HISTORIA DE LA MEDICINA UNERG
Blog dedicado a temas sobre historia de la medicina, el arte y la cultura relacionados con la profesión hipocrática. Colaboraciones a través de:edgardomalaspina@gmail.com
ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.
UNERG.2010
PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.
I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001
PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010
AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010
jueves, 29 de octubre de 2026
miércoles, 28 de octubre de 2026
30. EL SÍNDROME DE LA CARIÁTIDE.
CRÓNICAS DE UN MÉDICO
RURAL
EL
SÍNDROME DE LA CARIÁTIDE.
Edgardo Rafael Malaspina
Guerra
1
Una
cariátide es una figura femenina esculpida que funciona como columna
en una edificación con un entablamento que descansa sobre su cabeza.
La
cariátide sostiene una edificación.
2
En
nuestra práctica médica nos hemos encontrado con un grupo minoritario de
pacientes que podemos dividir en dos tipos: 1) Los que se enferman levemente o
están sanos y sienten la urgente necesidad de recurrir a
un reposo (reposeros); y, 2) Los que, estando muy enfermos, jamás quieren tomar
un descanso, y asisten a sus trabajos a duras penas.
3
Me
referiré a los segundos con dos casos emblemáticos.
Primer
caso:
La
mujer temblaba por la fiebre, le dolía fuertemente la cabeza y sentía mucha
debilidad. La examiné: tenía una amigdalitis bacteriana. Le hice el récipe; y
cuando le dije que le daría un reposo, se molestó y dijo que no lo necesitaba,
que jamás había faltado a su trabajo y no lo haría ahora. “Si no voy al
trabajo, todo será un desastre”.
Se
creía la cariátide de su institución.
4
El
otro caso:
Se
trataba de una mujer joven con un severo dolor lumbar. La desviación de su columna le provocaba de
tiempo en tiempo los síntomas característicos de la ciática.
No
aceptó el reposo. Tomaría medicamentos. Iría al trabajo como sea. Se creía
insustituible.
5
Estas
personas sufren del síndrome de la cariátide. Son adictas al trabajo, mártires
laborales.
Sin
ellas se detiene la oficina.
Si
ellas, la institución donde laboran, se vendrá abajo como el templo de los
filisteos cuando Sansón le derrumbó sus dos columnas principales.
lunes, 26 de octubre de 2026
29. NO PUEDO DAR DEL CUERPO O LOS EXTREMOS SE UNEN.
NO PUEDO DAR DEL CUERPO O LOS
EXTREMOS SE UNEN.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Vivía en las afueras del pueblo.
Tenía un conuco donde solo sembraba cilantro. Traía a la ciudad cada semana, en
una bicicleta de reparto, el producto de su monocultivo. Lo vendía en las
esquinas y de eso vivía. Guardaba un ramillete de cilantro en un lugar aparte
religiosamente.
2
Entraba al consultorio luego de
terminar sus labores. Era extremadamente delgado. Un faquir. Tenía el rostro enjuto. Usaba sombrero de
cogollo, camisa manga larga arremangada y pantalones zurcidos y con parches,
pero todo muy limpio.
Tenía una sola queja: No puedo dar
del cuerpo.
Decía:
—Dios le concede a todo el mundo dar
del cuerpo, pero a mí me niega esa posibilidad.
Con esa expresión significaba que
sufría de estreñimiento.
Terminada la consulta, me obsequiaba
un ramillete de cilantro y me decía:
—Esto es pa que haga una sopa.
3
Le indiqué todos los medicamentos
recomendados en la Guía Spilva de Especialidades Farmacéuticas.
Ninguna mejoría.
Recurrí al Herbolario Tropical del
botánico hindú Keshava Bhat.
Ninguna mejoría.
Precisé la causa: sufría de un estreñimiento
secundario porque comía como un asceta. Ese consumo exiguo de alimentos le
provocaba un déficit crítico de fibra.
4
Una vez me trajo unos versos, de su
propia autoría, para que se los publicara en un periódico multigrafiado que
teníamos. Era un poema dedicado a su conuco, las flores, los pájaros, la música
llanera y, en general, a su vida en el monte. He aquí —pensé— un Virgilio
mercedense pergeñando sus propias Geórgicas.
Hablamos de su dieta, pero no me hizo
caso. Le era muy difícil abandonar un hábito fuertemente implantado.
No lo vi más en mi consulta.
