ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

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X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

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UNERG.2010

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

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PLACA DE RECONOCIMIENTO

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domingo, 30 de agosto de 2026

17. EL ALZHEIMER ES UNA ENFERMEDAD BILATERAL

 

 

CRÓNICAS DE UN  MÉDICO  RURAL.

EL ALZHEIMER  ES UNA ENFERMEDAD BILATERAL.

Las tres cosas que nos infunden mucho miedo: la muerte, la guerra y  la pérdida de la memoria.

 

 


 

Edgardo Rafael Malaspia Guerra

1

Entran a la consulta madre e hija. La primera tiene unos sesenta años y es paciente psiquiátrica: le diagnosticaron alzhéimer. Su hija la trae de tiempo en tiempo, con algunos exámenes, para chequeo rutinario.

La joven me dice que a su madre la visitaban sus amigas cuando la enfermedad se inició, pero que ahora nadie viene a verla.

2

Al principio, la madre  empezó por hacer llamadas telefónicas que duraban más de una hora y a preguntar siempre las mismas cosas. Una vez, cuando regresaba del trabajo, llamó a su hija para preguntarle dónde se encontraba y cuál era el bus que debía tomar. Estaba confundida. El pueblo ha cambiado, está irreconocible, decía cuando llegaba a la casa.

Cuando aparecieron los espasmos, se peleaba por las noches con fantasmas. Un día destrozó los muebles de la casa en uno de esos combates con seres imaginarios. El psiquiatra supuso que, además del alzhéimer, tenía cuerpos de Lewy, una proteína que también afecta el cerebro y produce demencia con alucinaciones. “Un mal llama a otro”, dijo Cervantes por boca de don Quijote.

El incomparable actor Robin Williams padecía demencia por cuerpos de Lewy.

3

Los familiares decidieron consultar con un brujo; y decían que le iba mejor porque el tratamiento era espiritual, y agregaban: ante las dificultades económicas para implementar el tratamiento del psiquiatra, los chamanes  son más baratos; además, explican los delirios de la  paciente por la presencia de espíritus malignos, y eso es más creíble y reconfortante.

4

Investigadores afirman que leer y escribir mucho es un atenuante contra el alzhéimer. Pero parece que no siempre es así: el escritor y poeta belga Hugo Claus escribió mucho y leyó más. Cuando le diagnosticaron alzhéimer, recurrió a la eutanasia. Su esposa dijo que un día antes de morir hizo muchos chistes y se despidió alegremente.

Un amigo de Claus  escribió: “Confundir el día y la noche, no poder distinguir la mañana, la tarde y la noche, no saber andar… Todo ello no es muy grave para un escritor. En cambio, casi no ser capaz de combinar las palabras en frases claras, o de encontrar las metáforas y expresiones adecuadas, algo que ha hecho sin esfuerzo durante más de sesenta años, esto constituye un tormento insoportable y sin salida”.

5

Gabriel García Márquez sufrió de alzhéimer. El genial escritor en Cien años de soledad escribe sobre la memoria y la locura. Habla sobre la peste del insomnio, temible, “no tanto por  la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino por su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido”.

Aureliano sugirió hacer la memoria de papel para luchar contra los olvidos. “José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola”.

A José Arcadio Buendía lo amarran de un árbol porque está loco, pero, contradictoriamente, él sabe que está loco. Oscar Wilde dijo: “La verdadera locura es la que se ignora a sí misma”.

 

6

Volvamos a nuestra paciente y a la bilateralidad de la enfermedad. Las amigas la  visitaron  en los inicios de la enfermedad. Ella las reconocía  en los primeros encuentros, pero luego no pudo hacerlo; entonces las amigas no la visitaron más. La olvidaron. Por eso digo que el alzhéimer es una enfermedad bilateral.

 

 

 

 

viernes, 28 de agosto de 2026

16. CUANDO LA CULEBRA SE MUERDA LA COLA.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

CUANDO LA CULEBRA SE MUERDA LA COLA.

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina guerra

 

1

El hombre, de unos cincuenta años, apenas entró al consultorio, se levantó la camisa y dijo:

—Me preocupa que la culebra se muerda la cola.

 

El paciente sabía lo que tenía: culebrilla.

 

Le pregunté, por no dejar:

 

—¿Y qué pasará si la culebra se muerde la cola?

—¡Que me muero pal carajo!

 

2

Le puse el tratamiento. Igual, el hombre dijo que iría a un brujo para que lo ensalmara:

 

—¡Por si acaso!

