ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.
UNERG.2010

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

miércoles, 12 de agosto de 2026

DE CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

DE CÓMO CASI ASISTO A MI PROPIO VELORIO.





Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

A las ocho de la mañana tocaron la puerta de mi casa, que era la misma del consultorio. Yo, a esa hora, estaba haciendo mi caminata, que terminaba en el puesto de periódicos. Era algo rutinario buscar El Nacional, El Nacionalista, La Antena y La Prensa del Llano.

Mi esposa fue quien abrió y luego me contó todo.

Frente a ella estaba un hombre pequeño, de piel morena, vestido con camisa blanca, pantalón negro y  zapatos, tambien  negros, bien pulidos. Tenía un rostro solemne, apropiado para la ocasión que él parecía conocer perfectamente.

Entre sus manos sostenía una corona fúnebre, con un nombre nítidamente estampado que mi esposa identificó como el mío. Abajo decía: “Descansa en paz, querido doctor. Siempre agradecido.” Luego estaba escrito el nombre del paciente.

 

2

El visitante extendió la corona a mi esposa y dijo:

—Mi más sentido pésame, señora.

Mi esposa lo miró con sorpresa. Después miró la corona. Volvió a mirar al hombre. No sabía qué hacer . Finalmente, sonrió.

No era una sonrisa de alegría. Era esa sonrisa involuntaria que uno utiliza cuando no comprende lo que está sucediendo y teme que el otro se dé cuenta.

—Gracias… —respondió débilmente.

El hombre, sin embargo, no pareció notar su desconcierto.

3

—¿Dónde será el velorio?

Mi esposa permaneció en silencio.

—¿Y cuándo será el entierro?

La sonrisa desapareció.

—No sé —contestó—. Le preguntaré a mi esposo cuando regrese.

El hombre levantó las cejas.

—¿El doctor regresará?

—Sí.

El hombre miró hacia el interior de la casa.

Luego volvió a mirarla a ella.

 

—¿Regresará del más allá?

Mi esposa se sintió turbada. No entendía completamente de qué hablaba el visitante.

—¿Cómo dice?

—Pregunto si el doctor regresará del más allá.ZZ<

—¿Del más allá?

—Sí, señora.

—Sí, aunque no sé si se llama así el quiosco de los periódicos.

—El hombre apretó la corona contra su pecho.

—Bueno, usted no sabe todavía dónde será el velorio ni mucho menos cuándo el entierro… Entonces, ¿quién sabe?

 

Luego siguió un diálogo en el más puro estilo  del teatro de lo absurdo y en el espíritu ilógico y el sinsentido de las obras de Eugène Ionesco.

La testaruda seguridad del visitante y el poco conocimiento del español por parte  de mi esposa, recién llegada de Moscú, favorecieron el guion disparatado e incoherente de la conversación.

4

Durante la madrugada habían traído al consultorio a un paciente en estado agonizante. Dos hombres lo bajaron de un camión. Lo sostenían   por los brazos y pies. El cuerpo flácido colgaba como un chinchorro, y las manos oscilaban pasivamente  desde las muñecas.

Lo colocaron sobre la camilla.

 Lo examiné y les dije a los acompañantes:

—Está muerto, lamentablemente.

 

5

Llegaron unos agentes fúnebres con un ataúd marrón para retirar el cadáver del consultorio.  Trasladaron la urna con el difunto hasta un carromato negro que lo llevaría a la agencia de servicios funerarios.

Hasta allí, todo estaba claro.

Lo que no se entendía era por qué alguien empezó a reportar mi propia muerte. Creí que algún vecino había fisgoneado con gran sigilo desde una ventana. Sin embargo, solo vio la segunda parte de la película.

 

6

Aclarado todo el asunto, me senté a revisar los periódicos. Abrí la página de los obituarios de manera instintiva. Pero la cerré inmediatamente. Nuestros archivos cerebrales guardan todo. Recordé que mi colega, el doctor Guanare, compraba la prensa única y exclusivamente para revisar las notas necrológicas. Cuando le pregunté por esa tétrica costumbre, me contestó:

—Para estar seguro de que sigo vivo.

 

 

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

9. CANDELA CONTRA LA SARNA,

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

CANDELA CONTRA LA SARNA.


 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

En una ocasión, una anciana vino a la consulta por unas manchas oscuras que le aparecieron en las manos y en los brazos. Se trataba de léntigos seniles, unas máculas que se acentúan con el sol, y que la gente llama “manchas de viejos”. No son una enfermedad. Son una reacción de nuestra piel a los rayos solares.

