ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

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X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

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PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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viernes, 21 de agosto de 2026

13. TASMANIA VIENE A LA CONSULTA.

 

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

 

TASMANIA VIENE A LA CONSULTA O SOBRE LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE.

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

Al consultorio entró un hombre llevando de la mano a una niña de unos cuatro años.

 

Desde el primer instante me llamó la atención el aspecto de la pequeña. Por lo general, todos los niños son hermosos. La inocencia los hace bellos de cuerpo y alma. Pero esta niña no encajaba en esos parámetros comunes y universales. Ella era diferente. En una sola frase: La suma de todos sus atributos fenotípicos no la favorecía.

 

2

El hombre la sentó en la silla, frente a mí. Puso a la niña sobre sus piernas.

 

—¿Cómo se llama? —pregunté, y empecé a llenar el formulario de la historia clínica.

 

El hombre levantó los ojos y respondió con absoluta naturalidad:

 

—Tasmania.

 

Dejé de escribir.

 

Durante unos segundos pensé que había escuchado mal.

 

—¿Cómo?

 

—Tasmania.

 

3

 

En aquella época, estaba de moda en películas de dibujos animados un personaje: el Demonio de Tasmania. Era feo, grotesco, gruñón, comelón y salvaje.

El Conejo de la Suerte lo llamó “monstruo”. “Torbellino”, “atropello”. En una ocasión, Bugs Bunny lo tildó de “ignorante con cabeza de mármol, ojos de bolsa, malvado vicioso, asqueroso y desgraciado”.

4

El demonio de Tasmania, el animal australiano, fue denominado así por sus gritos espeluznantes, su pelaje negro, sus mordidas mortales y su agresividad.

 

Abel Tasman, la tierra australiana que exploró (lleva su apellido) y el animalito merecen todo nuestro respeto, pero ¿por qué ponerle un nombre así a un hijo a contracorriente de los rumores   desfavorables y despectivos sobre el mismo que eran el plato fuerte de los corrillos de la época?

 

Esta niña corría el riesgo de ser sometida a bullying a la vuelta de la esquina.

 

5

 

Al principio pensé que los padres le pusieron ese nombre a propósito. Pero, más tarde, razoné que fue por ignorancia.

 

Platón en su “Protágoras” dice que nadie obra mal a sabiendas: la maldad es consecuencia de la ignorancia.

6

Nuestros nombres y apellidos nos marcan para siempre.

 

Oscar Wilde sabía algo de esto cuando escribió “La importancia de llamarse Ernesto” (1895). A las mujeres ese nombre les infundía confianza.

7

Veinte cosmonautas rusos compitieron para seleccionar quién sería el primero en volar al espacio. Hecho que ocurrió el 12 de abril de 1961.

 

Los dos primeros puestos fueron ocupados por Yuri Gagarin y Guerman Titov. El mito dice que Gagarin gustaba más porque su nombre “Yuri” es muy ruso y es el mismo “Jorge” en griego; y San Jorge es el patrón de Moscú.

 

La leyenda también afirma que Guerman Titov fue descartado por Nikita Jruschov, porque Guerman en ruso quiere decir “alemán”; y los alemanes invadieron Rusia en la Segunda Guerra Mundial.

 

8

Pablo Picasso escribió:

 

“Cuando era niño, mi madre me dijo: 'Si eliges ser soldado, serás general; si eliges ser sacerdote, serás papa'. Fui pintor y llegué a ser Picasso”.

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

RAFAEL RANGEL

 

RAFAEL RANGEL (27 DE ABRIL DE 1877-20 DE AGOSTO DE 1909)

 

LA POLÉMICA RELACIÓN CON JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

 

Una obra fundamental es la biografía del sabio Rangel de Marcel Roche, publicada en 1973. Esa producción es considerada la más completa y detallada investigación sobre Rafael Rangel .

