ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

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X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

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PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

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PLACA DE RECONOCIMIENTO

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lunes, 26 de octubre de 2026

29. NO PUEDO DAR DEL CUERPO O LOS EXTREMOS SE UNEN.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

NO PUEDO DAR DEL CUERPO O LOS EXTREMOS SE UNEN.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Vivía en las afueras del pueblo. Tenía un conuco donde solo sembraba cilantro. Traía a la ciudad cada semana, en una bicicleta de reparto, el producto de su monocultivo. Lo vendía en las esquinas y de eso vivía. Guardaba un ramillete de cilantro en un lugar aparte religiosamente.

2

Entraba al consultorio luego de terminar sus labores. Era extremadamente delgado. Un faquir.  Tenía el rostro enjuto. Usaba sombrero de cogollo, camisa manga larga arremangada y pantalones zurcidos y con parches, pero todo muy limpio.

Tenía una sola queja: No puedo dar del cuerpo.

Decía:

—Dios le concede a todo el mundo dar del cuerpo, pero a mí me niega esa posibilidad.

Con esa expresión significaba que sufría de estreñimiento.

Terminada la consulta, me obsequiaba un ramillete de cilantro y me decía:

—Esto es pa que haga una sopa.

3

Le indiqué todos los medicamentos recomendados en la Guía Spilva de Especialidades Farmacéuticas.

Ninguna mejoría.

Recurrí al Herbolario Tropical del botánico hindú Keshava Bhat.

Ninguna mejoría.

Precisé la causa: sufría de un estreñimiento secundario porque comía como un asceta. Ese consumo exiguo de alimentos le provocaba un déficit crítico de fibra.

4

Una vez me trajo unos versos, de su propia autoría, para que se los publicara en un periódico multigrafiado que teníamos. Era un poema dedicado a su conuco, las flores, los pájaros, la música llanera y, en general, a su vida en el monte. He aquí —pensé— un Virgilio mercedense pergeñando sus propias Geórgicas.

Hablamos de su dieta, pero no me hizo caso. Le era muy difícil abandonar un hábito fuertemente implantado.

No lo vi más en mi consulta.

5

Virgilio murió deshidratado. Me dijo el portero del hospital: lo trajeron con “un diarreón”.  Le pusieron muchas taparas de suero, pero no se salvó, y agregó:

—Un brujo le recomendó un montón de semillas de tártago (aceite de ricino).

6

Los extremos se unen: del estreñimiento pasó a una diarrea imparable.

 

miércoles, 21 de octubre de 2026

28. ORINOTERAPIA

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

ORINOTERAPIA

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Pasaba de tiempo en tiempo por el consultorio para hablar de remedios. Tenía sesenta y cinco años. Era delgado y de mediana estatura. Vendía productos botánicos de puerta en puerta. Su mercancía la cargaba en un maletín marrón de cuero desvaído. Era fanático de la medicina naturista o alternativa.

Vendía también velas multicolores para “iluminar santos y difuntos”. Así las publicitaba.

 

2

Tenía un huerto de plantas medicinales en el patio de su casa. Organizaba veladas con personas previamente invitadas para degustar tés y hablar de filosofía, según él mismo decía. En realidad, esas tertulias versaban sobre religión, supersticiones y espiritismo.

3

Un día le pregunté:

—¿Por qué tus velas son policromícas?

—Porque recojo la materia prima de las velas derretidas en el cementerio. Allí las velas son de todos los colores, y cuando mezclo esa masa para hacer las mías, obtengo un producto variopinto.

4

Una vez me preguntó:

—¿Sabe usted por qué a mi edad conservo una buena salud?

—Dígame, por favor.

—Todos los días al levantarme me bebo un vaso de mi propia orina.

5

Pasaron algunas semanas sin que me visitara el yerbatero. Les pregunté a sus vecinos. Me dijeron que nuestro amigo naturista enfermó de repente. Sus familiares se lo llevaron del pueblo. A los pocos días murió.

¿De qué murió? No sabemos. Rechazaba la medicina alopática y jamás se hizo exámenes de laboratorio con el alegato de que “yo no abro ventanas”.

 

6

El uso de la orina como remedio es una pseudoterapia. La orina es un desecho de nuestro organismo con sustancias tóxicas y hasta puede contener bacterias

jueves, 15 de octubre de 2026

27. FALTA DE AIRE.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

FALTA DE AIRE.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

 

La paciente fue pasada a consulta sin hacer la cola. La enfermera dijo que se trataba de una emergencia.

Tenía cincuenta años. Con mucha tos y entre ahogos dijo algo que era evidente:

—Me falta el aire.

Presentaba problemas con la respiración desde hace algún tiempo sin asistir al médico. En esta ocasión, su cuadro clínico empeoró. Por eso acudía a la consulta.