Mientras la examinaba, observé unos puntos negros parecidos a pequeñas quemaduras. Me explicó que se curaba la sarna  con la punta de un trozo de leña (brasa).

—¿Y se cura?

—Cien por ciento.

2

Cuando la paciente se marchó, me dirigí al estante de mi biblioteca donde estaban los libros de farmacología y extraje la obra “Medicamentos indígenas” de  Gerónimo Pompa, cuyos trabajos botánicos admiraba el propio José María Vargas.

En “Medicamenos indígenas” encontré tratamientos contra la escabiosis, pero ninguno hacía referencia a los tizones encendidos

 

3

Un día recordé el siguiente episodio de mi infancia:

Llegué a la casa de la abuela Matilde Guerra y la encontré aplicando a una señora brasas ardientes. Le curaba las entradas de la sarna con esos palos encendidos. Me dijo que había probado ese método curativo sobre su propio cuerpo.

4

Por casualidad me enteré, más tarde, de que ese tratamiento tiene su origen en una tradición indígena que llegó hasta la abuela de alguna manera. Alexander von Humboldt en su libro “Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente” escribe que una vez enfermó de sarna y fue curado por una mulata “conocedora a fondo de todos los pequeños animales que minan la piel del hombre: la nigua, el nuche, la coya y el arador”.

 La curandera calentó la punta de un pequeño pedazo de madera en una lámpara con la cual pinchó los surcos hechos en la piel.

El tratamiento fue efectivo, según el mismo Humboldt.

 

 

 

martes, 4 de agosto de 2026

8.ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

ESPAGUETIS EN EL CONSULTORIO


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

Advertencia: Esta es una nota repulsiva; por lo tanto, deben abstenerse de leerla quienes se consideren delicados de estómago.

 

1

Compré El Nacional y empecé a leer “La Ciencia Amena” de Arístides Bastidas, costumbre que heredé de mi padre, quien me decía que debía iniciar  la lectura del periódico por la página científica.

Inesperadamente abrieron la puerta del consultorio. Ante mí estaba una mujer joven, descalza, despeinada y jadeando por la carrera, con un niño, de no más de cinco años, que sostenía con sus manos un montón de espaguetis. Supuse que los vomitaba.

Nada sorprendente porque el vómito es un síntoma de varias enfermedades infantiles.

Lo asombroso fue  cuando el niño se acercó: constaté que   los espaguetis se movían.

2

Se trataba de un caso extremo  de parasitosis por Ascaris lumbricoides (gusanos parecidos a la lombriz de tierra), los cuales, luego de realizar su ciclo vital por varios  órganos y sistemas del organismo, se alojan en el intestino delgado; y desde allí pasan al estómago. Si la invasión de estas lombrices es masiva, pueden ser expulsados por la boca.

Ese fue nuestro caso.

Algunos gusanos eran pequeños como los fideos, mientras que otros eran tan grandes como una regla escolar.

3

Al niño se le aplicaron los primeros auxilios con el tratamiento respectivo. A los tres meses estaba completamente curado, de acuerdo a los exámenes correspondientes.

4

Yo, por mi parte, cada vez que como espaguetis recuerdo este caso sin inmutarme un ápice.

 

domingo, 2 de agosto de 2026

LA PARTENOGÉNESIS, EL FENÓMENO BIOLÓGICO QUE EXPLICA EL NACIMIENTO DE CRISTO.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

LA PARTENOGÉNESIS, EL FENÓMENO BIOLÓGICO QUE EXPLICA EL NACIMIENTO DE CRISTO.


 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Al consultorio se presentó una señora con su hija de catorce años con claros síntomas de embarazo. Sin embargo, la niña aseguraba que no había conocido hombre jamás. Los exámenes demostraron un avanzado estado de gravidez, aunque su abdomen no lo aparentaba.

La madre, al conocer el diagnóstico, me preguntó:

—¿Es posible que se haya embarazado sin hombre?

 

2

Los embarazos virginales son conocidos en todos los pueblos a través de sus mitologías y religiones.

En la mitología griega, Hera, diosa del matrimonio, concibió a Hefesto (dios de los herreros) sin contacto sexual. Esa creencia ancestral es un arquetipo, parte del inconsciente colectivo, según Jung: una capa de la mente inconsciente compartida por todos los seres humanos.