Especial atención merecen las comparaciones que establece Marcel Roche entre Rangel y José Gregorio Hernández, maestro del primero.  Para Roche, Rangel superó con creces a su maestro en el campo de la investigación médica y asoma la posibilidad de que Hernández le tenía envidia a su pupilo.

 

 

 

2

Inmediatamente,  luego de la muerte de Rafael Rangel , una obra de teatro de Salustiano González Rincones involucró negativamente el nombre de Hernández (Marcel Roche, 1973, páginas 367-371). Arístides Bastidas afirmó que, a la muerte del Sabio Rangel, Hernández exclamó: “¡Se mató ese loco!” (El Nacional, cuerpo C 1, 25.4.1977). ¿Y qué hay de cierta tendencia al racismo de Hernández que destacan algunos detractores? (Feriado, 30.5.1999, Nro 831, p. 43)

 

3

Víctor Manuel Ovalles escribió sobre la relación tirante entre los dos hombres. VMO insinuó que JGH pronunció expresiones racistas cuando RR se suicidó (¡Se mató ese negro!, y que dijo). No hay pruebas de nada.

 

 Los ingratos, como decía José Martí, son capaces de criticar al sol por sus manchas sin tener en cuenta que da luz y calor.

12. MÁS SOBRE LOS GATOS Y ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE ESTOS ANIMALES

 

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

MÁS SOBRE LOS GATOS Y ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE ESTOS ANIMALES.

 

 


 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Quedé muy impresionado con el paciente que estranguló al gato (El último mordisco). En otra época, ese individuo hubiese sido castigado severamente.

 

Heródoto dice en “Los nueve libros de la historia” que en Egipto los gatos eran adorados, tenían una diosa (Bastet) y una ciudad (Bubastis) También afirma que los “gaticidas” eran condenados a muerte

2

En nuestra consulta podemos encontrarnos con dos entidades nosológicas relacionadas con los gatos: La enfermedad por arañazo de gato y la toxoplasmosis.

 

La primera se observa más en niños cuando son rasguñados o mordidos por un gato infectado por una bacteria específica. Los síntomas son leves y pasan rápido.

 

Por su lado, la toxoplasmosis, delicada en las mujeres embarazadas, se transmite solo si el animalito tiene el parásito, y a través de las heces.

3

 

Acariciar un gato no transmite ninguna enfermedad.

 

“Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre” (Víctor Hugo”)

 

4

El poeta ruso Sergio Yesenin escribió el siguiente verso:

 

Me alegra haber besado mujeres,

arrugado flores, revolcado en la hierba

y nunca haber golpeado en la cabeza

a nuestros hermanos menores: los animales.

 

 

5

En efecto, los animales son nuestros hermanos por el lado que lo veas: por la religión y por la teoría de la evolución.

 

Si Dios creo al hombre y a los animales, entonces todos somos sus hijos. Este precepto es mucho más nítido en las religiones y sistemas filosóficos orientales.

Ahora bien, si tomamos la teoría evolucionista, resulta que también somos hermanos, porque el genoma de muchos mamíferos es muy parecido al nuestro.

 

El material genético del perro, la vaca, el gato, el ratón y la rata coincide tanto con el nuestro que la conclusión es contundente:   tenemos un ancestro común. El aspecto físico y la conducta corroboran que los animales son nuestros hermanos menores. No hay que ser muy listo para entenderlo. La ciencia no hace más que comprobar lo que el hombre primitivo supo instintivamente. Los fabulistas como Esopo o La Fontaine sabían que hay mucho de común en la conducta de los humanos y los animales.