5
Virgilio murió deshidratado. Me dijo
el portero del hospital: lo trajeron con “un diarreón”. Le pusieron muchas taparas de suero, pero no
se salvó, y agregó:
—Un brujo le recomendó un montón de
semillas de tártago (aceite de ricino).
6
Los extremos se unen: del
estreñimiento pasó a una diarrea imparable.
sábado, 24 de octubre de 2026
miércoles, 21 de octubre de 2026
28. ORINOTERAPIA
CRÓNICAS DE UN
MÉDICO RURAL
ORINOTERAPIA
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Pasaba de tiempo en tiempo por el consultorio para hablar de remedios.
Tenía sesenta y cinco años. Era delgado y de mediana estatura. Vendía productos
botánicos de puerta en puerta. Su mercancía la cargaba en un maletín marrón de
cuero desvaído. Era fanático de la medicina naturista o alternativa.
Vendía también velas multicolores para “iluminar santos y difuntos”. Así
las publicitaba.
2
Tenía un huerto de plantas medicinales en el patio de su casa.
Organizaba veladas con personas previamente invitadas para degustar tés y
hablar de filosofía, según él mismo decía. En realidad, esas tertulias versaban
sobre religión, supersticiones y espiritismo.
3
Un día le pregunté:
—¿Por qué tus velas son policromícas?
—Porque recojo la materia prima de las velas derretidas en el
cementerio. Allí las velas son de todos los colores, y cuando mezclo esa masa
para hacer las mías, obtengo un producto variopinto.
4
Una vez me preguntó:
—¿Sabe usted por qué a mi edad conservo una buena salud?
—Dígame, por favor.
—Todos los días al levantarme me bebo un vaso de mi propia orina.
5
Pasaron algunas semanas sin que me visitara el yerbatero. Les pregunté a
sus vecinos. Me dijeron que nuestro amigo naturista enfermó de repente. Sus
familiares se lo llevaron del pueblo. A los pocos días murió.
¿De qué murió? No sabemos. Rechazaba la medicina alopática y jamás se
hizo exámenes de laboratorio con el alegato de que “yo no abro ventanas”.
6
El uso de la orina como remedio es una pseudoterapia. La orina es un
desecho de nuestro organismo con sustancias tóxicas y hasta puede contener
bacterias
sábado, 17 de octubre de 2026
jueves, 15 de octubre de 2026
27. FALTA DE AIRE.
FALTA DE
AIRE.
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
1
La paciente
fue pasada a consulta sin hacer la cola. La enfermera dijo que se trataba de
una emergencia.
Tenía
cincuenta años. Con mucha tos y entre ahogos dijo algo que era evidente:
—Me falta el
aire.
Presentaba
problemas con la respiración desde hace algún tiempo sin asistir al médico. En
esta ocasión, su cuadro clínico empeoró. Por eso acudía a la consulta.
2
La ausculté.
Le aplicamos una inyección intravenosa. Sintió mejoría.
Los datos obtenidos
del examen físico, más su radiografía “sucia”, apuntaban a un diagnóstico:
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una patología que se desarrolla
en uno de cada cuatro fumadores de veinte cigarrillos durante veinte años.
3
Le hacía
preguntas a la mujer para llenar la historia clínica, escribirle el récipe y
referirla al neumólogo, cuando surgió una inconsistencia: la paciente jamás había
fumado, tampoco su esposo.
4
Conversando
se entiende la gente. La mujer confesó que preparaba comida hasta tres veces al
día con leña en una cocina sin ventilación.
El humo de la
leña provoca la misma enfermedad (EPOC) en una proporción parecida a la del
tabaquismo.
5
Le recomendé
no seguir cocinando con leña. Me dijo que no acataría mi consejo con un
argumento contundente:
—La comida es
más sabrosa cuando se prepara con leña.
Tenía razón y
aún la tiene; pero, como dice un refrán: “Lo bueno en exceso es malo”.
miércoles, 14 de octubre de 2026
lunes, 12 de octubre de 2026
jueves, 8 de octubre de 2026
miércoles, 7 de octubre de 2026
25.ELROBO DEL MALETÍN.
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
EL ROBO DEL MALETÍN
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
A mi paciente, de sesenta y tres años, le hicieron una prostatectomía que
le dejó una incontinencia urinaria con infecciones periódicas.
Se presentaba cada mes con una serie de exámenes de laboratorio para
ajustar el tratamiento.
