ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

ÁREA DE CIENCIAS DE LA SALUD. MORROS DE SAN JUAN

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.
UNERG.2010

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA PRIMERA PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD.

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

AFICHE.X PROMOCIÓN DE MÉDICOS.UNERG.2010

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jueves, 28 de julio de 2022

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA. ASPECTOS MÉDICOS

 


EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

(“Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste”.)

 

En “El árbol de la ciencia” (1911) del médico y escritor español Pío Baroja y Nessi (1872-1956) se habla de la España del siglo XIX, sus pueblos, su gente, de la medicina y la filosofía, ente muchos otros temas interesantes. La obra se ha considerado autobiográfica en parte y por eso podemos saber cómo era la enseñanza médica y cuáles eran las corrientes filosóficas en boga de aquella época. Andrés Hurtado es el héroe de la novela. Aquí se habla de su vida desde que empezó a estudiar medicina y a ejercer la profesión en la provincia(Alcolea del Campo). Se comentan algunos casos clínicos y la poca camaradería entre los médicos por la competencia relacionada con los pacientes o clientes. Hurtado busca su lugar en la vida y lo encuentra en el amor familiar; sin embargo, un evento adverso le hace reaccionar de acuerdo a la filosofía pesimista que profesa y se suicida.

Aspectos médicos:

I

1

Aquel ambiente de inmovilidad, de falsedad, se reflejaba en las cátedras (médicas). Andrés Hurtado pudo comprobarlo al comenzar a estudiar Medicina. Los profesores del año preparatorio eran viejísimos; había algunos que llevaban cerca de cincuenta años explicando.

 

Sin duda no los jubilaban por sus in influencias y por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España por lo inútil.

2

Las asignaturas eran para marear a cualquiera; los libros muy voluminosos; apenas había tiempo de enterarse bien; luego las clases en distintos sitios, distantes los unos de los otros, hacían perder tiempo andando de aquí para allá, lo que constituía motivos de distracción.

3

Al principio de otoño y comienzo del curso siguiente, Luisito, el hermano menor, cayó enfermo con fiebres. Visitó al enfermito el doctor Aracil, el pariente de Julio, y a los pocos días indicó que se trataba de una fiebre tifoidea.

Andrés pasó momentos angustiosos; leía con desesperación en los libros de Patología de descripción y el tratamiento de la fiebre tifoidea y hablaba con el médico de los remedios que podrían emplearse.

El doctor Aracil a todo decía que no.

—Es una enfermedad que no tiene tratamiento específico —aseguraba—; bañarle, alimentarle y esperar, nada más.

Andrés adquirió con este primer ensayo de médico un gran escepticismo. Empezó a pensar si la medicina no serviría para nada. Un buen puntal para este escepticismo le proporcionaba las explicaciones del profesor de Terapéutica, que consideraba inútiles cuando no perjudiciales casi todos los preparados de la farmacopea.

No era una manera de alentar los entusiasmos médicos de los alumnos, pero indudablemente el profesor lo creía así y hacía bien en decirlo.

4

A Andrés le preocupaban más las ideas y los sentimientos de los enfermos que los síntomas de las enfermedades.

5

Tuberculosis:

Luisito escupía sangre. Al oírlo Andrés quedó frío como muerto. Fue a ver al niño, apenas tenía fiebre, no le dolía el costado, respiraba con facilidad; sólo un ligero tinte de rosa coloreaba una mejilla, mientras la otra estaba pálida. No se trataba de una enfermedad aguda. La idea de que el niño estuviera tuberculoso le hizo temblar a Andrés. Luisito, con la inconsciencia de la infancia, se dejaba reconocer y sonreía. Andrés recogió un pañuelo manchado con sangre y lo llevó a que lo analizasen al laboratorio. Pidió al médico de su sala que recomendara el análisis. Durante aquellos días vivió en una zozobra constante; el dictamen del laboratorio fue tranquilizador; no se había podido encontrar el bacilo de Koch en la sangre del pañuelo; sin embargo, esto no le dejó a Hurtado completamente satisfecho.

El médico de la sala, a instancias de Andrés, fue a casa a reconocer al enfermito. Encontró a la percusión cierta opacidad en el vértice del pulmón derecho. Aquello podía no ser nada; pero unido a la ligera hemoptisis, indicaba con muchas probabilidades una tuberculosis incipiente.

-La tuberculosis era una de esas enfermedades que le producía un terror espantoso; constituía una obsesión para él. Meses antes se había dicho que Roberto Koch había inventado un remedio eficaz para la tuberculosis: la tuberculina. Un profesor de San Carlos fue a Alemania y trajo la tuberculina. Se hizo el ensayo con dos enfermos a quienes se les inyectó el nuevo remedio. La reacción febril que les produjo hizo concebir al principio algunas esperanzas; pero luego se vio que no sólo no mejoraban, sino que su muerte se aceleraba. Si el chico estaba realmente tuberculoso, no había salvación.

-Luisito había tenido una meningitis tuberculosa, con dos o tres días de un período prodrómico, y luego una fiebre alta que hizo perder al niño el conocimiento; así había estado una semana gritando, delirando, hasta morir en un sueño.

-Andrés recordaba haber visto en el hospital a un niño, de seis a siete años, con meningitis; recordaba que en unos días quedó tan delgado que parecía translúcido, con la cabeza enorme, la frente abultada, los lóbulos frontales como si la fiebre los desuniera, un ojo bizco, los labios blancos, las sienes hundidas y la sonrisa de alucinado. Este chiquillo gritaba como un pájaro, y su sudor tenía un olor especial, como a ratón, del sudor del tuberculoso.