2

La ausculté. Le aplicamos una inyección intravenosa. Sintió mejoría.

Los datos obtenidos del examen físico, más su radiografía “sucia”, apuntaban a un diagnóstico: Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una patología que se desarrolla en uno de cada cuatro fumadores de veinte cigarrillos durante veinte años.

3

Le hacía preguntas a la mujer para llenar la historia clínica, escribirle el récipe y referirla al neumólogo, cuando surgió una inconsistencia: la paciente jamás había fumado, tampoco su esposo.

 

4

Conversando se entiende la gente. La mujer confesó que preparaba comida hasta tres veces al día con leña en una cocina sin ventilación.

El humo de la leña provoca la misma enfermedad (EPOC) en una proporción parecida a la del tabaquismo.

5

Le recomendé no seguir cocinando con leña. Me dijo que no acataría mi consejo con un argumento contundente:

—La comida es más sabrosa cuando se prepara con leña.

 

Tenía razón y aún la tiene; pero, como dice un refrán: “Lo bueno en exceso es malo”.

 

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

25.ELROBO DEL MALETÍN.

  

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

EL ROBO DEL MALETÍN

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

A mi paciente, de sesenta y tres años, le hicieron una prostatectomía que le dejó una incontinencia urinaria con infecciones periódicas.

Se presentaba cada mes con una serie de exámenes de laboratorio para ajustar el tratamiento.

 

2

Entraba al consultorio con un maletín negro, repleto de exámenes de todo tipo y de todos los tiempos. Eran tantos que ya no cabían o entraban con dificultad. Además, estaban tan desordenados que muchos papeles sobresalían por los bordes: parecía un portafolio con faralao.

 

3

Un día entró al consultorio muy triste y dijo:

-Me abrieron el carro y se llevaron el maletín.

—¿Tenía dinero allí?

—No.

—Entonces, no se preocupe. Los resultados de sus pruebas de laboratorio están en la historia clínica.

—Pero, en el maletín llevaba las muestras de heces y orina para el laboratorio.

—Se lo merece, dije.

—¿Por qué me lo merezco?

—No dije eso por usted. Me refería al ladrón.

sábado, 3 de octubre de 2026

24. ´GÁRGARAS DE CREOLINA

 

24

 

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

GÁRGARAS DE CREOLINA

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

En la madrugada   vinieron a buscarme. Un muchacho que manejaba un jeep descapotado me dijo:

 

—Doctor, necesitan de sus servicios.  “T” está volao en fiebre. Tiene como cuarenta y cinco grados, dicen los familiares que se la midieron con un termómetro.

 

Asumí lo de los grados de la fiebre como un chiste de humor negro o que le pusieron un termómetro descalibrado. No excluí la ignorancia de esa pobre gente.

 

“T” era un brujo que vivía en un caserío cerca del pueblo.

2

Tomé mi maletín con rapidez y me monté en el carro. Nos desplazamos a gran velocidad. Sentí la brisa fría propia de esas horas antes del amanecer. En poco tiempo estábamos en la aldea, la cual no tenía luz eléctrica.

Entramos a un cuartucho de mala muerte lleno de cachivaches. Una vela en el suelo alumbraba a unos santos y a unas estampitas de diferentes cortes mágicas.

3

El hombre temblaba y sudaba sobre un camastro. Sin que le preguntara nada, me dijo a quemarropa y con voz apagada:

—Doctor, no soporto el dolor de garganta.

 

4

Busqué mi laringoscopio, pero no lo encontré. Lo dejé en el consultorio en la carrera, pero solicité una cucharilla y algo para alumbrar. Trajeron una lámpara de queroseno, la cual entregué al chofer para que la sostuviera de tal manera que yo pudiera examinar la garganta.

Introduje la cuchara y observé las amígdalas bien inflamadas con muchas manchas blancas: había pus abundante.

Se trataba de una amigdalitis bacteriana.

 

5

Le expliqué al chamán lo que tenía. Él me preguntó:

—¿Me recetará ampicilina?

 

El chofer había visto lo mismo que yo. Por eso se me adelantó con descaro:

—Tú lo que necesitas son gárgaras de creolina.

6

Reprendí al chofer por su intromisión y empecé a escribir el récipe.

7

La creolina es un potente desinfectante, pero no apto para consumo humano.