 

 

6

Hay gente inteligente y ágil como los monos, fieles como los perros, bondadosas como las vacas, cariñosas como los gatos; y, finalmente, las hay perversas como los ratones y las ratas.

lunes, 17 de agosto de 2026

domingo, 16 de agosto de 2026

11. EL ÚLTIMO MORDISCO


 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

EL ÚLTIMO MORDISCO.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Muchos pacientes llegaron ese día al ambulatorio. Todos hacían la cola en silencio. Pero un hombre joven, musculoso, con cara de pocos amigos y en guardacamisa trató de entrar a la consulta sin corresponderle el turno. Las protestas enardecidas de los otros enfermos le pararon el trote en dos oportunidades. La viveza criolla había sido frenada a tiempo.

2

La consulta avanzaba con fluidez, pero con lentitud, hasta que le tocó a Mister Músculo sentarse frente a mí.

Sin dar explicaciones descubrió su brazo derecho. En el bíceps se observaban varios arañazos y una herida profunda. Alrededor de las marcas comenzaban a formarse pequeños puntos blanquecinos llenos de pus. La piel estaba enrojecida, hinchada y caliente. Era evidente que la infección avanzaba.

Mientras preparaba el material para limpiar la herida, le pregunté qué había ocurrido.

—Me mordió un gato.

Me sorprendí porque he tratado mordeduras de gente, perros, babas, monos y hasta de conejos en niños imprudentes cuando les dan zanahoria; pero es la primera vez que veo algo así.

Le dije que reportaría el caso para que las autoridades sanitarias localizaran al animal y le hicieran seguimiento. Hay que descartar rabia, rematé. ¿Dónde podemos ubicarlo?

—En el basurero, detrás del puesto de la Guardia Nacional —contestó y agregó—. Claro, si todavía no se lo han comido los zamuros.

 —¿Cómo así? —le pregunté.

3

Me contó que tenía un gato desde hacía varios años. Era un animal sereno, y por serenidad entendí que era uno de esos gatos que parecen caminar con la dignidad de un viejo filósofo.

Siguió: Dormía en la casa, recorría el patio con la elegancia silenciosa de todos los felinos y esperaba, cada día, la hora de la comida.

Con el tiempo comenzó a aparecer otro gato. Era un visitante del barrio, flaco al principio, desconfiado, siempre atento a cualquier movimiento. Poco a poco fue perdiendo el miedo. Se acercaba al plato, y el gato de la casa, lejos de defender su territorio, retrocedía unos pasos para compartir el alimento.

Después de comer, ambos permanecían juntos durante horas, como si fueran amigos de toda la vida. Descansaban, se levantaban y jugaban, para luego nuevamente descansar.

El hombre continuó: Al principio me pareció todo normal, pero luego la presencia del gato ajeno empezó a irritarme. Venía a robarle el bocado a mi gato en estos tiempos cuando todo escasea y todo está muy caro.

Empecé por espantarlo. Le gritaba. Lo insultaba y hasta lo empujaba con una escoba. El paracaidista se marchaba, pero volvía con puntualidad a la hora de la comida.

4

Lo interrumpí y le dije que su gato había encontrado a un amigo. Pero el hombre respondió:

—Lo que puedo afirmar es que venía por la comida, y la comida está muy cara. Por eso decidí cortar por lo sano. Cuando el intruso apareció nuevamente, lo agarré y me lo llevé al brazo derecho para estrangularlo. Pataleó. Buscó apoyo en mi cuerpo y en el aire. Me rasguñó por todas partes; y, por último, clavó sus dientes aquí.

Matagato señaló la mordedura en su bíceps derecho.

—Lo apreté más. Dejó de luchar.

5

Continué desinfectando la herida sin decir palabra. Pensaba en aquella pequeña criatura que solo había cometido el delito de tener hambre y aceptar la amistad de otro gato.

La pobreza y el hambre son iguales en todo el reino animal, humano y no humano. Son circunstancias críticas extremas, dramáticas, desesperadas y riesgosas.

Le expliqué que las mordeduras de gato pueden ser peligrosas. La infección requería tratamiento inmediato y vigilancia cuidadosa.

Él apenas escuchaba. Entonces le pregunté:

—¿Y su gato?