6

Afasia:

Supongo que esta mujer se encuentra en un estado de afasia. La lesión la tiene en el lado izquierdo del cerebro; probablemente la tercera circunvolución frontal, que se considera como un centro del lenguaje, estará lesionada. Esta mujer parece que entiende, pero no puede articular más que esa palabra.

7

Supuesta catalepsia:

—¿Es usted el médico? —le preguntó uno de ellos a Andrés con impertinencia.

—Sí; soy médico.

—Pues reconozca usted el cuerpo, porque creemos que Villasús no está muerto. Esto es un caso de catalepsia.

—No digan ustedes necedades —dijo Andrés.

Todos aquellos desarrapados, que debían ser bohemios, amigos de Villasús, habían hecho horrores con el cadáver: le habían quemado los dedos con fósforo para ver si tenía sensibilidad. Ni aun después de muerto, al pobre diablo lo dejaban en paz.

Andrés, a pesar de que tenía el convencimiento de que no había tal catalepsia, sacó el estetoscopio y auscultó al cadáver en la zona del corazón.

—Está muerto —dijo.

8

La situación de Lulú era grave; la matriz había quedado sin tonicidad y no arrojaba la placenta. Intentó provocar la expulsión de la placenta, por la compresión, pero no lo pudo conseguir. Sin duda estaba adherida. Tuvo que extraerla con la mano. Inmediatamente después, dio a la parturienta una inyección de ergotina, pero no pudo evitar que Lulú tuviera una hemorragia abundante.

II

Disecciones:

1

La mayoría de los estudiantes ansiaban llegar a la sala de disección y hundir el escalpelo en los cadáveres, como si les quedara un fondo atávico de crueldad primitiva.

2

En todos ellos se producía un alarde de indiferencia y de jovialidad al encontrarse frente a la muerte, como si fuera una cosa divertida y alegre destripar y cortar en pedazos los cuerpos de los infelices que llegaban allá.

3

Dentro de la clase de disección, los estudiantes gustaban de encontrar grotesca la muerte; a un cadáver le ponían un cucurucho en la boca o un sombrero de papel. Se contaba de un estudiante de segundo año que había embromado a un amigo suyo, que sabía era un poco aprensivo, de este modo: cogió el brazo de un muerto, se embozó en la capa y se acercó a saludar a su amigo.

—¿Hola, ¿qué tal? —le dijo sacando por debajo de la capa la mano del cadáver—. Bien y tú, contestó el otro. El amigo estrechó la mano, se estremeció al notar su frialdad y quedó horrorizado al ver que por debajo de la capa salía el brazo de un cadáver.

4

De otro caso sucedido por entonces, se habló mucho entre los alumnos. Uno de los médicos del hospital, especialista en enfermedades nerviosas, había dado orden de que, a un enfermo suyo, muerto en su sala, se le hiciera la autopsia y se le extrajera el cerebro y se le llevara a su casa. El interno extrajo el cerebro y lo envió con un mozo al domicilio del médico. La criada de la casa, al ver el paquete, creyó que eran sesos de vaca, y los llevó a la cocina y los preparó y los sirvió a la familia.

5

Existía entre los estudiantes de Medicina una tendencia al espíritu de clase, consistente en un común desdén por la muerte; en cierto entusiasmo por la brutalidad quirúrgica, y en un gran desprecio por la sensibilidad.

6

Lo que sí le molestaba (a Andrés) , era el procedimiento de sacar los muertos del carro en donde los traían del depósito del hospital. Los mozos cogían estos cadáveres, uno por los brazos y otro por los pies, los aupaban y los echaban al suelo. Eran casi siempre cuerpos esqueléticos, amarillos, como momias. Al dar en la piedra, hacían un ruido desagradable, extraño, como de algo sin elasticidad, que se derrama; luego, los mozos iban cogiendo los muertos, uno a uno, por los pies y arrastrándolos por el suelo; y al pasar unas escaleras que había para bajar a un patio donde estaba el depósito de la sala, las cabezas iban dando lúgubremente en los escalones de piedra. La impresión era terrible; aquello parecía el final de una batalla prehistórica, o de un combate de circo romano, en que los vencedores fueran arrastrando a los vencidos. Hurtado imitaba a los héroes de las novelas leídas por él, y reflexionaba acerca de la vida y de la muerte; pensaba que si las madres de aquellos desgraciados que iban al “spoliarium”, hubiesen vislumbrado el final miserable de sus hijos, hubieran deseado seguramente parirlos muertos.

7

Otra cosa desagradable para Andrés, era el ver después de hechas las disecciones, cómo metían todos los pedazos sobrantes en unas calderas cilíndricas pintadas de rojo, en donde aparecía una mano entre un hígado, y un trozo de masa encefálica, y un ojo opaco y turbio en medio del tejido pulmonar.

A pesar de la repugnancia que le inspiraban tales cosas, no le preocupaban; la anatomía y la disección le producían interés. Esta curiosidad por sorprender la vida; este instinto de inquisición tan humano, lo experimentaba él como casi todos los alumnos.

8

Jaime Massó así se llamaba, tenía la cabeza pequeña, el pelo negro, muy fino, la tez de un color blanco amarillento, y la mandíbula prognata. Sin ser inteligente, sentía tal curiosidad por el funcionamiento de los órganos, que si podía se llevaba a casa la mano o el brazo de un muerto, para disecarlos a su gusto. Con las piltrafas, según decía, abonaba unos tiestos o los echaba al balcón de un aristócrata de la vecindad a quien odiaba.