3

En la notícula anterior hablamos de los ciegos que ven. Esas alucinaciones fueron descritas por Charles Bonnet (1720–1793), un naturalista y filósofo suizo  que también  fue el primero en descubrir la partenogénesis, una forma de reproducción sin fecundación. A partir de un óvulo nace un nuevo organismo; es decir, es un mecanismo de reproducción unisexual. Ese fenómeno biológico ha sido ampliamente documentado. Los zánganos de una colmena nacen por partenogénesis.

 

4

En un parque de reptiles en Costa Rica (2002) se registró un caso de una hembra de cocodrilo que se reprodujo sin ayuda de un macho. La hembra puso un huevo que contenía un feto 99,9% genéticamente idéntico a ella. Tenía dieciséis años viviendo sin un macho.

5

La partenogénesis o nacimiento virginal ha sido usado como argumento, por teólogos y filósofos, para explicar el embarazo de la Virgen María.

 

6

En un episodio de la famosa serie del doctor House se presenta una pareja que contraerá matrimonio. La muchacha está embarazada y dice que es virgen.

House, sabe que ella ha tenido relaciones sexuales con otro hombre, calma al  prometido y le dice que su futura esposa está embarazada por partenogénesis

Así salva el matrimonio.

House recurre a una mentira piadosa  por compasión y también  por cinismo.

 

jueves, 30 de julio de 2026

CIEGOS QUE VEN

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL

 

CIEGOS QUE VEN.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra





 

1

Una vez me llevaron al consultorio de Las Mercedes del Llano a una señora de casi ochenta  años. Me planteó su problema:  veía a ocho gatos negros, que de vez en cuando giraban alrededor de su cabeza. Eso era lo único que le molestaba, con la curiosa peculiaridad de que había quedado ciega desde hace varios años. Entonces, ¿cómo veía a esos gatos?

La anciana tenía un discurso coherente, no estaba caduca. La acompañaba su hija, de casi sesenta  años, quien la trataba con sumo cuidado y con un amor, rayano en la adoración, como jamás lo he visto en el trato de una hija con su madre. El raro caso y este inmenso apego filial impactaron mi espíritu.

2

Al tiempo se  presentó un abogado de setenta y ocho años. Era todo un intelectual. Hablaba de leyes, de libros, autores y noticias. Andaba con un bastón blanco, indicativo de que era ciego o casi. Su única queja era que, a veces en la noche, debía buscar a un gato negro que se introducía en el cuarto y  siempre se le escapaba.

3

Ese fenómeno se llama síndrome de Charles Bonnet: personas ciegas o casi pueden tener alucinaciones visuales. Hay muchas explicaciones de esa patología; de cualquier manera, esos pacientes no están mal de la cabeza.

El doctor Rafael Muci-Mendoza, eminencia de la neuroftalmología clínica venezolana y descubridor de la  neuropatía óptica cubana, es uno de los médicos que más ha investigado la enfermedad en nuestro país.

4

Charles Bonnet, biólogo y filósofo suizoen 1760, describió esa afección en su abuelo de ochenta y siete años, “quien estaba casi ciego por cataratas en ambos ojos, pero percibía hombres, mujeres, pájaros, carruajes, edificios, tapices y patrones de andamios'”.

5

Ahora bien, ¿por qué en ambos casos figuran  gatos negros?

Tal vez se deba a un constructo cultural universal que asocia a los gatos negros al infortunio y las energías negativas, desde los tiempos de la Edad Media. Tesis que ha sido ampliamente estudiada y rebatida por científicos y filósofos, especializados en felinología.

 

 

 

miércoles, 29 de julio de 2026

ACTAS DE DEFUNCIÓN MUY ORIGINALES

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

ACTAS DE DEFUNCIÓN MUY ORIGINALES.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 


 

 

Al revisar las actas de defunción, encontré algunas con diagnósticos muy singulares por lo disparatado, los cuales, sin embargo y paradójicamente, proporcionaban una gran información.  Por ejemplo: “Le  cayó el rancho encima”, “comió yuca amarga”, “se mató por amor”, “etc.

 

 

1

Al iniciar las consultas médicas en Las Mercedes del Llano, decidí  llevar un registro estadístico sobre morbimortalidad, el cual recogí en el libro “Las Mercedes del Llano, perfil clínico de un pueblo en desarrollo”.

Conté con la colaboración de mucha gente buena.