2
Entraba al consultorio con un
maletín negro, repleto de exámenes de todo tipo y de todos los tiempos. Eran
tantos que ya no cabían o entraban con dificultad. Además, estaban tan
desordenados que muchos papeles sobresalían por los bordes: parecía un portafolio
con faralao.
3
Un día entró al consultorio muy triste y dijo:
-Me abrieron el carro y se llevaron el maletín.
—¿Tenía dinero allí?
—No.
—Entonces, no se preocupe. Los resultados de sus pruebas de laboratorio
están en la historia clínica.
—Pero, en el maletín llevaba las muestras de heces y orina para el
laboratorio.
—Se lo merece, dije.
—¿Por qué me lo merezco?
—No dije eso por usted. Me refería al ladrón.
lunes, 5 de octubre de 2026
sábado, 3 de octubre de 2026
24. ´GÁRGARAS DE CREOLINA
24
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
GÁRGARAS DE CREOLINA
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
En la madrugada vinieron a
buscarme. Un muchacho que manejaba un jeep descapotado me dijo:
—Doctor, necesitan de sus servicios.
“T” está volao en fiebre. Tiene como cuarenta y cinco grados, dicen los
familiares que se la midieron con un termómetro.
Asumí lo de los grados de la fiebre como un chiste de humor negro o que
le pusieron un termómetro descalibrado. No excluí la ignorancia de esa pobre
gente.
“T” era un brujo que vivía en un caserío cerca del pueblo.
2
Tomé mi maletín con rapidez y me monté en el carro. Nos desplazamos a
gran velocidad. Sentí la brisa fría propia de esas horas antes del amanecer. En
poco tiempo estábamos en la aldea, la cual no tenía luz eléctrica.
Entramos a un cuartucho de mala muerte lleno de cachivaches. Una vela en
el suelo alumbraba a unos santos y a unas estampitas de diferentes cortes
mágicas.
3
El hombre temblaba y sudaba sobre un camastro. Sin que le preguntara
nada, me dijo a quemarropa y con voz apagada:
—Doctor, no soporto el dolor de garganta.
4
Busqué mi laringoscopio, pero no lo encontré. Lo dejé en el consultorio en
la carrera, pero solicité una cucharilla y algo para alumbrar. Trajeron una
lámpara de queroseno, la cual entregué al chofer para que la sostuviera de tal
manera que yo pudiera examinar la garganta.
Introduje la cuchara y observé las amígdalas bien inflamadas con muchas
manchas blancas: había pus abundante.
Se trataba de una amigdalitis bacteriana.
5
Le expliqué al chamán lo que tenía. Él me preguntó:
—¿Me recetará ampicilina?
El chofer había visto lo mismo que yo. Por eso se me adelantó con
descaro:
—Tú lo que necesitas son gárgaras de creolina.
6
Reprendí al chofer por su intromisión y empecé a escribir el récipe.
7
La creolina es un potente desinfectante, pero no apto para consumo
humano.
martes, 29 de septiembre de 2026
lunes, 28 de septiembre de 2026
23. TÉTANOS
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
TÉTANOS
1
Entraron varias personas al consultorio. Venían de Cabruta. Sostenían a
un hombre de unos cuarenta años que renqueaba. Era un pescador del Orinoco. Una
baba lo mordió en una pierna, dijeron. Tenía una herida grande en la
pantorrilla izquierda. Se veían destrozos musculares con mucha dificultad,
porque los primeros auxilios, por parte de familiares y amigos, consistieron en
cubrir la herida con café, en toda su extensión. Esta práctica no es
recomendable porque el remedio puede ser peor que la enfermedad: es foco de infección, además de que
obstaculiza el proceso de cicatrización. En ese sentido, el café molido,
vertido directamente del paquete o la borra (cipo), es lo mismo en sus
consecuencias negativas.
2
A los familiares les preocupaba solo una cosa: “que le picara un
tétano”. Esto me hizo recordar el
siguiente caso: Murió un muchacho de veinte años de tétanos provocado por una
inyección, en tiempos de las jeringas reusables de vidrio. Las inyectadoras de
vidrio podían provocar esta enfermedad con resultado mortal hasta en el 5 % de
la población mundial. Para ellos, los aforismos de Hipócrates, escritos hace
dos mil quinientos años, mantenían su vigencia: “La aparición de espasmos luego
de cualquier herida o traumatismo es mortal”.