III

Fisiología:

Tenía Andrés cierta ilusión por el nuevo curso, iba a estudiar Fisiología y creía que el estudio de las funciones de la vida le interesaría tanto o más que una novela; pero se engañó, no fue así. Primeramente, el libro de texto era un libro estúpido, hecho con recortes de obras francesas y escrito sin claridad y sin entusiasmo; leyéndolo no se podía formar una idea clara del mecanismo de la vida; el hombre aparecía, según el autor, como un armario con una serie de aparatos dentro, completamente separados los unos de los otros como los negociados de un ministerio. Luego, el catedrático era hombre sin ninguna afición a lo que explicaba, un señor senador, de esos latosos, que se pasaba las tardes en el Senado discutiendo tonterías y

provocando el sueño de los abuelos de la Patria.

Era imposible que con aquel texto y aquel profesor llegara nadie a sentir el deseo de penetrar en la ciencia de la vida. La Fisiología, cursándola así, parecía una cosa estólida y deslavazada, sin problemas de interés ni ningún atractivo.

Hurtado tuvo una verdadera decepción. Era indispensable tomar la Fisiología como todo lo demás, sin entusiasmo, como uno de los obstáculos que salvar para concluir la carrera.

IV

Letamendi:

1

El año siguiente, el cuarto de carrera, había para los alumnos, y sobre todo para Andrés Hurtado, un motivo de curiosidad: la clase de don José de Letamendi. Letamendi era de estos hombres universales que se tenían en la España de hace unos años; hombres universales a quienes no se les conocía ni de nombre pasados los Pirineos. Un desconocimiento tal en Europa de genios tan trascendentales, se explicaba por esa hipótesis absurda, que, aunque no la defendía nadie claramente, era aceptada por todos, la hipótesis del odio y la mala fe internacionales que hacía que las cosas grandes de España fueran pequeñas en el extranjero y viceversa.

2

Letamendi era un señor flaco, bajito, escuálido, con melenas grises y barba blanca. Tenía cierto tipo de aguilucho, la nariz corva, los ojos hundidos y brillantes. Se veía en él un hombre que se había hecho una cabeza, como dicen los franceses. Vestía siempre levita algo entallada, y llevaba un sombrero de copa de alas planas, de esos sombreros clásicos de los melenudos profesores de la Sorbona.

3

En San Carlos corría como una verdad indiscutible que Letamendi era un genio;  uno de esos hombres águilas que se adelantan a su tiempo; todo el mundo le encontraba abstruso porque hablaba y escribía con gran empaque un lenguaje medio filosófico, medio literario.

4

Andrés Hurtado, que se hallaba ansioso de encontrar algo que llegase al fondo de los problemas de la vida, comenzó a leer el libro de Letamendi con entusiasmo. La aplicación de las Matemáticas a la Biología le pareció admirable.

Andrés fue pronto un convencido.

Como todo el que cree hallarse en posesión de una verdad tiene cierta tendencia de proselitismo, una noche Andrés fue al café donde se reunían Sañudo y sus amigos a hablar de las doctrinas de Letamendi, a explicarlas y a comentarlas.

Estaba como siempre Sañudo con varios estudiantes de ingenieros. Hurtado se reunió con ellos y aprovechó la primera ocasión para llevar la conversación al terreno que deseaba y expuso la fórmula de la vida de Letamendi e intentó explicar los corolarios que de ella deducía el autor. Al decir Andrés que la vida, según Letamendi, es una función indeterminada entre la energía individual y el cosmos, y que esta función no puede ser más que suma, resta, multiplicación y división, y que no pudiendo ser suma, ni resta, ni división, tiene que ser multiplicación, uno de los amigos de Sañudo se echó a reír.

—¿Por qué se ríe usted? —le preguntó Andrés, sorprendido.

—Porque en todo eso que dice usted hay una porción de sofismas y de falsedades. Primeramente, hay muchas más funciones matemáticas que sumar, restar, multiplicar y Dividir.

5

Leyó de nuevo el libro de Letamendi, siguió oyendo sus explicaciones y se convenció de que todo aquello de la fórmula de la vida y sus corolarios, que al principio le pareció serio y profundo, no eran más que juegos de prestidigitación, unas veces ingeniosos, otras veces vulgares, pero siempre sin realidad alguna, ni metafísica, ni empírica.

Todas estas fórmulas matemáticas y su desarrollo no eran más que vulgaridades disfrazadas con un aparato científico, adornadas por conceptos retóricos que la papanatería de profesores y alumnos tomaba como visiones de profeta.

Por dentro, aquel buen señor de las melenas, con su mirada de águila y su diletantismo artístico, científico y literario; pintor en sus ratos de ocio, violinista y compositor y genio por los cuatro costados, era un mixtificador audaz con ese fondo aparatoso y botarate de los mediterráneos. Su único mérito real era tener condiciones de literato, de hombre de talento verbal.

6

Los condiscípulos, a quien asombraban estos buceamientos de Andrés Hurtado, le decían:

—¿Pero no te basta con la filosofía de Letamendi?

—Si eso no es filosofía ni nada —replicaba Andrés—. Letamendi es un hombre sin una idea profunda; no tiene en la cabeza más que palabras y frases. Ahora, como vosotros no las comprendéis, os parecen extraordinarias.

comenzó la lectura de “Parerga y Paralipómena”, y le pareció un libro casi ameno, en parte cándido, y le divirtió más de lo que suponía. Por último, intentó descifrar “La crítica de la razón pura”. Veía que con un esfuerzo de atención podía seguir el razonamiento del autor como quien sigue el desarrollo de un teorema matemático; pero le pareció demasiado esfuerzo para su cerebro y dejó Kant para más adelante, y siguió leyendo a Schopenhauer, que tenía para él el atractivo de ser un consejero chusco y divertido.

.

V

Causas de muerte:

Por la mañana, a la hora del entierro, los que estaban en la casa, comenzaron a

preguntarse qué hacía Andrés.

—No me choca nada que no se levante —dijo el médico— porque toma morfina.