 

 

 

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

23. TÉTANOS

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

TÉTANOS





1

Entraron varias personas al consultorio. Venían de Cabruta. Sostenían a un hombre de unos cuarenta años que renqueaba. Era un pescador del Orinoco. Una baba lo mordió en una pierna, dijeron. Tenía una herida grande en la pantorrilla izquierda. Se veían destrozos musculares con mucha dificultad, porque los primeros auxilios, por parte de familiares y amigos, consistieron en cubrir la herida con café, en toda su extensión. Esta práctica no es recomendable porque el remedio puede ser peor que la enfermedad:  es foco de infección, además de que obstaculiza el proceso de cicatrización. En ese sentido, el café molido, vertido directamente del paquete o la borra (cipo), es lo mismo en sus consecuencias negativas.

2

A los familiares les preocupaba solo una cosa: “que le picara un tétano”.  Esto me hizo recordar el siguiente caso: Murió un muchacho de veinte años de tétanos provocado por una inyección, en tiempos de las jeringas reusables de vidrio. Las inyectadoras de vidrio podían provocar esta enfermedad con resultado mortal hasta en el 5 % de la población mundial. Para ellos, los aforismos de Hipócrates, escritos hace dos mil quinientos años, mantenían su vigencia: “La aparición de espasmos luego de cualquier herida o traumatismo es mortal”.

 

3

A la media noche llegaron unos hombres al velorio con implementos de soldadura y colocaron cabillas alrededor del féretro para asegurar de manera firme la tapa.

 

4

Los cuerpos de los muertos por tétanos pueden continuar moviéndose por algún tiempo (espasmos, contracciones). Tétanos significa estiramiento en griego. En algunos pacientes puede notarse el opistótonos (arqueamiento severo de la columna vertebral). Todo esto creó un mito: el muerto en sus contorsiones puede abrir la tapa de la urna con uno de sus movimientos.

5

Una pintura de un enfermo con opistótonos, realizada por el doctor Charles Bell (1809), contribuyó a difundir el mito (en la ilustración).

Digresión: Charles Bell describió la parálisis facial que lleva su nombre (parálisis de Bell). También fue el padre de Joseph Bell, que diagnosticaba con solo observar, con sumo cuidado, al paciente. Fue profesor del médico y escritor Conan Doyle, quien lo tomó de modelo para su personaje Sherlock Holmes.

 

6

Con respecto a mi paciente, mordido de baba y con la herida repleta de café, lo limpié hasta donde pude y como pude. Le apliqué un toxoide tetánico, le indiqué unos antibióticos y lo referí a un centro hospitalario. Era una labor de cirujanos.

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

22. HERENCIA.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

HERENCIA

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 


1

Entró al consultorio una mujer de unos cincuenta años. Caminaba despacio; parecía cansada. Se sentó y dijo:

 

—Doctor, en los últimos tiempos tengo mucha sed. Bebo agua constantemente y, sin embargo, siento que la boca se me queda seca.

Hizo una pausa.

—También voy al baño a cada rato. Y tengo un hambre que no se me quita con nada. Como y vuelvo a sentir hambre.

 

 

2

 

 

Esos síntomas se corresponden con la famosa tríada: Polidipsia (sed excesiva), poliuria (orinar frecuentemente) y polifagia (ganas de comer a cada rato).

Revisé sus exámenes. No había dudas en el diagnóstico: Diabetes mellitus. La primera palabra significa sifón (el agua entra y sale rápidamente). La segunda quiere decir miel, porque los médicos antiguos probaron la orina de los enfermos y se percataron de que era dulce.

Estas cosas sencillas se las expliqué a mi paciente.

 

 

3

Al llenar la historia clínica, la mujer me dijo que su madre murió de esa enfermedad. Yo le expliqué que, en su caso específico, parecía una patología hereditaria. La enfermedad la había heredado de su madre.

 

La mujer golpeó el escritorio, enojada.

4

 

No recurriré a eufemismos, ni parafrasearé las palabras de la paciente. Ella dijo de manera tajante:

—¡Esa vieja “ercoño” me dejó de herencia azúcar en la sangre, en vez de dejarme dinero en el bolsillo!

¡No tengo suerte!

5

"Una vez te fuiste, querida mamá, empecé a echarte muchísimo de menos, y cuando ahora pienso en ti, me invade tal tristeza que resulta imposible ahuyentarla”. (Fyodor Dostoevsky).

 

 

 

 

 

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

21. ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.

 

21

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

La joven, de veinte años, entró, miró para todos los lados como examinando cada rincón del consultorio, y   dijo:

—Doctor, lo veo a usted muy pequeño—hizo una pausa, y agregó: —y ahora lo veo muy grande. Ese es mi problema, si puedo llamarlo así, porque no me perturba, solo quiero saber si esto es una enfermedad. Esto me sucede desde hace tiempo. Todo a mi alrededor cambia de tamaño.

 

Conversamos. Hice preguntas.

 

Me contó que, algunas veces, las personas le parecían diminutas, casi del tamaño de muñecas. En otras ocasiones, los objetos crecían de manera desmesurada: una taza podía convertirse en una especie de enorme recipiente, una puerta parecía más alta que una casa y las manos de quienes la rodeaban podían adquirir proporciones absurdas.

2

La examiné cuidadosamente. Su relato, su estado general y la descripción de aquellas alteraciones perceptivas me hicieron pensar en un fenómeno conocido como síndrome de Alicia en el país de las maravillas, una condición generalmente benigna en la que pueden alterarse temporalmente la percepción del tamaño, la distancia o la forma de los objetos y del propio cuerpo.

3

 

El neurólogo británico John Todd, acuñó el término "Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas" en 1955, y se inspiró en algunos párrafos del libro de Lewis Carroll, publicado en 1865. Todd lo detectó en pacientes que padecían migraña y veían personas y objetos en dimensiones minúsculas (micropsia) o por el contrario en tamaño gigante (macropsia).

 

4

Algunas frases de “Alicia en el país de las maravillas” que llamaron la atención de Tood:

 

—¡Qué sensación más extraña! —dijo Alicia—. Me debo estar encogiendo como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.

—¡Ahora me estoy estirando como el telescopio más largo que haya existido jamás! ¡Adiós, pies! —gritó, porque cuando miró hacia abajo vio que sus pies quedaban ya tan lejos que parecía fuera a perderlos de vista—. ¡Oh, mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado lejos para ocuparme personalmente de vosotros: tendréis que arreglároslas como podáis...

5

El síndrome puede presentarse en los delirios de niños y adultos con fiebre muy alta, en los pacientes que sufren de migraña, y también por el consumo de algunos hongos venenosos, que, por cierto, se nombran en la novela. Pero también aparecen en personas sin ninguna otra manifestación clínica.

 

6

Lewis Carroll sufría de migrañas con alteración de las dimensiones del mundo que lo rodeaba; es decir, en su novela describió lo que percibía a través de Alicia.

 

7

 

Le expliqué con serenidad todo a la paciente.

—No es nada grave. Pero sería conveniente que la evaluara un neurólogo.

Ella permaneció en silencio.

Luego preguntó:

—¿Y si no quiero dejar de ver el mundo así?  Eso no me molesta para nada.   Prefiero seguir siendo un personaje de la literatura.

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

20. COUVADE.

 20

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

COUVADE: SÍNDROME DEL HOMBRE EMBARAZADO.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

Después de este primer caso, se presentaron otros. Cada médico ha tenido en su consulta a un hombre embarazado.

 

Mi paciente tenía veintisiete años y presentaba todos los síntomas de su esposa con tres meses de embarazo: náuseas, vómitos, cansancio, irritabilidad y antojos.

El término médico para esa condición peculiar es “couvade” (embarazo simpático). La palabra es francesa y significa incubar.

Se puede encontrar hasta en el setenta por ciento de los hombres.

2

El síndrome de Couvade no es una enfermedad. Es una reacción psicosomática que tiene bases hormonales. El hombre se pone en los zapatos de su mujer.

Se observa desde que el mundo es mundo, como decía mi abuela Matilde Guerra.

En todos los pueblos, culturas y épocas ha sido registrado. La mitología y las religiones dan cuenta del síndrome.

Zeus, el más poderoso de los dioses griegos, “parió” a Atenea. La gestación de la diosa de la sabiduría se hizo en la cabeza de su padre. Mientras que otro hijo de Zeus, Dionisio (dios del vino), fue gestado en un muslo.

3

El couvade es un arquetipo (inconsciente colectivo), como lo entendía Carl Jung: ideas instintivas y modelos universales compartidos por los seres humanos de cualquier pueblo y época.

El deseo de dar vida se encuentra en la mujer y en el hombre.

4

Para la mayoría de los indígenas venezolanos, la procreación es producto del intercambio de extrañas. El varón toma prestado el órgano reproductor de la mujer. Hace al hijo y se lo devuelve para que la madre lo nutra con su sangre. Es por eso que el varón tiene todos los síntomas del embarazo. Por eso, también, durante ese periodo, el hombre se retira a reposar en un chinchorro.

5

En el cuento de Hemingway “Campamento indio” (1924), un médico rural atiende un parto de una india en un campamento de aborígenes. El doctor realiza una cesárea porque el parto es difícil. Utiliza un cuchillo sin anestesia. La mujer se quejaba de dolores muy fuertes y gritaba. Su esposo se suicida porque no soporta ese dolor.

6

 

En la película estadounidense “El bebé de Rosemary” (1968) de Roman Polanski, Guy Woodhouse le dice a Rosemary, su esposa:

—Tú estás embarazada y eso me produce antojos. Voy por helados.

 

 

COUVADE