 El prefecto, señor Adelis Ramirez, persona muy amable y culta, lector y escritor, me ayudó en la revisión de las actas de defunción, las cuales se anotaban desde 1939.

 

2

Desde 1939 hasta mediados de la década de los cuarenta, la edad media de fallecimiento no pasaba de los cuarenta años. Las infecciones y parasitosis eran la primera causa de muerte  hasta finales de los años cincuenta. A partir de 1960, la primera causa de muerte está en las enfermedades cardiovasculares. Los antibióticos cumplieron su importante papel, y las llamadas enfermedades de la civilización irrumpieron en los pueblos de Venezuela.

3

Desde 1939 hasta 1944, debido a que las causas de la muerte no eran constatadas por un médico, en las actas de defunción se escribían las frases "mal definida", “corazón”, “hígado y bazo”.

A partir de 1946, las causas de muerte parecen ser verificadas por un facultativo: tétano, tuberculosis, paludismo, neumonía, infarto, cáncer, etc.

 

4

En unas actas estaba la palabra “colerín”. Pensé que era un síndrome diarreico, parecido al cólera; no obstante, unos ancianos me explicaron que se trataba de “una tripa torcida” (obstrucción intestinal), diagnosticada  cuando había vómitos con heces, y solían tratarla con bolitas de plomo "para corregir el obstáculo intestinal". El peso del metal “desataba el nudo”, supuestamente. El plomo actuaba como la espada de Alejandro Magno sobre el nudo gordiano.

5

Muy curiosas resultan las actas de defunción  con diagnósticos muy singulares por lo disparatado, los cuales, sin embargo y paradójicamente, proporcionaban una gran información.  Por ejemplo: “Le  cayó el rancho encima”, “comió yuca amarga”, “se comió varias semillas de  tártago porque era estítico y le dio un diarreón”,  “lo picó una culebra”, “se colgó de un árbol”, “se dio un plomazo el día de su boda”, “se mató por amor”, “etc.

6

García Márquez escribió: “Siempre había entendido que morirse de amor no era más que una licencia poética”. “Lo único que me duele de morir es que no sea de amor”.

 

Argenis Rodríguez decía: “El amor es la muerte”. “Me gusta el suicidio que emana de una decisión”.

 

 

 

viernes, 24 de julio de 2026

SINESTESIA

 

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

SINESTESIA.





 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

La sinestesia no es una enfermedad; no obstante, los pacientes suelen abordar el asunto como si fuera un problema.  La sinestesia ha sido diagnosticada hasta en el 1 % de las personas en todo el mundo. Yo mismo “padezco” de esta condición.

 

1

Desde mi más tierna infancia percibo que los días tienen diferentes colores y tamaños. Por mucho tiempo pensé que era algo no muy normal; sin embargo, luego supe que se trataba de una condición denominada sinestesia, especie de variación inocua de la percepción, la cual se encuentra en una de cada cien personas. Aunque otros afirman que es una de entre dos mil individuos.

Para mí los días son unas franjas: el lunes, delgado y amarillo; el martes es rojo; el miércoles es blanco; el jueves es rojo, pero más oscuro que el martes; el viernes es también rojo, pero más claro que los días anteriores de ese mismo color; el sábado es blanco, pero más claro y largo que el miércoles; y el domingo es rojo, pero pequeño y con forma de batería gruesa de linterna.

2

La sinestesia, como concepto de la biología, es la captación de una misma sensación a través de distintos sentidos. Etimológicamente, la palabra proviene del griego y se compone de los vocablos (sin-), que significa “junto”, y (aísthesis), que quiere decir “sensación”. Pero desde el punto de vista de la literatura, es una figura retórica en la cual se le atribuye a un objeto, carente de los cinco sentidos, una sensación: “días amargos”, “minutos dolorosos”.

 

3

Una persona sinestésica puede oír colores, ver sonidos y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es una asociación del objeto con uno de los sentidos, es que la persona lo percibe así; su cerebro actúa de esa manera.

4

En la novela “Como agua para chocolate” (1989), de la escritora mexicana Laura Esquivel, se habla de  los exquisitos sabores   de la gastronomía azteca y de  las irresistibles emanaciones provenientes de las pasiones amorosas. Las sensaciones olfativas o gustativas reaparecen en el recuerdo y trasladan a los personajes a otros tiempos y lugares placenteros.

5

La sinestesia se establece desde el desarrollo del embrión, cuando pueden cruzarse nervios y centros cerebrales que procesan la información de las sensaciones.