—¿De veras? —preguntó Iturrioz.

—Sí.

—Vamos a despertarle entonces —dijo Iturrioz.

Entraron en el cuarto. Tendido en la cama, muy pálido, con los labios blancos, estaba Andrés.

—¡Está muerto! —exclamó Iturrioz.

Sobre la mesilla de noche se veía una copa y un frasco de aconitina cristalizada de Duquesnel.

Andrés se había envenenado.

Sin duda, la rapidez de la intoxicación no le produjo convulsiones ni vómitos. La muerte había sobrevenido por parálisis inmediata del corazón.

—Ha muerto sin dolor —murmuró Iturrioz—. Este muchacho no tenía fuerza para vivir. Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía.

—Pero había en él algo de precursor —murmuró el otro médico.

(Andrés se envenenó luego de la muerte de su esposa durante el parto)

 

domingo, 3 de julio de 2022

EL TENDÓN DE AQUILES

 


EL TENDÓN DE AQUILES

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

La mitología griega influyó a la hora de darle nombre a las cosas, específicamente determinó la terminología de muchas especialidades como la Medicina. Casi todos los dioses que aparecen en la obra homérica tienen que ver con la medicina. A Delfos, en el monte Parnaso, Apolo llegó desde niño. Se le separo de su cordón umbilical, hecho que recuerda el Ónfalos, piedra cerca de templo. De allí la enfermedad del ombligo, centro del cuerpo, se llama onfalitis.

2

En Delfos vivía el oráculo que adivinaba el porvenir junto a las posibles enfermedades.

3

Melampo curaba a las mujeres locas de Argos. Empleaba el eléboro negro, planta que produce narcosis, diuresis y facilita la catarsis.

4

Afiarao, descendiente de Melampo, compitió con Asclepio en el arte de curar. Tronfonio vivía en las cuevas y desde allí enviaba su poder curador. Orfeo influía en el alma con la música y su poesía. Hera, mujer de Zeus, era la protectora de las parturientas. Atenea, diosa de la sabiduría, protegía la vista.

5

Quirón, hijo de Cronos, hermano de Zeus, era protector de la salud. Era un centauro. Era muy hábil con sus manos, de allí la palabra “cirugía”.

6

Circe utilizaba una poción que convertía a los maridos en cerdos. Hermes aplicaba una sustancia que actuaba como antídoto sobre la pócima de Circe. Peón era el médico de todas las divinidades. Ilitia, hija de Zeus, era la diosa de la maternidad.

7

 Las Parcas: Cloto, Lóquesis y Átropos eran hiladoras del estambre de la vida. Hipnos (Hipnosis) era la diosa del sueño. Thanotos(Tanatología) representaba a la muerte. Alejikakos, una de las formas de Apolo, alejaba las enfermedades. Aristeo, hijo de Apolo y Cirene, fue médico y adivino.

8

Según el poema incompleto Aquileida, escrito por Estacio en el siglo I, cuando Aquiles nació Tetis intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en la laguna Estigia, pero olvidó mojar el talón por el que lo sujetaba, dejando vulnerable ese punto.

9

Leyendas posteriores (empezando por un poema de Estacio del siglo I) afirman que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón. Estas leyendas sostienen que Aquiles murió en batalla al ser alcanzado en el talón por una flecha envenenada. Es de aquí donde la expresión “talón de Aquiles” toma forma para aludir a la máxima debilidad de una persona; y en el campo de la anatomía se llama “Tendón de Aquiles” a un tendón en la parte posterior de la pierna.

 

10

Según el comentarista Walter Leaf (ad Il. 22.396), el verdadero origen del "tendón" se encuentra en el pasaje Ilíada 22.395-397, donde Aquiles atraviesa esta parte del cuerpo para atar el cadáver de Héctor a su carro:

“Para tratar ignominiosamente al divino Héctor, (Aquiles) le horadó los tendones de detrás de ambos pies desde el tobillo hasta el talón; introdujo correas de piel de buey, y lo ató al carro, de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magnífica armadura, subió y picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba el cadáver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparcía por el suelo, y la cabeza, antes tan graciosa, se hundía toda en el polvo; porque Zeus la entregó entonces a los enemigos, para que allí, en su misma patria, la ultrajaran”.

11

El registro conocido más antiguo en el que se le da ese nombre es el del anatomista flamenco Philip Verheyen en 1693. En su muy difundido libro Corporis Humani Anatomia, capítulo XV, página 328, Verheyen describía la ubicación del tendón y decía que era comúnmente llamado “la cuerda de Aquiles” (quae vulgo dicitur “chorda Achillis”).

 

(Información extraída de varios portales de dominio público y de los libros de Mitología citados en las referencias.)

 

miércoles, 29 de junio de 2022

LOS VERSOS DE HOMERO SON MEDICINA PARA EL CORAZÓN.

 


 

LOS VERSOS DE HOMERO SON MEDICINA PARA EL CORAZÓN.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra 

1

Según estableció un estudio de científicos de Alemania y Suiza que aporta nuevas evidencias sobre las virtudes del arte, los versos de Homero son medicina para el corazón. "Los poemas del clásico griego no sólo tranquilizan el alma, sino que también tienen efectos beneficiosos sobre el ritmo cardíaco y pueden contribuir a bajar la hipertensión", afirmó el profesor Dirk Cysark, de la Universidad de Witten, de Alemania. 

2
Los hexámetros homéricos favorecen la uniformidad de los latidos y ayudan a que el cuerpo encuentre su propio ritmo, resumió Cysark, miembro del grupo de investigadores de dicha universidad y la de Berna, cuyos resultados fueron presentados.

3 .
 El profesor recomendó aplicar "terapias de hexámetro" a los pacientes, aunque advierte que ello no significa que no sigan recibiendo las medicinas de rigor, para sustituirlas por poemas.