3
A la media noche llegaron unos hombres al velorio con implementos de
soldadura y colocaron cabillas alrededor del féretro para asegurar de manera
firme la tapa.
4
Los cuerpos de los muertos por tétanos pueden continuar moviéndose por
algún tiempo (espasmos, contracciones). Tétanos significa estiramiento en
griego. En algunos pacientes puede notarse el opistótonos (arqueamiento
severo de la columna vertebral). Todo esto creó un mito: el muerto en sus
contorsiones puede abrir la tapa de la urna con uno de sus movimientos.
5
Una pintura de un enfermo con opistótonos, realizada por el doctor
Charles Bell (1809), contribuyó a difundir el mito (en la ilustración).
Digresión: Charles Bell describió la parálisis facial que lleva su
nombre (parálisis de Bell). También fue el padre de Joseph Bell, que
diagnosticaba con solo observar, con sumo cuidado, al paciente. Fue profesor
del médico y escritor Conan Doyle, quien lo tomó de modelo para su personaje
Sherlock Holmes.
6
Con respecto a mi paciente, mordido de baba y con la herida repleta de
café, lo limpié hasta donde pude y como pude. Le apliqué un toxoide tetánico,
le indiqué unos antibióticos y lo referí a un centro hospitalario. Era una
labor de cirujanos.
viernes, 25 de septiembre de 2026
22. HERENCIA.
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
HERENCIA
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Entró al consultorio una mujer de
unos cincuenta años. Caminaba despacio; parecía cansada. Se sentó y dijo:
—Doctor, en los últimos tiempos
tengo mucha sed. Bebo agua constantemente y, sin embargo, siento que la boca se
me queda seca.
Hizo una pausa.
—También voy al baño a cada rato. Y
tengo un hambre que no se me quita con nada. Como y vuelvo a sentir hambre.
2
Esos síntomas se corresponden con la
famosa tríada: Polidipsia (sed excesiva), poliuria (orinar frecuentemente) y polifagia
(ganas de comer a cada rato).
Revisé sus exámenes. No había dudas
en el diagnóstico: Diabetes mellitus. La primera palabra significa sifón (el
agua entra y sale rápidamente). La segunda quiere decir miel, porque los
médicos antiguos probaron la orina de los enfermos y se percataron de que era
dulce.
Estas cosas sencillas se las
expliqué a mi paciente.
3
Al llenar la historia clínica, la
mujer me dijo que su madre murió de esa enfermedad. Yo le expliqué que, en su
caso específico, parecía una patología hereditaria. La enfermedad la había heredado
de su madre.
La mujer golpeó el escritorio,
enojada.
4
No recurriré a eufemismos, ni
parafrasearé las palabras de la paciente. Ella dijo de manera tajante:
—¡Esa vieja “ercoño” me dejó de
herencia azúcar en la sangre, en vez de dejarme dinero en el bolsillo!
¡No tengo suerte!
5
"Una vez te fuiste, querida
mamá, empecé a echarte muchísimo de menos, y cuando ahora pienso en ti, me
invade tal tristeza que resulta imposible ahuyentarla”. (Fyodor Dostoevsky).
viernes, 18 de septiembre de 2026
21. ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.
21
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL
ALICIA, LA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, VIENE A LA CONSULTA.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
La joven, de veinte años, entró, miró para todos los lados como
examinando cada rincón del consultorio, y dijo:
—Doctor, lo veo a usted muy pequeño—hizo una pausa, y agregó: —y ahora
lo veo muy grande. Ese es mi problema, si puedo llamarlo así, porque no me
perturba, solo quiero saber si esto es una enfermedad. Esto me sucede desde
hace tiempo. Todo a mi alrededor cambia de tamaño.
Conversamos. Hice preguntas.
Me contó que,
algunas veces, las personas le parecían diminutas, casi del tamaño de muñecas.
En otras ocasiones, los objetos crecían de manera desmesurada: una taza podía
convertirse en una especie de enorme recipiente, una puerta parecía más alta
que una casa y las manos de quienes la rodeaban podían adquirir proporciones
absurdas.
2
La examiné cuidadosamente. Su relato, su estado general y la descripción
de aquellas alteraciones perceptivas me hicieron pensar en un fenómeno conocido
como síndrome de Alicia en el país de las maravillas, una condición
generalmente benigna en la que pueden alterarse temporalmente la percepción del
tamaño, la distancia o la forma de los objetos y del propio cuerpo.