6

He detectado familias donde casi todos sus miembros son sinestésicos, empezando por la madre, lo que corrobora la tesis de que se trata de un rasgo dominante ligado al cromosoma X.

 

7

Para la paciente N el año tiene forma elíptica, en cuya orbita se ubican los años. Los días tienen colores y tamaños. Para una hija los días tienen sus respectivos colores. Para otra hija cada día tiene un color, algunos números y meses también, y asocia sensaciones gustativas al tocar alguna textura. Para una tercera hija  los días, los meses y las personas tienen colores. Ahora esa sensación la experimenta sólo con las personas y los números, especialmente los múltiplos de tres que son de colores cálidos.

8

Una paciente contó que  asocia los colores a las personas, los días, las canciones, los sabores, los lugares, las palabras y las emociones.

9

Un joven relató que  cuando trató de beber en un tazón metálico tuvo una evocación de la infancia, y se encontró en la casa de su   abuela  tomando refresco en un vaso de aluminio. Eso se llama “fenómeno de la magdalena de Proust”, llamado así por el famoso novelista francés (1871-1922), autor de “En busca del tiempo perdido”.

Uno de los personajes de la primera de las siete novelas de Proust, “Por el camino de Swan”, está triste y moja una magdalena o galleta en té, e inmediatamente se traslada mentalmente a Combray, un pueblito de Francia donde pasaba sus vacaciones en su infancia.

Después de Proust, muchos escritores, científicos y alguna gente común tuvo en cuenta el fenómeno de la asociación de ciertas manifestaciones de los sentidos con el pasado. Los primeros para usarlo en sus descripciones y jugar con los flujos de la conciencia; los segundos para investigar cómo y por qué de la aparición de esas asociaciones en el cerebro; y los últimos porque entendieron que esas cosas también pasaban con ellos y supieron que de alguna manera eran sinestésicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 17 de julio de 2026

DOÑA SABÁ, SU SUEÑO PROLONGADO Y “LA TUQUECA”.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

DOÑA SABÁ, SU SUEÑO PROLONGADO Y “LA TUQUECA”.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Iniciaba la consulta cuando vinieron a buscarme los familiares de una paciente.

—Son las diez de la mañana y la abuela no se ha despertado—dijeron.

Tomé el maletín y me monté en el carro de los visitantes.  Viajamos por una carretera de granzón hasta las afueras del pueblo. Se trataba de un caserío con ranchos de barro, bahareque y techos de palma.

2

Doña Sabá, asi se llamaba la abuela, tenía casi noventa años. Se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para regar las matas y barrer el patio.

Como vemos, la preocupación de los nietos estaba más que justificada. No solo por no despertar a la hora acostumbrada, sino también porque la llamaban, la movian y no reaccionaba.

3

Era la segunda vez que me encontraba con ese nombre. La primera vez lo leí en la Biblia, donde se habla de Salomón y la reina de Saba. La única diferencia era que el nombre de nuestra paciente devenía, tal vez por la acción de un escribano pueblerino, en una palabra aguda; mientras que el de la Biblia se identifica con una palabra grave.

4

Entré al cuarto. Doña Sabá permanecía inmóvil,con los ojos cerrados, en decúbito supino (boca arriba). La examiné. Tensión arterial buena, pulso, respiración y tonos cardíacos normales, aunque disminuidos. No tenía fiebre.

La llamé por su nombre varias veces. En la Edad Media hubiese sido suficiente llamarla tres veces para declararla difunta si no respondía. Asi se constataba la muerte en ese entonces.

Pensé en un accidente cerebrovascular, en una catalepsía (muerte aparente), y en muchas otras situaciones clínicas que involucran una daño del  sistema nervioso.

5

Me decía para mis adentros: si sacara la lengua obtendría alguna  información valiosa. Pero, eso era como pedirle peras al olmo. Sin embargo, decidí agotar un último recurso. Me le acerqué al oído y le dije en voz baja y suave:

—Doña Sabá, saque la lengua, por favor.

Para nuestra sorpresa , doña Sabá sacó la lengua. Entonces aproveché, sin pensarlo mucho, para preguntarle:

—¿ Siente que la lengua se le va para los lados?

Abrió los ojos con desmesura y dijo:

—¡Ni que fuera “tuqueca”¡

6

—¿Qué tiene?—indagaron los familiares.

—Nada—contesté.

 

Doña Sabá se levantó, como si tal cosa, e inició su rutina de todos los días.