4

En el estudio donde participa el mencionado profesor Dirk Cysark, investigadores de Austria, Alemania y Suiza se dedicaron a analizar el comportamiento de 20 pacientes (hombres y mujeres sanos) cuya edad promedio era de 43 años.  Ellos repitieron trozos de una traducción al alemán de La Odisea de Homero luego de que alguien se los recitara. Unas máquinas dispuestas ex profeso monitorearon sus corazones y pulmones mientras ellos leían. Cuando los voluntarios leían los versos sus ritmos respiratorios bajaban y sus ritmos cardíacos y respiratorios se sincronizaban aún más. Sin embargo, los ritmos respiratorios y cardíacos volvían a su nivel anterior cuando no estaban leyendo, lo que sugiere que lo mismo sucede en la vida diaria.

5

 Los resultados de este estudio fueron publicados en la edición en Internet del American Journal of Physiology-Heart and Circulatory Physiology. Investigadores anteriores que examinaron los efectos de rezar el Ave María del rosario, o el mantra "om" del yoga, encontraron que reducían los ritmos respiratorios a seis por minuto, lo que ayuda al corazón a trabajar mucho más eficazmente. 

MEDICINA HOMÉRICA

 


MEDICINA HOMÉRICA

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

Civilización griega arcaica:

I

La civilización griega arcaica comprende el período más antiguo de la civilización griega y se refiere a las culturas cretense, micénica y troyana. La historia de los griegos comienza en Creta, isla del Mediterráneo Oriental. Allí vivía una sociedad próspera que desarrolló el comercio, la navegación y las artes. Esto sucedía 3000 años a. de C. Homero llamó a los primeros habitantes de Grecia Aqueos. El Rey más destacado fue Minos (1600 a. de C.) por eso también se llama cultura minoica. Trabajaban los metales y conocían la escritura. Uno de los dioses más prominentes fue el Minotauro, mitad hombre mitad toro.

Los micénicos vivieron 1400 años a. de C. Las ciudades donde vivieron estos pueblos son los escenarios de los acontecimientos narrados en la Ilíada y la Odisea, de Homero en el siglo IX a. de C. La Medicina de este periodo se denomina homérica y está muy ligada a la mitología.

 

II

Fuentes de Información.

1

Las excavaciones y descubrimientos arqueológicos:

 

El descubrimiento de Troya en 1870 por parte de Schiliemann

El descubrimiento de Cnosos en 1890 por parte de Evans

2

Las diferentes manifestaciones artísticas, incluyendo la literatura mitológica.

La Ilíada y la Odisea (IX a. de C.) del poeta Homero.

 

 

Los archivos de los Asclepiones o templos de Asclepios.

Los escritos hipocráticos.

III

La Medicina en las obras de Homero.

 

En la Ilíada y la Odisea existen muchas referencias médicas, sobre todo el primer poema épico contiene muchas descripciones anatómicas y quirúrgicas. La Ilíada comienza con una epidemia de peste:

“¿Qué Dios fue el que movió la discordia y la lucha entre ellos?

Fue este el hijo de Leto y de Zeus. Contra el Rey irritado, una peste maligna a sus huestes mandó, y sus guerreros perecían, porque ultrajó a Crises, a su sacerdote, el Atrida.”

 

La medicina reflejada en la Ilíada es racional, natural y práctica, aunque puede tener elementos mágicos. Allí aparece Asclepio como un soldado en la guerra de Troya. Sus hijos Macaón y Podolirio actúan como soldados y médicos. A veces para curarse hay que purificarse. Leto y Artemis sanaron a Eneas. Apolo curó a Sarpedón. Menelao fue curado por Atenea. Tetis hizo incorruptible el cadáver de Patroclo. Los diferentes heridos, provocados por armas metálicas o de piedra, eran curados en pleno campo de batalla. Poéticamente se describen todas las escenas con los traumas propios de la guerra, los heridos, las hemorragias y los dolores.

El arte de curar proviene del Centauro Quirón. Tetis hizo invulnerable a su hijo Aquiles al sumergirlo en la laguna Estigia, excepto en los tendones porque lo tomó por allí.

En la odisea hay referencia al uso de drogas contra el dolor. También se habla de venenos y filtros mágicos provenientes de Egipto.

 

IV

 

La enfermedad como castigo divino

 

Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presade perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.

 

2

 

Una herida:

 

No se olvidaron de ti, oh Menelao, los felices a inmortales dioses y especialmente la hija de Zeus, que impera en las batallas; la cual, poniéndose delante, desvió la amarga flecha: apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta una mosca de su niño que duerme con plácido sueño, y la dirigió al lugar donde los anillos de oro sujetaban el cinturón y la coraza era doble. La amarga saeta atravesó el ajustado cinturón, obra de artífice; se clavó en la magnífica coraza, y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para proteger el cuerpo contra las flechas y que lo defendió mucho, rasguñó la piel y al momento brotó de la herida la negra sangre.

 

-Como una mujer meonia o caria tiñe en púrpura el marfil que ha de adornar el freno de un caballo, muchos jinetes desean llevarlo y aquélla lo guarda en su casa para un rey a fin de que sea ornamento para el caballo y motivo de gloria para el caballero; de la misma manera, oh Menelao, se tiñeron de sangre tus bien formados muslos, las piernas, y más abajo los hermosos tobillos.