La respuesta tardó unos segundos.

—Desde ese día anda raro... Sale al patio todas las tardes. Se queda sentado mirando la puerta. Maúlla. Lo busca.

 

 


miércoles, 12 de agosto de 2026

DE CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

DE CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.





Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

A las ocho de la mañana tocaron la puerta de mi casa, que era la misma del consultorio. Yo, a esa hora, estaba haciendo mi caminata, que terminaba en el puesto de periódicos. Era algo rutinario buscar El Nacional, El Nacionalista, La Antena y La Prensa del Llano.

Mi esposa fue quien abrió y luego me contó todo.

Frente a ella estaba un hombre pequeño, de piel morena, vestido con camisa blanca, pantalón negro y  zapatos, tambien  negros, bien pulidos. Tenía un rostro solemne, apropiado para la ocasión que él parecía conocer perfectamente.

Entre sus manos sostenía una corona fúnebre, con un nombre nítidamente estampado que mi esposa identificó como el mío. Abajo decía: “Descansa en paz, querido doctor. Siempre agradecido.” Luego estaba escrito el nombre del paciente.

 

2

El visitante extendió la corona a mi esposa y dijo:

—Mi más sentido pésame, señora.

Mi esposa lo miró con sorpresa. Después miró la corona. Volvió a mirar al hombre. No sabía qué hacer . Finalmente, sonrió.

No era una sonrisa de alegría. Era esa sonrisa involuntaria que uno utiliza cuando no comprende lo que está sucediendo y teme que el otro se dé cuenta.

—Gracias… —respondió débilmente.

El hombre, sin embargo, no pareció notar su desconcierto.

3

—¿Dónde será el velorio?

Mi esposa permaneció en silencio.

—¿Y cuándo será el entierro?

La sonrisa desapareció.

—No sé —contestó—. Le preguntaré a mi esposo cuando regrese.

El hombre levantó las cejas.

—¿El doctor regresará?

—Sí.

El hombre miró hacia el interior de la casa.

Luego volvió a mirarla a ella.

 

—¿Regresará del más allá?

Mi esposa se sintió turbada. No entendía completamente de qué hablaba el visitante.

—¿Cómo dice?

—Pregunto si el doctor regresará del más allá.ZZ<

—¿Del más allá?

—Sí, señora.

—Sí, aunque no sé si se llama así el quiosco de los periódicos.

—El hombre apretó la corona contra su pecho.

—Bueno, usted no sabe todavía dónde será el velorio ni mucho menos cuándo el entierro… Entonces, ¿quién sabe?

 

Luego siguió un diálogo en el más puro estilo  del teatro de lo absurdo y en el espíritu ilógico y el sinsentido de las obras de Eugène Ionesco.

La testaruda seguridad del visitante y el poco conocimiento del español por parte  de mi esposa, recién llegada de Moscú, favorecieron el guion disparatado e incoherente de la conversación.

4

Durante la madrugada habían traído al consultorio a un paciente en estado agonizante. Dos hombres lo bajaron de un camión. Lo sostenían   por los brazos y pies. El cuerpo flácido colgaba como un chinchorro, y las manos oscilaban pasivamente  desde las muñecas.

Lo colocaron sobre la camilla.

 Lo examiné y les dije a los acompañantes:

—Está muerto, lamentablemente.

 

5

Llegaron unos agentes fúnebres con un ataúd marrón para retirar el cadáver del consultorio.  Trasladaron la urna con el difunto hasta un carromato negro que lo llevaría a la agencia de servicios funerarios.

Hasta allí, todo estaba claro.

Lo que no se entendía era por qué alguien empezó a reportar mi propia muerte. Creí que algún vecino había fisgoneado con gran sigilo desde una ventana. Sin embargo, solo vio la segunda parte de la película.