3

La culebrilla (herpes zóster) es una infección de los nervios producida por el mismo virus de la varicela zóster (lechina). Cuando sufrimos la lechina, el virus se queda en los lechos de algunos nervios, esperando la oportunidad para reaparecer.

 

4

La porción de piel afectada está inervada por una metámera o nervio de la médula espinal. Cada metámera inerva una mitad de la columna vertebral. Esas mitades no están unidas; por lo tanto, la culebra jamás se morderá la cola.

5

¿Por qué los ensalmes ayudan en la culebrilla?

 

Los ensalmes se practican con oraciones y rezos; y en el caso particular de la culebrilla, se hacen con ramas de yerba mora (Solanum nigrum), planta que contiene una sustancia (solanina), la cual es antiviral, analgésica, antiinflamatoria y antiséptica.

6

La medicina nació como un acto mágico-religioso. La ciencia se ha encargado de desentrañar los mecanismos de la magia.

 

 

 

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

15. DESTEÑIDO POR EL SUSTO.

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

DESTEÑIDO POR EL SUSTO.

 

“Tengo un trastorno de la piel que destruye la pigmentación, el algo que no puedo evitar”.

(Michel Jackson, 1993).

 

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

¡Pase el siguiente! — dije, y la puerta la abrió un hombre de unos setenta años con sombrero pelo de guama, todo de caqui y en alpargatas de cuero.

Apenas lo vi me pareció que traía la lengua afuera, pero al acercarse, entendí que se trataba de una mancha blanca en la barbilla.

 

2

—Doctor —me dijo—, vengo porque me echaron un mal hace algunas semanas.

 

(¡Caramba! Pensé: voy a tener que meterle a la brujería).

 

3

El hombre contó lo siguiente: Estaba cerrando un negocio grande en la casa de su comadre. Ella le sirvió una taza de café. Mientras bebía, el café se derramó un poco. El hombre señaló donde justamente cayó la bebida: exactamente en el sitio de la mancha blanca.

Luego empezaron a discutir por un desacuerdo en la transacción que hacían.

Ella levantó la voz, él también. La controversia se fue a mayores y se gritaron improperios mutuamente.

Él se levantó de la mesa y dijo:

—No haré ningún trato. Me voy.

Se puso su sombrero y caminó hacia la salida.

Apenas abrió la puerta, escuchó que ella bramaba:

—Liso no saldrás de esta, porque te eché una vaina en el café.

4

El vitíligo tiene un componente etiológico psicosomático. Los psicodermatólogos dicen que puede ser inducido por un detonante crítico: un trauma real o imaginario.

Nuestro caso lo resumimos así: la brujería existe para el que cree en ella.

 

5

La ciencia afirma que el vitíligo tiene muchas causas, pero nuestra gente tiene sus propias versiones y leyendas.

Una vez descansábamos con los amigos a orillas del río Aguaro. Allí me enteré de que los lugareños creen que el vitíligo proviene de un bagre llamado cajaro. Es un pez colorido: cabeza negra, vientre blanco; aletas y cola son rojas y anaranjadas. Puede tener también manchas blanquecinas.

La primera vez que lo vi, me pareció muy bonito; y al probarlo, me gustó mucho su carne.

6

Una tarde me acosté en el chinchorro a reposar. Los compañeros, luego de pescar, estaban preparando la cena. Mi hermano Valdemar se acercó para preguntarme qué pescado me gustaría comer. Le dije:

—Que me preparen de ese que pinta.

Desde el fogón me vociferaron una advertencia:

—¡Tenga cuidado, doctor, porque el cajaro, de verdad, pinta!

7

Yo, a su vez, respondí:

—El único cuidado que tendré es en comerlo bien frito con tomate, cebolla, casabe y una cerveza bien fría.

8

No creo en profecías autocumplidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 24 de agosto de 2026

14. DON NERIO, EL BOTICARIO DEL PUEBLO

 

CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.

 

DON NERIO, EL BOTICARIO DEL PUEBLO.

 

 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 

Don Nerio regentaba la farmacia del pueblo, que como establecimiento para vender remedios era más parecida a una botica de la época colonial: allí convivían el arte médico moderno con el antiguo.

2

El establecimiento tenía vitrinas de madera oscura, pulidas por años de manos y de miradas, con pequeños cristales que habían perdido su transparencia original. Detrás de ellos descansaban cajas de medicamentos, frascos de vidrio, pomadas, jarabes y polvos de nombres impronunciables. Todo parecía pertenecer a una época en la que los médicos todavía recetaban con una pluma y los farmacéuticos preparaban las medicinas detrás de un mostrador.

