CRÓNICAS DE UN MÉDICO RURAL.
DOÑA SABÁ, SU SUEÑO PROLONGADO Y “LA TUQUECA”.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Iniciaba la consulta cuando vinieron a buscarme los
familiares de una paciente.
—Son las diez de la mañana y la abuela no se ha despertado—dijeron.
Tomé el maletín y me monté en el carro de los
visitantes. Viajamos por una carretera
de granzón hasta las afueras del pueblo. Se trataba de un caserío con ranchos
de barro, bahareque y techos de palma.
2
Doña Sabá, asi se llamaba la abuela, tenía casi noventa
años. Se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para regar las matas
y barrer el patio.
Como vemos, la preocupación de los nietos estaba más
que justificada. No solo por no despertar a la hora acostumbrada, sino también
porque la llamaban, la movian y no reaccionaba.
3
Era la segunda vez que me encontraba con ese nombre.
La primera vez lo leí en la Biblia, donde se habla de Salomón y la reina de
Saba. La única diferencia era que el nombre de nuestra paciente devenía, tal
vez por la acción de un escribano pueblerino, en una palabra aguda; mientras
que el de la Biblia se identifica con una palabra grave.
4
Entré al cuarto. Doña Sabá permanecía inmóvil,con los
ojos cerrados, en decúbito supino (boca arriba). La examiné. Tensión arterial
buena, pulso, respiración y tonos cardíacos normales, aunque disminuidos. No
tenía fiebre.
La llamé por su nombre varias veces. En la Edad Media
hubiese sido suficiente llamarla tres veces para declararla difunta si no
respondía. Asi se constataba la muerte en ese entonces.
Pensé en un accidente cerebrovascular, en una
catalepsía (muerte aparente), y en muchas otras situaciones clínicas que
involucran una daño del sistema
nervioso.
5
Me decía para mis adentros: si sacara la lengua
obtendría alguna información valiosa. Pero,
eso era como pedirle peras al olmo. Sin embargo, decidí agotar un último
recurso. Me le acerqué al oído y le dije en voz baja y suave:
—Doña Sabá, saque la lengua, por favor.
Para nuestra sorpresa , doña Sabá sacó la lengua.
Entonces aproveché, sin pensarlo mucho, para preguntarle:
—¿ Siente que la lengua se le va para los lados?
Abrió los ojos con desmesura y dijo:
—¡Ni que fuera “tuqueca”¡
6
—¿Qué tiene?—indagaron los familiares.
—Nada—contesté.
Doña Sabá se levantó, como si tal cosa, e inició su
rutina de todos los días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario