; el sábado es blanco, pero más claro y largo que el miércoles; y el
domingo es rojo, pero pequeño y con forma de batería gruesa de linterna.
2
La
sinestesia, como concepto de la biología, es la captación de una misma
sensación a través de distintos sentidos. Etimológicamente, la palabra proviene
del griego y se compone de los vocablos (sin-), que significa “junto”, y
(aísthesis), que quiere decir “sensación”. Pero desde el punto de vista de la
literatura, es una figura retórica en la cual se le atribuye a un objeto,
carente de los cinco sentidos, una sensación: “días amargos”, “minutos
dolorosos”.
3
Una
persona sinestésica puede oír colores, ver sonidos y percibir sensaciones
gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es una asociación
del objeto con uno de los sentidos, es que la persona lo percibe así; su
cerebro actúa de esa manera.
4
En
la novela “Como agua para chocolate” (1989), de la escritora mexicana Laura
Esquivel, se habla de los exquisitos
sabores de la gastronomía azteca y de las irresistibles emanaciones provenientes de
las pasiones amorosas. Las sensaciones olfativas o gustativas reaparecen en el
recuerdo y trasladan a los personajes a otros tiempos y lugares placenteros.
5
La
sinestesia se establece desde el desarrollo del embrión, cuando pueden cruzarse
nervios y centros cerebrales que procesan la información de las sensaciones.
6
He detectado familias donde casi todos sus miembros
son sinestésicos, empezando por la madre, lo que corrobora la tesis de que se
trata de un rasgo dominante ligado al cromosoma X.
7
Para
la paciente N el año tiene forma elíptica, en cuya orbita se ubican los años.
Los días tienen colores y tamaños. Para una hija los días tienen sus respectivos
colores. Para
otra hija cada día tiene un color, algunos números y meses también, y asocia
sensaciones gustativas al tocar alguna textura. Para
una tercera hija los
días, los meses y las personas tienen colores. Ahora esa sensación la
experimenta sólo con las personas y los números, especialmente los múltiplos de
tres que son de colores cálidos.
8
Una
paciente contó que asocia los colores a
las personas, los días, las canciones, los sabores, los lugares, las palabras y
las emociones.
9
Un
joven relató que cuando trató de beber
en un tazón metálico tuvo una evocación de la infancia, y se encontró en la
casa de su abuela tomando refresco en un vaso de aluminio. Eso
se llama “fenómeno de la magdalena de Proust”, llamado así por el famoso
novelista francés (1871-1922), autor de “En busca del tiempo perdido”.
Uno
de los personajes de la primera de las siete novelas de Proust, “Por el camino
de Swan”, está triste y moja una magdalena o galleta en té, e inmediatamente se
traslada mentalmente a Combray, un pueblito de Francia donde pasaba sus
vacaciones en su infancia.
Después
de Proust, muchos escritores, científicos y alguna gente común tuvo en cuenta
el fenómeno de la asociación de ciertas manifestaciones de los sentidos con el
pasado. Los primeros para usarlo en sus descripciones y jugar con los flujos de
la conciencia; los segundos para investigar cómo y por qué de la aparición de
esas asociaciones en el cerebro; y los últimos porque entendieron que esas
cosas también pasaban con ellos y supieron que de alguna manera eran
sinestésicos.