-Estremecióse el rey de hombres, Agamenón, al ver la negra sangre que manaba de la herida. Estremecióse asimismo Menelao, caro a Ares; mas, como advirtiera que quedaban fuera el nervio y las plumas, recobró el ánimo en su pecho. Y el rey Agamenón, asiendo de la mano a Menelao, dijo entre hondos suspiros mientras los compañeros gemían:

-Ten ánimo y no espantes a los aqueos. La aguda flecha no se me ha clavado en sitio mortal, pues me protegió por fuera el labrado cinturón y por dentro la faja y la chapa que forjaron obreros broncistas.

 

 Contestóle el rey Agamenón, diciendo:

-¡Ojalá sea así, querido Menelao! Un médico reconocerá la herida y le aplicará drogas que calmen los terribles dolores.

 

…y en seguida dio esta orden al divino heraldo Taltibio:

 -¡Taltibio! Llama pronto a Macaón, el hijo del insigne médico Asclepio, para que reconozca al aguerrido Menelao, hijo de Atreo, a quien ha flechado un hábil arquero troyano o licio; gloria para él y llanto para nosotros.

 

 

-Así dijo, y el heraldo al oírlo no desobedeció. Fuese por entre los aqueos, de broncíneas corazas, buscó con la vista al héroe Macaón y lo halló en medio de las fuertes filas de hombres escudados que lo habían seguido desde Trica, criadora de caballos. Y,  deteniéndose cerca de él, le dirigió estas aladas palabras:

 -¡Ven, Asclepíada! Te llama el rey Agamenón para que reconozcas al aguerrido Menelao, caudillo de los aqueos, a quien ha flechado hábil arquero troyano o licio; gloria para él y llanto para nosotros.

- Así dijo, y Macaón sintió que en el pecho se le conmovía el ánimo. Atravesaron, hendiendo por la gente, el espacioso campamento de los aqueos; y llegando al lugar donde fue herido el rubio Menelao (éste aparecía como un dios entre los principales caudillos que en torno de él se habían congregado), Macaón arrancó la flecha del ajustado cíngulo; pero, al tirar de ella, rompiéronse las plumas, y entonces desató el vistoso cinturón y quitó la faja y la chapa que habían hecho obreros broncistas. Tan pronto como vio la herida causada por la cruel saeta, chupó la sangre y aplicó con pericia drogas calmantes que a su padre había dado Quirón en prueba de amistad.

 

-Mientras se ocupaban en curar a Menelao, valiente en la pelea, llegaron las huestes de los escudados troyanos; vistieron aquéllos la armadura, y ya sólo pensaron en el combate.

 

- Entonces no hubieras visto que el divino Agamenón se durmiera, temblara o rehuyera el combate, pues iba presuroso a la lid, donde los varones alcanzan gloria. Dejó los caballos y el carro de broncíneos adornos .

-Eurimedonte, hijo de Ptolomeo Piraída, se quedó a cierta distancia con los fogosos corceles-, encargó al auriga que no se alejara por si el cansancio se apoderaba de sus miembros, mientras ejercía el mando sobre aquella multitud de hombres y empezó a recorrer a pie las hileras de guerreros. A cuantos veía, de entre los dánaos de ágiles corceles, que se apercibía.

 

3

Podalirio y Macón, los hijo de Asclepio.

 

-Cuantos fueron hasta aquí los más valientes yacen en sus bajeles, heridos unos de cerca y otros de lejos por mano de los troyanos, cuya fuerza va en aumento. Pero sálvame llevándome a la negra nave, arráncame la flecha del muslo, lava con agua tibia la negra sangre que fluye de la herida y ponme en ella drogas calmantes y salutíferas que, según dicen, te dio a conocer Aquiles, instruido por Quirón, el más justo de los centauros. Pues de los dos médicos, Podalirio y Macaón, el uno creo que está herido en su tienda, y a su vez necesita de un buen médico, y el otro sostiene vivo combate en la llanura troyana.

4

Raíz calmante de dolores:

 

-El escudero, al verlos venir, extendió en el suelo pieles de buey. Patroclo recostó en ellas a Eurípilo y sacó del muslo, con la daga, la aguda y acerba flecha; y, después de lavar con agua tibia la negra sangre, espolvoreó la herida con una raíz amarga y calmante que previamente había desmenuzado con la mano. La raíz le calmó todos los dolores, secóse la herida y la sangre dejó de correr.

 

jueves, 23 de junio de 2022

SITUACIÓN MÉDICO-SANITARIA DEL PAÍS ANTES DE LA BATALLA DE CARABOBO.

 



Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

En 1820 la situación bélica la configuraban tres acontecimientos:  Firma del Armisticio, según el cual se suspenden las hostilidades por seis meses,  Tratado de Regularización de la guerra y la entrevista de los generales adversarios Bolívar y Morillo en Santa Ana.

2

El 20 de enero Bolívar decreta que los Cirujanos Mayores tendrán el grado de Sargento Mayor. Eugenio de Avana, capitán General de las provincias de Venezuela, informa que Zaraza se encuentra muy enfermo en San Fernando de Cachicamo escoltado de solo veinte hombres. Nuevamente nos preguntamos quién y cómo atiende a este herido. La Gaceta informa de las acciones cerca del hato El Socorro ,donde se encontraban Zaraza e Infante los cuales escapan dejando en el campo 20 muertos y llevando gran número de heridos, como se conocía por los rastros de sangre que se observaban en la sabana”.

3

El Armisticio y Tratado de Regularización de la Guerra (1820) permitió la ayuda médica a los heridos en combate, lo que no contemplaba la guerra a muerte.

4

En general Rafael Urdaneta escribe a Bolívar:

“Yo he tenido la desgracia de sufrir (…) un ataque de pecho, acompañado de calenturas diarias, que al principio creí curar muy pronto. Pero que llegó a ponerme en estado de no resistir el movimiento a caballo, y a perder absolutamente el movimiento del cuerpo…Ha degenerado por último el mal en una fuerte afección del hígado…

5

Ora vez Urdaneta escribe a Bolívar desde Margarita: “La columna de tropas inglesas que llegó a esta isla el mes pasado está reducida a 500 hombres. Y de estos 500 sólo puede contarse con la mitad, pues los otros están en el hospital de Pampatar”. La enfermedad que atacaba a los soldados británico era la fiebre amarilla.