 

6

Aclarado todo el asunto, me senté a revisar los periódicos. Abrí la página de los obituarios de manera instintiva. Pero la cerré inmediatamente. Nuestros archivos cerebrales guardan todo. Recordé que mi colega, el doctor Guanare, compraba la prensa única y exclusivamente para revisar las notas necrológicas. Cuando le pregunté por esa tétrica costumbre, me contestó:

—Para estar seguro de que sigo vivo.

 

 

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

9. CANDELA CONTRA LA SARNA,

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

CANDELA CONTRA LA SARNA.


 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

En una ocasión, una anciana vino a la consulta por unas manchas oscuras que le aparecieron en las manos y en los brazos. Se trataba de léntigos seniles, unas máculas que se acentúan con el sol, y que la gente llama “manchas de viejos”. No son una enfermedad. Son una reacción de nuestra piel a los rayos solares.

Mientras la examinaba, observé unos puntos negros parecidos a pequeñas quemaduras. Me explicó que se curaba la sarna  con la punta de un trozo de leña (brasa).

—¿Y se cura?

—Cien por ciento.

2

Cuando la paciente se marchó, me dirigí al estante de mi biblioteca donde estaban los libros de farmacología y extraje la obra “Medicamentos indígenas” de  Gerónimo Pompa, cuyos trabajos botánicos admiraba el propio José María Vargas.

En “Medicamenos indígenas” encontré tratamientos contra la escabiosis, pero ninguno hacía referencia a los tizones encendidos

 

3

Un día recordé el siguiente episodio de mi infancia:

Llegué a la casa de la abuela Matilde Guerra y la encontré aplicando a una señora brasas ardientes. Le curaba las entradas de la sarna con esos palos encendidos. Me dijo que había probado ese método curativo sobre su propio cuerpo.

4

Por casualidad me enteré, más tarde, de que ese tratamiento tiene su origen en una tradición indígena que llegó hasta la abuela de alguna manera. Alexander von Humboldt en su libro “Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente” escribe que una vez enfermó de sarna y fue curado por una mulata “conocedora a fondo de todos los pequeños animales que minan la piel del hombre: la nigua, el nuche, la coya y el arador”.

 La curandera calentó la punta de un pequeño pedazo de madera en una lámpara con la cual pinchó los surcos hechos en la piel.

El tratamiento fue efectivo, según el mismo Humboldt.

 

 

 

martes, 4 de agosto de 2026

8.ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

Advertencia: Esta es una nota repulsiva; por lo tanto, deben abstenerse de leerla quienes se consideren delicados de estómago.

 

1

Compré El Nacional y empecé a leer “La Ciencia Amena” de Arístides Bastidas, costumbre que heredé de mi padre, quien me decía que debía iniciar  la lectura del periódico por la página científica.

Inesperadamente abrieron la puerta del consultorio. Ante mí estaba una mujer joven, descalza, despeinada y jadeando por la carrera, con un niño, de no más de cinco años, que sostenía con sus manos un montón de espaguetis. Supuse que los vomitaba.

Nada sorprendente porque el vómito es un síntoma de varias enfermedades infantiles.

Lo asombroso fue  cuando el niño se acercó: constaté que   los espaguetis se movían.

2

Se trataba de un caso extremo  de parasitosis por Ascaris lumbricoides (gusanos parecidos a la lombriz de tierra), los cuales, luego de realizar su ciclo vital por varios  órganos y sistemas del organismo, se alojan en el intestino delgado; y desde allí pasan al estómago. Si la invasión de estas lombrices es masiva, pueden ser expulsados por la boca.

Ese fue nuestro caso.

Algunos gusanos eran pequeños como los fideos, mientras que otros eran tan grandes como una regla escolar.

3

Al niño se le aplicaron los primeros auxilios con el tratamiento respectivo. A los tres meses estaba completamente curado, de acuerdo a los exámenes correspondientes.

4

Yo, por mi parte, cada vez que como espaguetis recuerdo este caso sin inmutarme un ápice.