3
El neurólogo británico John Todd, acuñó el término "Síndrome de
Alicia en el País de las Maravillas" en 1955, y se inspiró en algunos párrafos
del libro de Lewis Carroll, publicado en 1865. Todd lo detectó en pacientes que
padecían migraña y veían personas y objetos en dimensiones minúsculas (micropsia)
o por el contrario en tamaño gigante (macropsia).
4
Algunas frases de “Alicia en el país de las maravillas” que llamaron la
atención de Tood:
—¡Qué sensación más extraña! —dijo Alicia—. Me debo estar encogiendo
como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco
centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla
adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.
—¡Ahora me estoy estirando como el telescopio más largo que haya
existido jamás! ¡Adiós, pies! —gritó, porque cuando miró hacia abajo vio que
sus pies quedaban ya tan lejos que parecía fuera a perderlos de vista—. ¡Oh,
mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y
vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado
lejos para ocuparme personalmente de vosotros: tendréis que arreglároslas como
podáis...
5
El síndrome puede presentarse en los delirios de niños y adultos con
fiebre muy alta, en los pacientes que sufren de migraña, y también por el consumo
de algunos hongos venenosos, que, por cierto, se nombran en la novela. Pero
también aparecen en personas sin ninguna otra manifestación clínica.
6
Lewis Carroll sufría de migrañas con alteración de las dimensiones del
mundo que lo rodeaba; es decir, en su novela describió lo que percibía a través
de Alicia.
7
Le expliqué con serenidad todo a la paciente.
—No es nada grave. Pero sería conveniente que la evaluara un neurólogo.
Ella permaneció en silencio.
Luego preguntó:
—¿Y si no quiero dejar de ver el mundo así? Eso no me molesta para nada. Prefiero
seguir siendo un personaje de la literatura.
domingo, 13 de septiembre de 2026
20. COUVADE.
20
CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
COUVADE: SÍNDROME DEL HOMBRE EMBARAZADO.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Después de este primer caso, se presentaron otros. Cada médico ha tenido
en su consulta a un hombre embarazado.
Mi paciente tenía veintisiete años y presentaba todos los síntomas de su
esposa con tres meses de embarazo: náuseas, vómitos, cansancio, irritabilidad y
antojos.
El término médico para esa condición peculiar es “couvade” (embarazo
simpático). La palabra es francesa y significa incubar.
Se puede encontrar hasta en el setenta por ciento de los hombres.
2
El síndrome de Couvade no es una enfermedad. Es una reacción
psicosomática que tiene bases hormonales. El hombre se pone en los zapatos de
su mujer.
Se observa desde que el mundo es mundo, como decía mi abuela Matilde
Guerra.
En todos los pueblos, culturas y épocas ha sido registrado. La mitología
y las religiones dan cuenta del síndrome.
Zeus, el más poderoso de los dioses griegos, “parió” a Atenea. La gestación de la diosa de la sabiduría se
hizo en la cabeza de su padre. Mientras que otro hijo de Zeus, Dionisio (dios
del vino), fue gestado en un muslo.
3
El couvade es un arquetipo (inconsciente colectivo), como lo entendía
Carl Jung: ideas instintivas y modelos universales compartidos por los seres
humanos de cualquier pueblo y época.
El deseo de dar vida se encuentra en la mujer y en el hombre.
4
Para la mayoría de los
indígenas venezolanos, la procreación es producto del intercambio de extrañas.
El varón toma prestado el órgano reproductor de la mujer. Hace al hijo y se lo
devuelve para que la madre lo nutra con su sangre. Es por eso que el varón
tiene todos los síntomas del embarazo. Por eso, también, durante ese periodo,
el hombre se retira a reposar en un chinchorro.
5
En el cuento de Hemingway “Campamento indio” (1924), un médico rural atiende un parto de una india en un campamento
de aborígenes. El doctor realiza una cesárea porque el parto es difícil.
Utiliza un cuchillo sin anestesia. La mujer se quejaba de dolores muy fuertes y
gritaba. Su esposo se suicida porque no soporta ese dolor.
6
En la película estadounidense “El bebé de Rosemary” (1968) de Roman
Polanski, Guy Woodhouse le dice a Rosemary, su esposa:
—Tú estás embarazada y eso me produce antojos. Voy por helados.