 

Sobre una de las paredes, en letras cuidadosamente pintadas, podía leerse una inscripción que don Nerio consideraba una de las grandes verdades de la existencia:

 

“Las cosas buenas de la vida o son pecados o engordan”.

 

En el borde superior de las paredes estaba una colección de hierros de herrar animales en finos recuadros de madera barnizada, pertenecientes a los ganaderos de la población. Los había de todos los tipos y diseños. El más sencillo era uno con   el número “17” en el centro.

 

3

En una vitrina especial conservaba una colección que despertaba la curiosidad de cuantos entraban en la farmacia. Había una balanza antigua, tubos de ensayo, retortas de cuello largo, un tarrito de la “Pomada Marchena” y pequeños frascos con etiquetas amarillentas. En esa vitrina, el tiempo se había transformado en espacio.

 

En un rincón reposaba, como una reliquia sagrada, un frasco tan antiguo con una sustancia que parecía haber sido fabricada por el propio Hoffmann, el primero en sintetizar el ácido acetilsalicílico.

 

—Es aspirina en polvo—decía don Nerio.

 

En otro recipiente se veían unas virutas grises.

—Son limaduras de hierro que usaba Marchena para curar la anemia.

 

Marchena era un personaje casi legendario que abrió una farmacia en el pueblo y se ocupaba también de los asuntos políticos, la lucha social, la historia y la literatura.

4

Don Nerio examinaba a los clientes con mucha autoridad mientras se ajustaba los lentes.  Miraba la lengua, preguntaba dónde dolía, desde cuándo, si había fiebre, si el paciente había comido y hasta si había tenido problemas con la suegra, peleado con un hermano, ofendido a sus padres, etc.

Aquello parecía un interrogatorio de los tiempos de la medicina mágico-religiosa, cuando se pensaba que las enfermedades provenían de un castigo divino por algún delito o pecado.

En realidad, todo era parte de su sentido del humor

5

Don Nerio conocía una gran cantidad de medicamentos que parecía superar incluso los conocimientos del propio Dioscórides, aquel ilustre médico y botánico de la Antigüedad, padre de la farmacología.

Había aprendido los nombres de los medicamentos de memoria, pero no solamente los nombres. Sabía para qué servían, contra qué enfermedades se utilizaban, qué efectos producían y cuáles eran las combinaciones que, según él, podían convertir una simple indigestión en una tragedia griega.

6

Era un hombre amable, atento y conversador. Pero detrás de aquella cortesía había una lengua aguda y una picardía que convertían cada visita a la farmacia en una pequeña representación teatral cómica.

Una vez le dijo a un hombre que le dolía la garganta, luego de apuntarle con una enorme linterna  y haberle introducido la espátula:

—Tienes allí un pelo sospechoso.

7

Apenas me instalé en el pueblo, me visitó y me preguntó:

—Malaspina, ¿vas a atender consultas en la noche?

—Sí —le contesté.

—Entonces necesitas tener un botiquín de medicamentos inyectables.

 

Me entregó un listado de remedios solicitados en sus guardias nocturnas.

 

Luego me dijo:

—Seguramente vas a practicar medicina social. Entonces debes saber que un mismo medicamento tiene varios nombres con el mismo efecto farmacológico, pero con diferentes precios. Por ejemplo, el diclofenaco sódico es el mismo campal, difenac, udox, voltaren, flogaren, flotac, viavox, votaxil, disoden, etc. Todos son buenos, pero unos son más caros que otros. Todos son la misma vaina, pero unos los hace para los ricos y otros para los pobres…

 

 

8

Todas las semanas visitaba a don Nerio para renovar el botiquín e informarme de las novedades farmacéuticas. En una ocasión, don Nerio atendía a un hombre que le había entregado una receta con muchos medicamentos.

Me dijo: Debes esperar, esto va pa largo.

 

Colocaba sobre el mostrador el remedio, tachaba en la receta e iba por otro remedio. En una ocasión le dijo al cliente:

—Aquí no vendemos cocuy de penca. Eso lo consigue en una licorería.

 

Cuando el hombre salió con tres bolsas de medicamentos, me dijo:

 

—Era la receta de un brujo. Le mandó un montón de remedios para ver si pega uno.

 

Se quedó un rato pensando y luego agrego:

 

—¡Si se toma todo ese verguero, se muere pal coño!