6

En 1821 por varios meses no hubo enfrentamientos en los campos de batalla, desde la firma del Armisticio en noviembre de 1820, hasta abril de 1821 , cuando se reinician las hostilidades que culminan en Carabobo.

7

En líneas generales, en tiempos previos a la Batalla de Carabobo se observan las mismas características de la asistencia    médico – sanitaria en todo el territorio nacional, inexistente del lado patriota desde los primeros años de la guerra: los médicos nuestros no tenían experiencia para tratar heridas por armas de fuego, no conocían el concepto de la sanidad militar ni el de la organización de hospitales de campañas. Muy por el contrario, el bando de los realistas estaba mejor organizado en ese aspecto desde un principio.

 

Fuente: //drive.google.com/file/d/1FyMqfJ4S3770VogP71HjpLG3mjKJE1q7/view

miércoles, 22 de junio de 2022

ESCULAPIO.

 





ASCLEPIO: MÉDICO Y GUERRERO EN LA ILÍADA.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Nos dirigimos a Epidauro, pero antes nos detenemos para almorzar en un restaurant en el pueblo de Ligurio. El bar al aire libre está defendido de los rayos solares por una red tupida de plantaciones de uvas. Una fuente en el medio produce ruido de cascada en cuyas aguas nadan peces multicolores. Nos sirven souvlaki con papas y ensalada griega.

2

Llegamos al teatro de Epidauro en medio del bosque. Para comprobar su acústica la gente canta y aplaude desde el centro, entonces el sonido se desplaza nítido hacia todos los lados de las gradas.

3

Luego vamos al museo de Asclepio, el dios de la Medicina, quien aparece como guerrero y médico en la Ilíada. Probablemente vivió hace más de mil años antes de Cristo . Una leyenda dice que Asclepio es hijo de Apolo en Coronis. Coronis estando embarazada cometió adulterio con Isquis. Apolo castigó con la muerte a ambos adúlteros, pero primero extrajo por cesárea a su hijo Asclepio y se lo entregó al Centauro Quirón para que lo educara. Quirón le enseño el arte de la Medicina.

Otra leyenda explica que Coronis dio a luz a Asclepio y lo dejó en el monte Titeión. Lo amamantó una cebra y lo cuidó un perro. El pastor Arestanos encontró al niño, quien poseía una iluminación sagrada. Asclepio devolvía la vida a los muertos. Hades protestó ante Zeus temeroso que el más allá quedara despoblado. Zeus lo mató con un rayo. El castigo era consecuencia de su transgresión.  No le era permitido actuar contra la naturaleza. Asclepio resucitó para convertirse en dios de la Medicina, cuyo culto se le rendía en los Asclepiones. Estos templos son los antecedentes históricos de los hospitales y de los balnearios.

(Edgardo R Malaspina G. Medicrónicas,2015)

 

lunes, 30 de mayo de 2022

EL PRIMER MÉDICO VENEZOLANO

 EL PRIMER MÉDICO GRADUADO EN VENEZUELA.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra



En 1763 el médico español Lorenzo Campins y Ballester fundó la Cátedra de Medicina en la Universidad Real y Pontificia de Caracas. Doce años más tarde de está cátedra salía el primer médico graduado en el país. La carrera se programó para cuatro años y consistía en estudiar fisiología, patología, higiene, terapéutica, materia médica, el pulso y la orina.

2

José Francisco Molina Sierra fue el primero en graduarse de médico en Venezuela. Nació en Puerto Cabello en 1753, hijo de Gerónimo Molina y Magdalena Sierra. En 1771 obtuvo el título de Bachiller en Artes. Hizo sus prácticas hospitalarias desde 1771 hasta 1775. El 21 de enero de 1775 recibió el título de Bachiller en Medicina, convirtiéndose en el primer venezolano en obtener una credencial de médico en la Universidad Real y Pontificia de Caracas. 

3

El 2 de julio de 1779 obtuvo el título de Licenciado en Medicina, luego de hacer testimonio jurado de “que sus padres, así como sus abuelos y demás ascendientes eran personas blancas, limpias de toda mala raza, judío, moro, mulato, pues fueron cristianos antiguos, no de los nuevamente convertidos, ni castigados por Tribunal alguno, y de las familias más distinguidas de Puerto Cabello”. El 17 de abril de 1785 le fue concedido el grado de Doctor en Medicina.

4

 Al morir el Dr. Campins y Ballester en 1785, Molina Sierra se convirtió en el primer Protomédico ( cargo desde el cual se regulaba el ejercicio médico durante periodo colonial) nacido en Venezuela y dirigió la Cátedra de Medicina. Murió en Caracas el 14 de abril de 1788. El 20 de noviembre de 1988 en Puerto Cabello fue bautizado el hospital del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales con el nombre del primer Doctor en Medicina, primer protomédico criollo y primer profesor venezolano de la Cátedra de Medicina de la Universidad Real y Pontificia de Caracas.

IMAGEN: Representación idealizada del doctor Molina Sierra. Tomada del libro “Rostros de mi ciudad” del doctor Asdrúbal González , cronista de Puerto Cabello.


https://drive.google.com/file/d/1FyMqfJ4S3770VogP71HjpLG3mjKJE1q7/view


miércoles, 11 de mayo de 2022

WALT WHITMAN: DE LA ENFERMERÍA A LA POESÍA (VERSOTERAPIA)

 


EN EL DÍA DE LOS ENFERMEROS Y ENFERMERAS

 

WALT WHITMAN: DE LA ENFERMERÍA A LA POESÍA (VERSOTERAPIA)

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Walt Whitman (1819-1892), el poeta de la democracia, el padre del verso libre, el autor de Hojas de Hierba y Canto a Mí mismo, trabajó de enfermero durante la guerra civil norteamericana en muchos hospitales.; pero especialmente en el Hospital del Ejército de la Unión en Washington. Richard Pérez Peña escribe:  “ El enfermero Walt Whitman anotaba en su cuaderno las peticiones de cada soldado herido, por más simple que fueran: una naranja, un pedazo de caramelo, el libro que querían que les leyeran.(Por lo general el auxiliar cumplía solícitamente los deseos de sus pacientes). El hombre anotaba con esmero los nombres y direcciones de sus pacientes y cuando los soldados no podían escribir, redactaba las cartas que le dictaban los pacientes heridos y luego las enviaba a sus familiares. Cuando uno de los pacientes moría, el auxiliar paramédico marcaba una cruz al lado de su nombre”.

2

 La experiencia como enfermero durante la guarra le sirvió a Walt Whitman para confeccionar algunos de sus poemas:

 

Si hay un enfermo yo me apegaré a él,

abriré las ventanas, le amaré, le hablaré al oído;

ya veréis como sana;

vosotros sois palabra y yerba,

pero yo puedo más que vosotros-el cura y el médico-

porque soy amor.

3

 

En el verso 40 de Canto a Mí Mismo, Whitman dice:

 

¿Quién me llama?  Alguien agoniza.

Voy, corro, llego…

levanto el picaporte, abro la puerta…entro,

tiro hacia los pies las ropas de la cama

y les digo al médico y al cura: ¡Fuera de aquí!

 

La enfermedad y el miedo no osarán poner un dedo

sobre ti.

Te he abrazado y te hecho mío…

Cuando mañana despiertes, verás que todo cuanto he

dicho es verdad.

4

 

Whitman remata su idea en el verso 41:

 

Porque yo soy el que ayuda al enfermo que gime

desplomado en el lecho,

y el que a los hombres fuertes y sanos les trae más

fuerza y salud.

5

 

El gran poeta estadounidense trata de infundirle ánimo a sus pacientes. Hoy se sabe a ciencia cierta que la fe, la autoestima y la autosugestión fortalecen la capacidad de lucha y defensa contra las enfermedades; y si en el arsenal de recursos médicos actuales se habla de terapia de las flores o de Bach, de musicoterapia y otras terapias alternativas ¿Por qué no hablar de terapia de la poesía o versoterapia? José Martí una vez dijo: “ La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta le proporciona el modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza de la vida”.

domingo, 17 de abril de 2022

LA MEDICINA INTERNA

 



EL MÉDICO INTERNISTA

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

La Medicina Interna, la especialidad integral de la salud, tiene en nuestro país destacados médicos que la impulsaron, según lo recoge el libro “Rostros de la Medicina Interna Venezolana”. El Dr. Henrique Benaín Pinto llamaba a la Medicina Interna medicina antropológica y psicosomática y sugería a sus pupilos generar empatía con el paciente y prepararse cada día científicamente. El mismo llevaba un libro, lápiz y papel para estudiar en cualquier oportunidad del día.

2

El Dr. Julio Peñalver decía: “La Medicina Interna va más allá de ver, tocar y hablar con una persona: es entender y ver que está viva no porque le late el corazón sino porque tiene sentimientos, problemas y aspiraciones…”.

3

El Dr. Jorge Osorio Colmenares cree que la medicina debe ser en 90 % preventiva, y el resto curativa.

4

 El Dr. Luis Rafael Navarrete prefería atender a pocos pacientes para examinarlos lo mejor posible. Porque la Medicina Interna “es la más humana e integral de las disciplinas médicas”.

5

 El Dr. José Enrique López está convencido que la belleza de la Medicina Interna es hablar con el paciente.  “Vas preguntando todo; que tuvo, que tiene, que tiene su familia…porque como le digo a mis alumnos, el hombre es él su circunstancia”. “Hay que fijarse en el comportamiento del paciente desde que abre la puerta para entrar en el consultorio”.

6

El Dr. José Játem Villa aseguraba   que la clave del diagnóstico correcto estaba en el tiempo empleado en examinar al paciente: “Es preferible ver a un paciente al día muy bien , que cinco mal examinados”.

7

 El Dr. Eloy Dávila Célis sostenía que el internista debía diagnosticar sólo con el interrogatorio y examen físico del paciente. Los análisis de laboratorio sólo se requerían para salir de dudas o confirmar una hipótesis.

8

Para el Dr. Rafael Pérez Suzzarini el internista debe practicar la medicina humana, en el sentido altruista del término. Calculaba que en un 65 % el diagnóstico se logra con el interrogatorio, 20 % con el examen físico y el 15 % restante con los exámenes de laboratorio.

9

 El Dr. Enrique Barreto Coello compara al internista con un director de orquesta muy atento a todos los detalles que realizan los músicos y que debe actualizar constantemente sus conocimientos.

10

Para el Dr. Armando Chacón Medina la Medicina Interna es la que más ayuda al paciente, porque por lo general no tiene una sola enfermedad, entonces el internista debe estar en capacidad de tratar cualquier patología.

11

  La Dra. Lesbia de La Torre piensa que la Medicina Interna es la más verdadera de todas las medicinas. “Con una larga práctica se puede llegar a buen especialista”, dice.

12

Por último, tenemos al Dr. Florencio Jiménez , para quien el internista ideal debe tener conocimientos enciclopédicos, incluso de disciplinas no médicas .